"Todo se hace mejor siendo inteligente, sobre todo lo que requiere talento, y gobernar requiere mucho talento. Las dos cosas van de la mano”

Porfirio Muñoz Ledo


La transición la define como un cambio de régimen político. Por ello argumenta que esta no ha existido en México


Todo se hace mejor siendo inteligente, sobre todo lo que requiere talento, y gobernar requiere mucho talento. Las dos cosas van de la mano”


La respuesta a por qué se le fue el país de las manos a Calderón, está en haber basado su gobierno en una decisión equivocada

Los Pinos se convirtió en una oficina de Televisa. El gobierno perdió poder sobre sus instituciones, sobre su territorio. “La transición a la democracia que comenzó en 1986 no culminó. Se abortó en el 2000”.

De un lado están la corrupción y las prebendas. Del otro, la demanda de un mercado de drogas cuyo dinero fue el salvavidas de la economía global en la crisis de 2008.

“Y en medio, todos los muertos que quieras”, sostiene Porfirio Muñoz Ledo en una entrevista con Reporte Indigo en la que dice que “en el México de hoy” ya no hay tiempo.

Así lo considera el primer político mexicano que respondió a un informe presidencial y cuya carrera lo ha colocado en sitios tan dispares como la representación permanente de México ante la ONU, la presidencia del PRI, el gobierno de Vicente Fox, el equipo más cercano de Andrés Manuel López Obrador y actualmente a la cabeza de una comisión que busca cristalizar la reforma política  del Distrito Federal en el gobierno de Miguel Angel Mancera.

Transición que se diluye

La entrevista comienza con una foto. Instalada en el sitio más visible de su oficina en la ciudad de México, la imagen en blanco y negro muestra a Muñoz Ledo levantando su brazo derecho.

Era 1997. El político de origen priista, apostado como uno de los líderes del PRD, tomaba protesta como presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

Habían pasado nueve años de que se formara el Frente Democrático Nacional, antecedente inmediato del PRD.

El PRI seguía instalado en la silla presidencial, pero el hecho de que partidos de izquierda tomaran la presidencia de la Cámara, sin violencia, indicaba un posible cambio de fondo.

“Ese fue para mí el inicio verdadero de la transición democrática (…) La definición del partido anterior era un régimen de partido hegemónico, que en ocasiones fue de Estado. Estuvo incorporado a estructuras del estado, como el Ejército, estuvieron incorporadas al partido.

“Finalmente durante todo su periodo mayoritario era un partido hegemónico y eso implicaba la hegemonía sobre un órgano fundamental del Estado, que es la Cámara de Diputados.

“Al perder su hegemonía sobre ese órgano, dejó de ser lo que era y el régimen empezó a cambiar”, rememora Muñoz Ledo a sus 79 años.

El país parecía conducirse a un nuevo modelo, que a decir del doctor en derecho constitucional por la Universidad de París, quedó fracturado con el gobierno de Vicente Fox.

Desgraciadamente, agrega, a partir de la alternancia se empezó a echar a perder el proceso de transición.

“Hubo alternancia de partidos pero no alternancia ideológica. Finalmente la transición democrática mexicana, lo que hubo de transición, los cambios políticos en México, se dan en el periodo neoliberal.

Nosotros queríamos impedir que la doctrina neoliberal se apoderara de México y se produjo exactamente lo contrario”, lamenta.

Al decir “nosotros” se refiere a Cuauhtémoc Cárdenas, Ifigenia Martínez, Heberto Castillo y otros líderes de izquierda que encabezaron los movimientos de finales de los 80 que llevarían al hijo del general Lázaro Cárdenas a la boleta presidencial, pero no a la presidencia.

“Era la época del gobierno de De la Madrid, la última parte, donde ya se veía venir lo que fue el salinismo. Nosotros en realidad luchamos contra eso, la alternancia histórica no la hubo, porque Fox siguió la misma línea económica, con menos habilidad”, concluye quien fue, paradójicamente, embajador de México ante la Unión Europea en el gobierno del primer presidente del PAN.

Reformas ignoradas

A diferencia de la alternancia en la figura del Ejecutivo, que Muñoz Ledo describe como un “quítate tú para que me ponga yo”, la transición la define como un cambio de régimen político. Por ello argumenta que esta no ha existido en México.

Sostiene: “Es una transición abortada, y por eso el PRI puede volver al poder. Si hubiera habido una transición, hubiera sido de todo el espectro político nacional”.

Lograrla no sólo dependería de que la izquierda como partido llegue a la presidencia, aunque “nosotros ganamos las elecciones del 88, las elecciones de 2006 estuvieron llenas de irregularidades que en su momento se denunciaron, y las últimas también”.

Explica que hay otros casos en el mundo, como el español, en que la transición democrática se concretó antes de la llegada de la izquierda. La cuestión está en que los grupos progresistas alcancen el poder público.

La propuesta de la izquierda en esa legislatura 1997-2000 iba hacia lo que Muñoz Ledo ha llamado durante más de dos décadas la reforma republicana.

