La madre de familia dijo que le gustaría tener un arma en su casa para estar en igualdad de condiciones si un ladrón entrara a su residencia
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La inseguridad que se vive en los últimos años en San Jerónimo tiene un común denominador: La Escondida.

Los vecinos del sector que han decidido poner a votación la capacitación para tener un arma legal en casa, consideran este punto urbano como el origen de gran parte de sus problemas.

Y es que estratégicamente este corredor cruza de la avenida Pablo A. González hasta la avenida Insurgentes, y luego se prolonga al otro lado de ésta hacia San Jerónimo por cerca de unos 50 metros más.

Los colonos de la zona han vivido constantemente robos a mano armada muy cerca de La Esconda.

Pero también aseguran que gran parte de los asaltos a sus residencias son cometidos por gente que se reúne o sale de este corredor.

La Escondida es una cuadra y media de ancho, con sus dos calles paralelas, una de ellas lleva el significativo nombre del expresidente Carlos Salinas de Gortari.

Pero pasar por esas dos calles es muy difícil. 

La gente no entra al corredor por lo peligroso que es, porque no hay salidas alternas a lo largo de unos 800 metros entre las avenidas Pablo A. González e Insurgentes.

Y no hay salidas alternas entre los cerca de 800 metros, porque el corredor está flanqueado por naves industriales con sus respectivas bardas.

Por ello, dentro de La Escondida hay maleantes que, cuando algún desconocido entra, inmediatamente son alertados y entonces se movilizan. Primero para saber quién es, luego para asaltarlo.

Pero de ahí salen a hurtar a los alrededores y hay quien piensa que en el interior de este corredor hasta hay venta de productos robados.

De hecho, en 2010, durante los bloqueos de delincuentes en diversos sectores de la ciudad, el cruce de Insurgentes y Felipe de Jesús Benavides (detrás de Galerías Monterrey) fue bloqueado por gente de La Escondida en varias ocasiones.

Y durante los bloqueos algunos automovilistas estacionados frente al cerco que tendieron, fueron asaltados a mano armada.

Este corredor es una guarida y la organización de vecinos de San Jerónimo, en su diálogo con las autoridades, ya comunicó que este punto de la ciudad debe ser investigado.

Reporte Indigo publicó ayer que esta inseguridad que reclaman los colonos organizados del sector San Jerónimo, ya provocó que los vecinos organicen un referéndum para discutir el adquirir armas y capacitarse en su uso para tenerlas en casa.

El vocero de los vecinos de San Jerónimo, Ramiro Cepeda Villarreal, dijo que esta idea surgió de la propuesta de una mujer de mediana edad.

La madre de familia dijo que le gustaría tener un arma en su casa para estar en igualdad de condiciones si un ladrón entrara a su residencia.

Luego, a través de redes sociales y en reuniones de vecinos de San Jerónimo, un gran número de colonos estuvo de acuerdo en adquirir un arma dentro del rango legal de calibre para tener en su hogar.

Esto, por la vía de la Secretaría de la Defensa Nacional, ya que tramitarían la adquisición del arma y la capacitación ante la autoridad militar.

Según la legislación, las armas que los vecinos podrían tener en su casa, son los calibres .22, .25, .38 y la única automática, la .380.

La organización de vecinos piensa que el propio Ejército les podría dar una capacitación y además dentro del propio sector de San Jerónimo, porque ahí se encuentra el campo de tiro Cazadores de Monterrey.

Aunque las autoridades estatales y municipales están llevando a cabo rondines, retenes y enviaron, ahora sí, mucha presencia policiaca a la zona, el asesinato a mano armada de una joven de 27 años de edad dentro de su residencia fue la gota que derramó el vaso.

Este homicidio detonó que una gran cantidad de vecinos apoyen la idea de capacitarse y tener el arma que legalmente están autorizados a poseer.

El homicidio de la chef Roxana Moya Guerrero, de 27 años, ocurrió el pasado 26 de septiembre, cuando dos individuos la sorprendieron ingresando a su casa en el sector de Praderas de San Jerónimo.

Al entrar a la casa la obligaron a abrir la caja fuerte de sus padres y al oponerse a darles 10 mil pesos que estaban en el interior de la caja, la asesinaron con un balazo calibre .38 en la nunca.

Según la Procuraduría del Estado, ya tienen dos detenidos que estarían involucrados el asesinato, aunque no participaron directamente en el homicidio de la joven Roxana.

Acechan a tiendas de conveniencia
Por Javier Estrada

“Ana”, como pide que la llamen, ha presenciado dos asaltos tan sólo en un año que lleva como empleada de una tienda de conveniencia, ubicada a espaldas del corredor La Escondida, en San Jerónimo.

El atraco más reciente ocurrió una noche de agosto pasado, cuando dos sujetos armados robaron alrededor de 800 pesos de la caja registradora del negocio que está sobre la avenida Insurgentes.

Los trabajadores que laboraban durante ese turno no se preocuparon del dinero porque, confiesa, la empresa que opera la tienda tiene un presupuesto para cubrir este tipo de mermas, debido a la alta incidencia de hurtos en la zona.

“Ese robo hasta cierto punto estaba presupuestado, la compañía sabe que va a pasar y nosotros estamos bien advertidos que (dejen robar) lo que se quieran llevar, que no opongamos resistencia”, cuenta.

A los asaltos a mano armada en La Escondida se suman las constantes sustracciones de mercancía que ocurren principalmente en noches y madrugadas, y que los empresarios del área no denuncian ante las autoridades.

“En la madrugada nos rompen cristales, nos roban la cerveza”, relata la trabajadora, “nosotros ya estamos bien advertidos que aquí no hay mucho que hacer”.

Mientras “Ana” acomoda artículos en los estantes recuerda que hace un año, cuando recién se incorporaba a su trabajo, una compañera fue golpeada por delincuentes justo afuera del establecimiento.

Este tipo de eventos, señala, ocurren aunque cuentan con cuatro cámaras de videovigilancia y un guardia de seguridad.

Afirma que no fue hasta el reciente asesinato de una chef en San Jerónimo que los trabajadores del negocio empezaron a sentirse más seguros porque, tras el delito, Fuerza Civil del Estado y la Policía Ministerial entraron al sector.

“Nos sentimos más seguros. Por ejemplo, los chicos de la noche ven que está enfrente el operativo (de seguridad), inclusive están afuera los ministeriales todo el día”.

La empleada, sin embargo, reconoce que sólo las autoridades militares entran a La Escondida, donde han realizado diferentes incursiones para intentar desmantelar la red de narcomenudeo que ahí opera.

El trabajador de otra tienda de conveniencia, también ubicada sobre Insurgentes, señala que por la alta incidencia de robos el negocio cierra sus puertas a las 23:00 horas.

A partir de ese horario sólo se deja entrar al establecimiento a los colonos de San Jerónimo y los que no habitan en el sector son atendidos desde la ventanilla de servicio.

“A raíz de lo de la chef fue que nos reforzaron la vigilancia”, reconoce el empleado, quien prefirió omitir su nombre.