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Reporte
Nacional
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DEBATEDF

Las damas perdonan al candidato oficial

Alicia Guzmán

La rival más difícil, pero no le alcanzó
Por Icela Lagunas

La candidata del PAN Isabel Miranda de Wallace fue sin duda la aspirante que más intentó increpar  a Miguel Ángel Mancera, pero le faltó contundencia.

Aunque no tocó un recurso infalible, la corrupción de René Bejarano, que se ha vuelto un tema obligado para revivir la indignación nacional, Isabel Miranda de Wallace fue sin duda la aspirante que más intentó increpar a Mancera Espinoza.

Pero le faltó contundencia y naufragó en el intento.


May 28, 2012
Lectura 9 min
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La rival más difícil, pero no le alcanzó
Por Icela Lagunas

La candidata del PAN Isabel Miranda de Wallace fue sin duda la aspirante que más intentó increpar  a Miguel Ángel Mancera, pero le faltó contundencia.

Aunque no tocó un recurso infalible, la corrupción de René Bejarano, que se ha vuelto un tema obligado para revivir la indignación nacional, Isabel Miranda de Wallace fue sin duda la aspirante que más intentó increpar a Mancera Espinoza.

Pero le faltó contundencia y naufragó en el intento.

La aspirante albiazul, quien fue asesorada previo al debate, por la diputada federal, Gabriela Cuevas y el diputado local, Juan Carlos Zárraga, lejos de afinar puntería en contra del ex procurador, dio oportunidad para que éste resaltara los logros del gobierno federal en la Ciudad de México.

Tuvo momentos que brilló por su aguda crítica. Como cuando le cuestionó acerca de la deuda que el Distrito Federal mantiene, misma que los ciudadanos tendrán que pagar durante los próximos 19 años.

También en tono crítico, mostró una botella con agua sucia para ejemplificar el tipo de agua que el gobierno del Distrito Federal lleva a los ciudadanos de Iztapalapa, a quienes nunca les ha resuelto la problemática de abasto y calidad del vital líquido.

Ambos fueron los cuestionamientos mejor logrados de Isabel Miranda de Wallace, pero no fueron suficientes para terminar con la sonrisa del ex procurador Mancera, quien  después de cada intervención hacía uso de este recurso en la pantalla.

Pese a que el Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF) acotó con anticipación los temas a debatir: urbanismo y sustentabilidad, había mucha tela de donde cortar para pedir cuentas claras al candidato del PRD. Pero no quisieron polemizar.

Al menos dos guiones con temas puntuales, soportados con cifras y documentos, se quedaron guardados en algún cajón de la presidenta de Alto al Secuestro. Algunos personajes se los hicieron llegar como una “colaboración” con la que pudo poner en apuros a Miguel Ángel Mancera. No los uso.

En la recta final del debate, cuando muchos espectadores guardaban la esperanza de que algo rompiera con el discurso plano de los cuatros candidatos, Isabel Miranda de Wallace, llamó a votar por Josefina Vásquez Mota para la presidencia.

Después del debate la candidata y su equipo se trasladaron a las oficinas del PAN para festejar su cumpleaños.

Buscó enderezar y perdió el rumbo
Por Paulina Villegas

En su participación la candidata del PANAL trató de compensar su fallido inicio y dobló la energía de su discurso, pero golpeó varias veces el micrófono.

La candidata por el partido Nueva Alianza, Rosario Guerra Díaz arrancó débil y temerosa. 

Apenas pudo esconder los nervios que se le escaparon en el movimiento incesante y exagerado de brazos, y el constante titubeo en sus palabras.  

Su mejor momento fue cuando llamó a Beatriz Paredes “candidata golondrina”.

“El eje de mi campaña son las mujeres y sus familias,” dijo en su exposición con apenas un minuto de discurso y con sudor en el rostro y errores de pronunciación.

“Yo soy una mujer de convicción”, dijo con titubeo, desconcertando más que convenciendo. 

Se dirigió la candidata a las amas de casa y jefas de familia,  “porque las mujeres somos fuertes”.

Adentrándose en temas como la movilidad urbana, Rosario Guerra aseguró que “esta es la nueva esclavitud de nuestra ciudad.” 

Para solucionarlo aseguró que impulsará el transporte público sobre transporte privado. 

Queriendo compensar su fallido inicio, dobló la energía de su discurso, pero golpeó varias veces el micrófono. 

Unir oriente con poniente, construcción de más líneas de metro, creación de zonas multimodales y una tarjeta universal para el transporte público del D.F., fueron algunas de sus propuestas. 

En su primera intervención la candidata quiso diferenciarse y presentar una política progresista.

Dijo que es necesaria una reforma política y administrativa “para hacer más efectiva la cooperación entre los tres niveles del gobierno”, y lanzó su primer ataque directo a la candidata del PRI.

“Me da gusto que Beatriz ya haya dejado el tema de los cabildos porque lo que necesitamos es menos burocracia.”