Consiste en un cambio de régimen político a un semi presidencialismo, con un jefe de Estado, un primer ministro y una mayoría del ejecutivo en la Cámara a través de la negociación.

Explica: “Fox lo hizo a su manera. Se puso de acuerdo con la maestra Elba Esther Gordillo, que era líder del PRI y empezó una serie de situaciones anómalas.

Consecuencias de muerte

La prueba de este sistema democrático “que no funciona bien” es el reciente sexenio.

“Lo que ocurrió fue que se debilitaron las estructuras del Estado, fue perdiendo jurisdicción sobre el territorio nacional, inclusive.

“Es el tema que actualmente afrontamos y que el poder pasó de estar dentro del Estado a un Estado sin poder, que es vapuleado por lo que llamamos los poderes fácticos. Eso ha ocurrido en otras partes de América Latina, pero en México ha sido particularmente grave”.

Dice que la respuesta a por qué se le fue el país de las manos a Felipe Calderón, está en haber basado su gobierno en una decisión equivocada, en la que muchos mexicanos estuvieron en desacuerdo, que fue echar mano del Ejército.

“Debió haber hecho una reforma para tener un gobierno de mayoría y eso le hubiera permitido hacer las cosas, mal o bien, de manera más eficaz”, considera.

Pero el “gran tema del país”, que es la seguridad, no parece tener solución sin un consenso de todos los actores políticos. Por ello se necesita discutir la despenalización de la droga, la seguridad comunitaria, la drogadicción como prioridad de salud pública, el lavado de dinero aceptando que hay intereses implicados en el sistema financiero “que nunca se acaban de desmontar”.

“Por un lado (está) la oferta, del otro lado la demanda, y en medio todos los muertos que quieras, porque al existir una relación ilegal de ese volumen, se rompen todos los cauces del orden público. Entonces tienes que replantear el problema en su totalidad.

“El dinero derivado del narcotráfico y acumulado en el sistema bancario, según autores, llegó a ser la salida de la crisis financiera en 2008, era el único dinero que había disponible.

Entonces el tema es mucho más complicado”.

Medios empoderados

Otro de los elementos que prueban esta transición abortada es el empoderamiento de los grandes medios de comunicación y la inexistencia de una reforma para ellos.

Amplía: “El gobierno, los gobernantes, están sujetos a los monopolios de radio y televisión (…) Yo dije alguna vez que la televisión nació como una oficina de Los Pinos, con el riesgo de que Los Pinos termine como una oficina… se invirtieron los papeles, de Televisa, hasta ahora sigue habiendo un poder inmenso de la radio y la televisión, los políticos no se atreven contra ello”.

Relata que durante su última participación como diputado federal por el PT en la legislatura 2009-2012, presentó un proyecto de reforma constitucional que planteaba cambiar el sistema de radio y televisión.

“Ni siquiera lo dictaminaron a comisiones”, dice.

Primero, explica, se tiene que modificar el fundamento jurídico de la radio y la televisión porque en la Constitución se le trata como “espacio aéreo” y no como “espectro radioeléctrico”, que es la concepción correcta.

Enseguida debe revisarse quién da las concesiones o las quita, sobre todo ahora en la época digital, que se han multiplicado las posibilidades.

“Por más que el órgano regulador (la Cofetel) tenga que ser avalado por el Senado, sigue siendo el gobierno”, agrega.

Lo que sigue

En esta dinámica de descontrol regresará el PRI a Los Pinos. Se esboza un juego gobierno-oposición en el que la derecha y la izquierda tendrán que reunirse circunstancialmente para hacer un cambio político de mayor envergadura.

Muñoz Ledo se dice expectante de que de veras el PRI tenga que gobernar de otra manera.
¿Necesita el presidente de México ser inteligente?, se le pregunta. Esboza una ligera sonrisa y responde:

“Todo se hace mejor siendo inteligente, sobre todo lo que requiere talento, y gobernar requiere mucho talento. Las dos cosas van de la mano.

“Debe haber una carga de inteligencia política en la clase gobernante y de patriotismo, sobre todo.

“Hay alguien que está a la cabeza, pero depende de su grupo de colaboradores. Los de este gobierno no han sido particularmente destacados”.

La crisis mexicana no tiene una solución fácil ni rápida, agrega, pero hay que retomar el rumbo. “Yo me resisto, por muchas razones, de carácter moral, incluso personal, han pasado demasiados años, a pensar que el país no tiene solución.

“Siempre que planteo soluciones surge la pregunta: pero eso es muy difícil, pero eso es muy largo, ¿y qué es lo que le vamos a hacer?”.

“Yo estoy por un diálogo abierto en este momento en el país, ojalá y lo sepan entender los actores políticos. (…) El país está mal, ya no hay tiempo, estos seis años son definitorios, si no hacemos reformas esenciales no vamos a salir del atolladero y también en materia económica”.

Asegura que México tiene potencial para crecer al 7 u 8 por ciento al año, pero se necesita modificar el rumbo económico, con mayor mercado interno, mayor economía real, diversificación de fuentes de energía, elevación de salarios.

Refrenda: “No con neoliberalismo, ese es el tema, el tema es el neoliberalismo”.