En el Alto Golfo de California diversos sectores hacen un esfuerzo por evitar la extinción de sus especies en riesgo, como la vaquita marina, y cambiar la imagen negativa que se tiene de San Felipe.

Daniel Arellano es un biólogo de 27 años con maestría en Ecología Marina, originario de Guerrero Negro, en Baja California Sur. Él es coordinador de campo en una organización no gubernamental que se llama Pesca ABC.

Uno de los proyectos de la organización es colocar hidrófonos acústicos en distintos puntos alrededor del polígono de protección de la vaquita marina con la finalidad de percibir su presencia a través de los sonidos que emiten, los cuales posteriormente son analizados por científicos.

Para ello, tienen que ir acompañados de pescadores. Un trabajo que parece fácil, pero que tiene varios obstáculos. Pues tienen que enfrentarse al clima o se encuentran con pangas pesqueras, pese a que está prohibido realizar esa actividad ahí. También, algunos aparatos se han perdido.

“Muchas veces las personas tienen el estigma de que la comunidad pesquera en particular son personas ilegales y que son difíciles de trabajar con ellos, y en realidad hay grupos de personas que se preocupan por el ecosistema, que se preocupan por las especies por las cuales nosotros también nos preocupamos”, dice.

A pesar de los retos de estar lejos de su familia, Daniel cumple su sueño de incidir en la protección de una especie, como lo es la vaquita marina.


El poblado de San Felipe le está apostando al futuro con la acuacultura y el cultivo de totoaba y líneas de ostiones

Acuacultura, el futuro para la vaquita marina

Alan Valverde es parte de la nueva generación de jóvenes en San Felipe. Su familia fue de las primeras en llegar a la comunidad y sus antepasados fueron pescadores. Pero su tío Francisco Valverde, un reconocido biólogo defensor de la vaquita marina, rompió ese molde e incidió en él.

Actualmente, Alan es un biólogo que trabaja en Acuario Oceánico, una empresa de acuacultura que le dio una nueva oportunidad al lugar donde estaría el refugio de la vaquita marina y donde a la fecha se engorda totoaba adquirida en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC). La compañía también tiene líneas de ostiones, las cuáles producen y posteriormente venden.

“Este lugar donde estamos parados es una evolución positiva, yo considero que de haber nosotros trabajado las artes de pesca de una manera más responsable no hubiéramos tenido que llegar hasta esto, probablemente esto era inminente, ya no nomás es la afectación de la mano del pescador, sino también ya somos muchos en el pueblo”, dice el joven.

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