El Centro Histórico de la Ciudad de México cambió para convivir con el virus del SARS-CoV-2

La nueva normalidad del Centro Histórico

El Centro Histórico de la Ciudad de México cambió para convivir con el virus del SARS-CoV-2. Todo su entorno, desde los negocios hasta las calles, se han transformado para reactivar su economía

Por primera vez desde el 7 de abril, las cortinas de la mitad de los negocios del corredor peatonal de Francisco I. Madero del Centro Histórico, —el más famoso y que está frente al asta bandera de la Plaza de la Constitución—, volvieron a abrir.

El corazón de la capital y de México, que tiene al Palacio Nacional entre sus más importantes edificios, se reintegró a la nueva normalidad.

Este 30 junio, 27 mil negocios del Centro Histórico se integraron a la nueva normalidad, luego de que el 7 de abril se ordenó su cierre para evitar contagios

En las avenidas 5 de mayo, 16 de septiembre, Francisco I. Madero y 20 de noviembre, tiendas de ropa, tenis, bisutería y accesorios reabrieron tras 3 meses de suspensión de actividades por la contingencia de COVID-19.

Sin embargo, los 27 mil negocios de la zona, de acuerdo con datos de la Secretaría de Gobierno de la capital, no abrieron como antes de la pandemia.

Ahora, no solo se trata de vender sino de cumplir las medidas necesarias para evitar contagios.

Los protocolos básicos son cubrebocas, gel antibacterial y sana distancia marcada en algunos comercios con una equis en el piso.

A las 10 de la mañana, locatarios y empleados de tiendas barrían con agua y jabón, algunos sacando costras de tierra pegadas al piso, originadas por el cierre y la detención de actividades.

Además de las medidas básicas, el Gobierno de la Ciudad de México anunció el 28 de junio la implementación de nuevos corredores peatonales para evitar aglomeraciones en las calles de Palma, Correo Mayor-Del Carmen, San Antonio Tomatlán-San Ildefonso, Venustiano Carranza-Manzanares, República de Uruguay-Tacuba, 5 de Mayo, 5 de Febrero, Jesús María-Loreto, Mesones-Vizcaínas, República de Perú-Apartado-Peña y Peña, por último, República de Brasil-Monte de Piedad.

En cada una de esas venas del primer cuadro de la ciudad, los automóviles solo tienen un carril en una dirección. Bolardos dividen la otra mitad de la calle por donde pasan bicicletas y algunos transeúntes. Muchos aún caminan por la banqueta pese a que ya pueden ir por el otrora arroyo vehicular.

Mientras que Francisco I. Madero, la calle más transitada del país por la que pasaban 350 mil personas al día antes de la contingencia (según datos del portal de la Secretaría de Cultura local), ahora tiene accesos restringidos.

No se puede entrar a ella por Eje Central, Allende, Isabel La Católica, Palma ni Circuito de la Constitución. Por esas calles los peatones nada más pueden salir.

Alrededor de una docena de policías cuidan el acceso controlado a Madero en Motolinia y Gante. Los oficiales piden guardar la sana distancia de un metro y medio entre una persona y otra. También vigilan que no haya aglomeraciones.

Pese a ello, los rasgos de la antigua normalidad se hicieron presentes este 30 de junio: el tránsito vehicular en Eje Central a las 10 y media de la mañana era intenso. Paralelamente, un contingente de taxistas provocó un embotellamiento en avenida 5 de mayo.

A pesar de que la capital aún se encuentra en el semáforo naranja de la epidemia y con una ocupación hospitalaria por debajo del 65 por ciento, la movilidad ha ido en aumento.

Datos de la movilidad durante la contingencia sanitaria por COVID-19 de la Secretaría de Movilidad revelan la creciente actividad de la metrópoli: el 8 de abril de 2020, recién declarada la fase 2 de la pandemia, el tránsito reportaba una disminución de menos 80 por ciento respecto a un día normal.

Actualmente, se encuentra en menos del 50 por ciento.

La nostalgia del Centro Histórico

La calle de 16 septiembre luce casi llena, muchos empleados de tiendas esperan que su trabajo abra. Otros buscan alguna mercancía que no pudieron comprar durante el aislamiento.

Un hombre ve una tienda de camisas en avenida 16 de septiembre, frente al callejón de Motolinia.

Se trata de Heriberto Arvizu Barrón, quien dice, no ha salido de su domicilio desde abril y es la primera vez que va al centro histórico desde entonces.

“Creo que se ve vacío, esto no es nada como un día normal. No hay mucha gente que venga a mirar y comprar”, comenta.

Heriberto tiene nostalgia, le gusta visitar el centro y extraña ver más personas, cuenta.

El hombre esperaba ver abierta la tienda de Cuidado con el Perro, por lo que considera que hay confusión sobre la reapertura y las medidas tomadas por las autoridades.

“Las noticias dicen que abren los negocios, luego que no reabren, no se sabe bien”, dice.

El Gobierno local informó que para evitar la concentración de personas, los locales del centro histórico iban a funcionar un día sí y otro no dependiendo si su dirección era número non o par.

Falta que vengan a comprar

Juan Carlos López Villagrán es dueño de la tienda de vestidos Modas Laura, localizada en 20 de noviembre.

A pesar de que siente alivio por volver a levantar las cortinas, afirma que ahora el problema es que la gente tenga dinero para ir a comprar.

Ahora sí abrimos y no hay dinero, la preocupación es que vengan a comprar
Juan Carlos López VillagránDueño de una tienda de vestidos

Además, dice el comerciante, el regreso a la nueva normalidad fue pesado porque invirtió 12 mil pesos en gel antibacterial, cubrebocas, termómetros y demás insumos para cumplir las indicaciones y evitar contagios de COVID-19.

En la capital del país, la suspensión de actividades comerciales provocó una crisis económica que derivó en la pérdida de 197 mil empleos, informó el Gobierno local el 13 de junio pasado.

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