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La ‘confesión’ de la Fiscalía

Indigo Staff

Tres meses y medio después de la muerte de Angélica Patricia Domínguez Escamilla, elementos de la Fiscalía de Feminicidos de Tlalnepantla detuvieron a Pamela como responsable del crimen.


May 1, 2012
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Tres meses y medio después de la muerte de Angélica Patricia Domínguez Escamilla, elementos de la Fiscalía de Feminicidos de Tlalnepantla detuvieron a Pamela como responsable del crimen.

El 25 de julio de 2011, funcionarios de ese ministerio la contactaron vía telefónica para pedirle su colaboración. Ella accedió y acudió a la casa donde ocurrió la muerte de su madre, una vez ahí el personal negó creer en su versión.

La subieron a un vehículo con el titular de la Fiscalía, Rosillo Herrera, quien puso en marcha una estrategia de intimidación en su contra.

“La fiscal venía ahí, mandando mensajes (desde el celular) y diciendo en un mensaje textual: ya agarramos a la culera que mató a la mamá ya nada más nos falta el novio, ya vamos para allá. Para que yo me diera cuenta de las cosas, me dieran nervios, miedo, yo qué sé”, relata Pamela en entrevista con Reporte Índigo.

A partir de esa fecha y durante cinco días, Pamela fue ilegalmente privada de su libertad. Relata lo qué ocurrió en esas instalaciones, de donde por cierto escapó el feminicida César Armando Librado Legorreta, alias el “Coqueto”, prueba de la corrupción en el Estado de México.

Agentes del Ministerio Público y de la propia fiscal, cuenta Pamela, la acosaron en múltiples ocasiones para que les revelara los detalles del crimen, que a decir de ellos, había sido planeado junto con su novio Luis Carlos.

La razón, según los agentes, había sido motivada por un profundo odio hacia su madre.

Pamela relata lo que le dijo la fiscal de Feminicidios de Tlalnepantla: “Hija de tu chingada madre tú la mataste, dime cómo la mataste. Me dijo que le confesara, que le dijera cómo la habíamos matado, para que me diera más miedo, me puso a ver las fotografías de mi mamá, que le tomaron en el Servicio Médico Forense, me agarró del cabello, traía yo cola de caballo, me decía, órale culera ve las fotos, traía uñas postizas y me jalaba los ojos porque yo los cerraba, me cacheteó y le dije que yo no le iba a decir nada hasta que tuviera a un abogado presente”, recuerda la víctima.

Mientras eso ocurría intramuros, afuera, familiares de Pamela contrataron a una supuesta abogada que les recomendaron, quien en contubernio con las autoridades le recomendó firmar documentos que le permitirían quedar en libertad, según un supuesto acuerdo que había logrado con el Ministerio Público.

Pero las presiones no cesaban. El personal del Ministerio Público obligó a la joven que convenciera a su novio para que éste declarara antes las autoridades. En un cuaderno le escribían lo que tenía que decirle a Luis Carlos: que estaba embarazada y que debía acudir de inmediato para apoyarla.

“Dile que se presente, que te tienen detenida por lo de tu mamá, que se eche la culpa, que estás embarazada y que es un cabrón si te deja en esta situación.

Uno de los ministeriales se ponía atrás con una pistola y te pican y pobre de ti si no dices nada porque te pegan. Te hacen que llores para que se haga más creíble”.

Entre los documentos que su abogada le hizo firmar, había una “confesión” que el personal ministerial inventó a raíz de su primera declaración. En ella, la

joven aceptó el plan para matar a su mamá con la ayuda de Luis Carlos, a partir de un sentimiento de culpa.

Según este relato, del que Reporte Índigo tiene copia, la estudiante había tramado el plan para asesinar a su madre con quien tenía una mala relación tras haberla ella descubierto con Luis Carlos al momento de tener relaciones sexuales.

A partir de ese momento, según esta versión, la pareja decidió eliminarla. Por eso es que la noche previa al crimen Pamela abrió la puerta de su casa y permitió que su novio se escondiera en su recámara mientras dormía su madre.

Ya en la madrugada, siguiendo con la “confesión”, el joven que portaba una mochila, sacó un pasamontañas y le pidió a Pamela que tapara sus oídos mientras él subía a la recámara a estrangular a su suegra.

Pero la madre puso resistencia y el joven bajó a la cocina por un cuchillo con el que culminó el crimen para después huir.

Nada de esto fue cierto.

Al cabo de cuatro días de estar incomunicada, el novio de Pamela fue detenido y presentado a la Fiscalía como corresponsable del crimen. Ambos fueron trasladados con esposas al penal de Barrientos del Estado de México.

El día de la audiencia en la que se dictó sentencia, el pasado 7 de marzo, el juez Felipe Landeros Herrera exhibió un cúmulo de imprecisiones y ambigüedades por parte de la Fiscalía de Feminicidios.

“Atenta contra la inteligencia”, indicó durante la lectura de la resolución.

Detalló que no encontró prueba directa ni efectiva. En fin, que todo lo plasmado en el expediente era absurdo. A Pamela le inventaron una confesión poco creíble basada en que “no aguantó el remordimiento”.

En entrevista, su defensor, Eduardo García Zarazúa, hace una reflexión: “No es por el hecho de tener que cumplir con una cuota de trabajo que puedan estar inculpando y acusando falsamente a las personas”.

Por deducciones, presunciones y mucha imaginación, el Ministerio Público llevó a la cárcel a los dos jóvenes.

“No puedo acertar a un calificativo diferente sino el de una imaginación que tuvieron para decir que fue ella, fue una acusación que jamás iba a poder sostenerla y es comprensible, lo que no es cierto, no se puede probar”, apuntó el abogado.

Y detalla los débiles argumentos con los que se basó la autoridad para imputar a Pamela, la mala relación con su madre que en ningún momento del procedimiento se pudo acreditar.

“El Ministerio Público es un ente acusador pero está obligado a respetar los derechos humanos y en este caso es lo único que no hizo respetar esos derechos legales y constitucionales”, afirma García.

Hoy Pamela y Luis Carlos están libres sin haber recibido ni el consabido “usted disculpe” de las autoridades. Cada uno se queda con las experiencias que vivió dentro del penal de Barrientos durante siete meses de injusta reclusión. Están marcados, se les ve en el rostro pese a que intentan sonreír.

¿Quién les regresa el tiempo? ¿Quién les repone la confianza en las autoridades? Luis Carlos, retoma su carrera de aeronáutica. Pamela, apenas tendrá tiempo de llorar por su madre.


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