Y pasando más de una hora de debate, Rosario Guerra tomó por sorpresa a la audiencia con un ataque frontal a la candidata del PRI, acusándola de ser “una candidata golondrina, que viene cada seis años a pedirnos nuestro voto y que no hecho nada para cumplirnos.”

“Aquí hay tres candidatos  y una que busca la secretaría de Gobernación, por eso no debemos de darle el voto” sentenció enérgica en el único momento en que Rosario brilló.

Para cerrar, enarboló una vez más su condición de mujer.

No mostró pruebas de sus denuncias
Por Armando Estrop

La candidata ‘Golondrina’ Beatriz Paredes apenas tocó al candidato puntero. Mencionó la corrupción en el DF, pero no expuso pruebas contundentes.

La candidata “golondrina” Beatriz Paredes, priista de hueso colorado, acusó a las administraciones perredistas del Distrito Federal de ser poco transparentes y corruptas.

Pero perdió la oportunidad de exponer pruebas y ser contundente.

Olvidando a correligionarios como Humberto Moreira en Coahuila; Natividad González Parás en Nuevo León o Ulises Ruiz en Oaxaca, la candidata del PRI al Gobierno capitalino señaló a los intereses partidistas del sol azteca como el principal problema de la ciudad.

“Opacidad y corrupción son el cáncer que daña a las delegaciones y a las áreas del Gobierno del Distrito Federal. Son el cáncer que te daña a ti cuando demandas como ciudadano servicios y tienes que dar alguna prebenda o alguna compensación y tienes que, lamentablemente, involucrarte en esta terrible red”, acusó.

Pero nunca logró ponerlo en jaque. Ni ella ni sus dos compañeras de debate.

Es cierto, Paredes resaltó que la Ciudad de México ocupa el lugar 27 en transparencia a nivel nacional y 25 en fiscalización. Y que la ciudad, como el país, necesita un cambio. Nada nuevo.

“Creo que esta ciudad que fue vanguardia en la democratización del país merece una alternancia. Es la hora de la alternancia en la ciudad de México, como es la hora de la alternancia en el país”.

Como si declamara una poesía, reconoció que algunas de sus políticas han resultado funcionales. 

Otras, dijo, han puesto al descubierto la corrupción y la han convertido en un distintivo. Una de ellas, es el descuento que indiscriminadamente se les hace a los trabajadores que figuran en su nómina. 

“Un gobierno de izquierda que abusa de sus trabajadores, que les recorta salarios, que no los regulariza como a los de la sección de limpia. Opacidad, abuso y complicidades”, soltó. 

La diputada federal, que por segunda vez contiende por la jefatura de gobierno, no se le notaron las propuestas, invirtió su tiempo en destacar, justo lo que a los gobiernos de su partido le critican: la corrupción de las autoridades, el crecimiento del narcotráfico y la falta de temas fundamentales como el agua.

Candidato a vencer: ¿gerente o regente?
Por Adriana Amezcua

Si bien las propuestas de Mancera tuvieron profundidad, en ocasiones su lenguaje fue extremadamente técnico, como el de un administrador.

Cuando apareció a cuadro se vio a un candidato distinto al tradicional. 

Sonriente, desenfadado, comenzó hablándole de tú a los habitantes de la capital.

“Quiero ser jefe de gobierno de esta ciudad para que tú y tu familia vivan más felices”.

Luego el candidato de la Coalición del Movimiento Progresista destacó el propósito de dar continuidad a la agenda de la izquierda que gobierna desde hace 15 años.

Pintaba bien de arranque. Parecía haber asimilado bien los consejos de sus asesores de campaña: dejar de lado el dato duro. Ser menos técnico. Conectar con la gente.

Pero conforme fueron avanzando sus intervenciones, todo se desdibujó y sacó su faceta de administrador, su perfil de experto tecnicó predominó. Pocos lo pudieron seguir. No veían a su líder sino a un expositor de temas que quizá solo él y otros entendían.

Un sector del círculo rojo sin duda distinguió que su visión sobre movilidad urbana es integral. Que su óptica sobre la sustentabilidad parece correcta. Ello aunque, opinen algunos, en la realidad la ciudad sólo es sustentable por el aspecto económico, medianamente por lo cultural y en menor medida por lo social y ambiental.

Ese mismo público detectó que el problema del agua no lo tomó completo. ¿Y la gente común y corriente? Poco o nada entendió sus conceptos: la “calle de juego”, las “zodes”, el “urbanismo sustentable” o el “plan verde”, por mencionar algunos. El destacado doctor expuso más como un ponente de seminario para expertos que como regente.

Por un momento mosgtró capacidad de reacción, cuando respondió a Wallace que sí el DF estaba endeudado era porque era sujeto de crédito y que la deuda la había autorizado la Hacienda federal.

Pero no tuvo el mismo éxito en su cierre, cuando quiso responder otra alusión de Paredes mostrando unas hojas con datos del Cide, el Reforma y el Cidac que nadie alcanzó a ver.

Es un candidato con una ventaja de más de 40 puntos y su capacidad de administrador no está en duda, pero ¿tiene madera de gobernador?

Debe demostrar que será más regente que gerente del DF.

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