Pepe y Alex se conocieron en 2008 y desde el comienzo de su relación tenían claro que querían formar una familia. Su deseo se volvió realidad solo un par de años después, cuando en 2011 asumieron la paternidad de Alejandra a través de la inseminación artificial con un vientre subrogado.

“Cuando nos conocimos, teníamos muy claro qué queríamos. Yo tenía muy claro que quería tener una familia pero como yo quería, con un esposo, en mi mundo LGBT+ y con mis hijos. Pero los temas de adopción, subrogación o matrimonio no eran una opción en el país”, dice Alejandro Maza.

El matrimonio igualitario se legalizó en México en 2010, la capital del país se convirtió en la primera entidad estatal en permitir las uniones maritales entre personas del mismo sexo en América Latina

A la fecha, en el país, suman 26 estados que reconocen este derecho; no obstante aún hay seis entidades que no permiten la unión en matrimonio de dos personas del mismo sexo: Durango, Tamaulipas, Estado de México, Guerrero, Tabasco y Nuevo León, a pesar de que en 2015 la Suprema Corte de Justicia de la Nación sentó la jurisprudencia 43/2015 en la que señala que es inconstitucional prohibir los matrimonios igualitarios.

En 2013, Pepe, Ale y Alex se enfrentaron al primer acto de discriminación como familia, el colegio The Hills Institute en Monterrey, Nuevo León, les canceló la inscripción y le negó el derecho a la educación a Ale debido a que provenía de una familia homoparental.

Tras ganar una batalla legal contra la escuela y sentar un precedente a nivel nacional, Pepe, Ale y Alex se convirtieron en un referente de las familias diversas

Los estereotipos de roles de género permanecen

Ser una familia homoparental no los ha alejado de los roles asociados al género, Pepe y Alex tomaron una decisión en familia para estar más presentes en el desarrollo de Ale, uno de ellos renunciaría a su trabajo, sin embargo, en su modelo de familia, no existe un rol de género y “cada quien hace lo mejor que puede”.

Aunque actualmente Pepe se dedica a las labores domésticas, esta no es su única actividad, también tiene un negocio en línea.

Por su parte, Alex evita ser solo el padre proveedor que sale a trabajar y no se involucra en la formación y desarrollo de su hija, por lo que se ha encargado de que en su trabajo tengan conocimiento de que es un padre que participa en todas las actividades escolares y extracurriculares de Alejandra.

“Yo soy muy claro cuando llego a un trabajo, soy papá de Ale y voy a juntas, citas con el doctor y estoy al pendiente de sus necesidades”, comenta Alex Maza.

“Él es el que la peina, él es el que la viste, pero también es el que va y trabaja y cuando yo estoy en casa, automáticamente piensan “él es la mujer” y no me están denigrando, pero ese no es nuestro tipo de familia”, explica Pepe Reyna.

“Aquí en Monterrey existe la cultura de la carne asada y llegas y se separan los señores al asador y las señoras a preparar la salsa y nosotros hemos adoptado erróneamente ese rol de que a mí me gusta el fútbol, entonces me voy con los hombres, y de repente ya estoy diciendo palabras como “bro”, caigo en ese juego de querer ser parte, pertenecer, porque somos seres sociales. Soy la mujer porque estoy en la casa pero soy el hombre cuando estoy en las carnes asadas”
Pepe ReynaPapá homoparental

Para Pepe y Alex, poder involucrar a las paternidades en un rol que vaya más allá del proveedor es necesario romper las pequeñas barreras, hacer lo privado público, y no guardarse los afectos masculinos para la casa.

“Hay familias que hacia el exterior muestran roles bien definidos, pero una vez dentro de su casa, ves papás más cariñosos y mamás más desapegadas; ellos se dan el permiso, protegidos por su casa y porque no los ve nadie, de asumir el rol femenino y las mujeres viceversa, hay que sacar eso a las calles”, dice Pepe Reyna.

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