Alfredo Acle se percató que el espacio aéreo había sido modificado sin ningún aviso previo porque el ruido provocado por los aviones que ahora pasan encima de su casa no lo dejaba leer el periódico.

“A las cinco y media de la mañana me di cuenta que empezaban a pasar aviones arriba de mi casa. Así yo creo que nos enteramos todos. Más tarde ese día dieron su boletín de prensa. No hubo ningún aviso, los vecinos nos enteramos porque escuchamos el ruido”, relata.

El 25 de marzo de 2021 entró en operación la primera fase del rediseño del espacio aéreo en el Valle de México que contempla las operaciones de los aeropuertos internacionales de la Ciudad de México (AICM) y Toluca.

En un comunicado emitido ese día, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) también informó que la segunda fase entrará en operación con la inauguración del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles.

Sin embargo, al igual que Alfredo, otros habitantes de las colonias donde están las nuevas rutas acusan que el ruido y las vibraciones provocadas por los aviones les han causado problemas para concentrarse, así como auditivos, estomacales, depresión, ansiedad e incluso no pueden hacer cosas cotidianas como abrir las ventanas.

Dependiendo de la ubicación en la que se encuentren los vecinos, los aviones pueden pasar cada minuto o cada tres minutos en promedio; y en las colonias en las que se unen ambas rutas (sur poniente y norponiente) el paso de las aeronaves es más constante.

La situación es tan insoportable que quienes tienen posibilidades para hacerlo se han mudado a vivir a otras zonas más tranquilas. Mientras que otros acusan que si vivían ahí era justamente porque casi no había ruido y que ahora ni siquiera pueden vender sus propiedades, ya que aviones llegan a volar a una altura de hasta 300 metros sobre ellas.

“Colonias que tenían un nivel de ruido de moderado a bajo pasaron a un ruido más intenso. Lo primero que sentimos fue un cambio abrupto en nuestra calidad de vida”, relata Acle.

Además, explica que colonias que tenían un nivel de ruido promedio de 40 o 45 decibeles, considerado bajo, pasaron a tener entre 65 y 70 decibeles

Rediseño del espacio aéreo polémico

La SCT informó en el comunicado que desde el 2018, a través de los Servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano (SENEAM), desarrolló un Plan Rector para la modernización y reestructura del espacio aéreo mediante la Navegación basada en la Performance (PNB, por sus siglas en inglés).

“Mismo que permite evolucionar la navegación aérea mediante el uso actual y futuro de la infraestructura en tierra, aprovechando también la tecnología satelital y digital, así como los sistemas tecnológicos avanzados en las cabinas de vuelo, a fin de que las aeronaves puedan navegar en rutas más precisas, directas y eficientes”, se lee.

Pero los colonos aseguran que a cuatro meses del rediseño, el ruido de los aviones que pasan por sus casas supera los límites de las normas internacionales —ya que no hubo un estudio de impacto ambiental—, y piden un rediseño de la ruta aérea que cumpla los lineamientos por los daños a la salud que se han generado.

“Nos negamos a aceptar que es la única posibilidad de rediseño”, dice Acle, quien vive en la colonia Lomas de San Ángel Inn, en la alcaldía Álvaro Obregón de la Ciudad de México.

“Nuestro planteamiento es: señores, vuelvan otra vez a rediseñar el espacio aéreo atendiendo a las mejores prácticas y viendo cuáles son las acciones que menos impacto tienen en cuanto al número de personas afectadas, esto es lo que nosotros pedimos en particular”, señala.

Los vecinos dicen que las nuevas rutas están en zonas más altas y los aviones vuelan a la misma altura, por lo que el ruido es más intenso para quienes viven ahí y ya hay casos de personas cuya salud se ha visto afectada por esta razón.

Por la vía jurídica, vecinos han interpuesto diversos amparos contra el proyecto, pero un juez federal canceló las suspensiones que impedían de manera provisional el rediseño del espacio aéreo del Valle de México y éste siguió adelante.

Aunque los colonos sostenían reuniones con autoridades de la SCT, éstas se pausaron por las elecciones y posteriormente, al conocerse la revocación de las suspensiones provisionales, éstas ya no se realizaron. Los vecinos ahora acusan que son ignorados.

La vecina Lucy Gaubeca señala que la Organización de Aviación Civil (OACI) recomienda un proceso de gobernanza en estos casos, es decir, que los estados que tomarán una decisión que tiene repercusiones sociales lo consulten con los ciudadanos.

“Justamente este proceso de gobernanza es el que se han brincado, no han convocado a la ciudadanía para hablar del tema, simplemente fue una imposición autoritaria”, dice.

Debido a las protestas de los vecinos, dos diputados federales del grupo parlamentario de Morena también han pedido a las autoridades un informe sobre el estudio de impacto ambiental para el rediseño del espacio aéreo en el Valle de México.

Entre los puntos que solicitaron los diputados morenistas Lorena Villavicencio y Sergio Mayer está un informe detallado en el que se exhiban las opciones de rutas aéreas estudiadas de las que se consideró que la ruta actual era la más viable y las medidas para mitigar el impacto ambiental del ruido de los aviones.

También realizar mesas de trabajo con representantes vecinales del Gobierno capitalino, así como del Estado de México, teniendo como mediadores a los legisladores.

Problema sin atención

Jimena de Gortari, coordinadora de investigación de la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, ha alertado sobre los daños que provoca el ruido y cómo este tema no está en la agenda pública, pese a su importancia.

La doctora en Arquitectura especializada en ruido señala que éste tiene un impacto en la capacidad auditiva de las personas, por ejemplo, el del avión es impulsivo y discontinuo por factores como el clima, ya que si está nublado, se escucha más fuerte; mientras que con viento, el sonido cambia.

“El ruido no permite descansar y, lamentablemente, los aviones pasan desde las dos de la mañana. La falta de descanso genera otro tipo de problemas de salud y también sociales, pues esto puede provocar cansancio y poca concentración, así como hipersensibilidad, lo que puede generar conductas violentas por estar de mal humor”
Jimena de GortariDoctora en Arquitectura especializada en ruido

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