Morín escribió también sobre el supuesto involucramiento de Rodolfo Zedillo, hermano del expresidente Ernesto Zedillo, así como del suegro y el cuñado del exmandatario
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Edgar Morín es enfático cuando dice que en la maña que controla las drogas participan todos: políticos, policías, soldados, traficantes exportadores, empresarios, campesinos, consumidores y los pequeños dealers locales, aquellos que solo son carne de cañón.

En su libro “La Maña, un recorrido antropológico por la cultura de las drogas”, Edgar Morín desentraña la forma en que la red de quienes se dedican al negocio de los estupefacientes se extienden a todos los sectores sociales, incluidos los hombres de poder.

“Del senador corrupto al mando militar que deja pasar los cargamentos. Del discreto capo de clase mundial y el empresario que lava el dinero al policía judicial que cobra derecho de piso. Del dealer del barrio al consumidor de mota que busca su toque en las calles. Todos forman parte de la maña”, dice el texto.

No es solo una frase dicha por casualidad. Es una investigación en la que se habla sobre cómo se entrelazan las vidas de los grandes capos, los políticos corruptos y las personas de la calle que están en la mafia de las drogas.

“Para desarrollar la actividad (del crimen organizado) requieres operadores policiacos, requieres operadores financieros, requieres cercanía con el poder, que puede ser local, estatal o federal.

“El hecho de que se les acuse a los políticos de estar coludidos o de que haya connivencia con los traficantes, es que no necesariamente estos se ha podido probar en el plano de lo jurídico”, expuso Morín en entrevista.

La portada de “La Maña” es provocadora. Lo mismo aparecen personajes como Joaquín “El Chapo” Guzmán o Juan José Esparragoza “El Azul”, que Mario Villanueva, Jorge Hank Rhon o Genaro García Luna y otros, varios otros.

Algunos, retrata Morín, han sido señalados como los grandes lores de la droga, los capos y criminales más buscados del país o del mundo.

Otros, son parte del entramado del Estado, protegidos por formar parte del sistema político mexicano, pero de los que no se sabe a ciencia cierta si forman parte o no de “la maña”, aunque poco les importa.

“La justicia en México, lamentablemente, parece cargarse más al plano de lo simbólico. Es decir, muchos de los que aparecen aquí, independientemente si han tenido o no un proceso legal, para muchos ciudadanos están directamente vinculados con los traficantes

“Parecería que la clase política mexicana ha preferido esa clase de juicio simbólico, de desprecio, de rumores, a cambio de que eso no se traduzca en investigaciones judiciales y en procesos que generen verdades jurídicas”, recalcó Morín.

En su recorrido por las entrañas del tráfico de drogas y el crimen organizado en México, Morín retoma documentos periodísticos publicados a lo largo de varios años con los que va construyendo el relato de los lazos que unen a quienes participan en el negocio.

Narra, por ejemplo, cómo se desarrolló una fiesta en 1990 a la que acudieron varios políticos y que fue organizada por Amado Carrillo, ‘El señor de los cielos’; Juan García Ábrego; y los hermanos Benjamín y Ramón Arellano Félix.

Esos encuentros, que fueron revelados por una fuente militar, forman ya parte del imaginario colectivo. La gente sabe, dice Morín, que todos están coludidos en el negocio ilegal de las drogas.

“Desde mediados de los años setenta del siglo pasado, la lista no deja de crecer y no solo incluye a secretarios de Estado, sino a hijos, sobrinos y otros tantos parientes incómodos o socios: familiares y colaboradores cercanos a los expresidentes Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo y Vicente Fox, han estado bajo sospecha de colusión con traficantes e incluso mencionados en procesos judiciales”, escribió Morín en su texto.

Algunos casos van, desde el encarcelamiento en Estados Unidos de Carlos Enrique Cervantes de Gortari, tío del expresidente Carlos Salinas de Gortari, detenido por cargos relacionados al narcotráfico.

Destaca también el involucramiento del que se acusó a los hermanos de Marta Sahagún, primera dama en el sexenio de Vicente Fox.

O el de Emilio Goicoechea Luna, exembajador de México en Canadá, que también fuera secretario particular de Fox, y fue retratado en 1992 –cuando buscaba una diputación- sentado junto a un hermano de Rafael Caro Quintero que la DEA identifica como parte del negocio.

Morín escribió también sobre el supuesto involucramiento de Rodolfo Zedillo, hermano del expresidente Ernesto Zedillo, así como del suegro y el cuñado del exmandatario.

“El juicio popular contra la clase dirigente se hace por medio del humor y el desprecio o con algunas denuncias generadas desde el cada vez más riesgoso trabajo periodístico, en lugar de iniciar investigaciones exhaustivas, procesos o condenas judiciales.

“De secretos, silencios, opacidad, complicidades e impunidad que resguardan a los acusados poderosos, se alimentan los imaginarios colectivos sobre el poder y sus acuerdos en la sombra”, expone Morín en “La Maña”.

Para esta clase política involucrada con la maña, la justicia llega en la forma de juicios mediáticos, no judiciales, lo que aumenta la desconfianza en las autoridades.

Y aunque solo sean algunos los “afortunados” que se hacen de grandes riquezas en su paso por el comercio ilícito de estupefacientes, a nadie le importa que los demás sean casi “piezas desechables” que solo sirven como eslabón que refuerza la cadena.

“Con Vicente Fox, el kilo de mariguana (en el campo) costaba 80 dólares. El maíz lo pagaban a 3 pesos con 50 centavos. ¿Qué crees que van a sembrar los campesinos de la sierra? Pero ahí no está la ganancia, esa está en la exportación. Ese mismo kilo de mariguana, al llegar a Estados Unidos ya costaba 12 mil dólares. Ahí es donde están los capos y la gente de poder que está en el negocio”, afirmó el investigador.

La solución pasa, señala el experto, porque la sociedad despierte del pasmo en el que está desde hace décadas para poder hacer una demanda a las autoridades de combate a la corrupción y mayores resultados con otras estrategias en la lucha contra las drogas, que no sean solo el combate armado.

“Apuestan a la compra de armas, de pertrechos, de drones, de tecnología y ya vimos que tampoco sirve del todo. Es más fácil gastar el dinero en todo esto y no combatir el problema.

“¿Y cuál es el problema? En el campo, a la gente tendría que serle más redituable sembrar maíz, frijol o calabaza, que mariguana. Pero, ¿cuáles son las políticas del Estado para el campo y particularmente para aquellas regiones que tienen problemas de tráfico o de siembra? Ninguna. Y así en cada uno de los sectores”, consideró Morín.

La mayor prueba de la existencia de “la maña” fue la fuga de Joaquín “El Chapo” Guzmán, apuntó Morín, quien ahora ha atraído nuevamente todos los reflectores, mientras el negocio sigue pasando por las manos de quienes son cómplices de un negocio que ha cobrado la vida de miles de personas en el país.