La avenida Insurgentes de la Ciudad de México cumplió un año desde que cambió socialmente y se hizo más humana.

El 30 de mayo del 2020, se instaló la ciclovía emergente de avenida Insurgentes, iniciativa que surgió a partir de la demanda de la sociedad civil ante la contingencia sanitaria de COVID-19 como una alternativa para que la población hiciera viajes sin riesgo de contagio.

Especialistas consideran que, más allá de ser una modificación en la infraestructura de la avenida más grande de la ciudad, la ciclovía humanizó una arteria que solo estaba destinada al transporte motorizado.

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Además, promueve la movilidad sustentable y cero emisiones: se calcula que al día se generan 2.5 toneladas menos de gases contaminantes desde su creación.

Ciclovía Insurgentes rompió paradigmas

En marzo de 2020, ante el inicio de la contingencia sanitaria por el virus del SARS-CoV-2, la coalición Cero Emisiones (integrada por diversas asociaciones civiles como El Poder del Consumidor, Bicitekas, Transita Seguro, Greenpeace, Céntrico, entre otras), solicitó formalmente al Gobierno de la Ciudad de México hacer un plan de movilidad ciclista emergente a través de ciclocarriles provisionales.

Fue hasta el 30 de mayo de 2020 cuando la Secretaría de Movilidad (Semovi) anunció que iba habilitar dos ciclovías emergentes como parte de la “nueva normalidad” en Eje 4 Sur y en Insurgentes.

Víctor Alvarado, gerente de Movilidad Eficiente y Cambio Climático del Poder del Consumidor, dice que ahí inició uno de los más importantes cambios en la Ciudad de México hacia una metrópoli más humana.


Históricamente, la ciclovía enseña cómo se puede construir una sociedad con un enfoque más humano y rompe el paradigma del pasado de que solo hay una forma de transportarse, el automóvil, porque demuestra que la mejor manera de moverte es a través de los diversos medios, en especial, los no motorizados

Víctor Alvarado

Gerente de Movilidad Eficiente y Cambio Climático del Poder del Consumidor

La relevancia social de la ciclovía es que está en una de las 10 avenidas más grandes del mundo, según National Geographic, al tener una extensión de 28 kilómetros, de los cuales, en 20 está la ciclovía. Por ende, también es de las infraestructuras de movilidad activa de mayor tamaño en la ciudad, menciona.

El especialista en movilidad refiere que los buenos resultados hicieron que la ciclovía se convirtiera en permanente. El 27 de marzo de 2021, la jefa de Gobierno de la ciudad, Claudia Sheinbaum, hizo el anuncio durante una conferencia de prensa.

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Según información de la Semovi sobre los conteos ciclistas realizados tras la implementación de la ciclovía, dada a conocer el 22 de septiembre de 2020, en mayo de ese año circulaban mil 996 usuarios de la bici en Insurgentes, cantidad que aumentó a 7 mil para el mes de junio, es decir, hubo un incremento en afluencia del 250 por ciento.

Además, señala Alvarado, los aforos logrados indican que en Insurgentes, actualmente, se emiten 2.5 toneladas menos de gases contaminantes al día.

Apropiación del espacio

La ciclovía Insurgentes es un caso de éxito para la movilidad activa no motorizada porque hubo una apropiación importante del espacio por parte de diversos sectores de la población, considera Maytonce García, director de Transita Seguro, organización que impulsó la creación del carril así como su permanencia.

García dice que al principio, la ciclovía atendió las necesidades de la población que no podía dejar de trabajar pese al confinamiento por la pandemia, como los repartidores de comida de negocios pequeños, de las aplicaciones o personas que transportaban materiales o insumos alimenticios en “diablitos” y carretillas.

“Se planteó como una alternativa para las personas que no querían subirse al transporte público durante la contingencia sanitaria pero con la nueva normalidad, que formalmente empezó en julio con el cambio de color de semáforo, los usuarios empezaron a ser de otro tipo, como oficinistas, deportistas o padres con sus hijos, se hizo una mezcla homogénea de distintos grupos”, declara.

Además, conforme avanzó el tiempo y la ciudadanía —peatones, ciclistas, diableros, incluso personas en sillas de ruedas— se apropió del espacio, los automovilistas respetaron el espacio destinado a la bici.

“Prácticamente ya hay respeto por la ciclovía y ese espacio queda libre para las bicis siempre, se está logrando una aceptación in situ por parte de los automovilistas, puede ser un ejemplo empírico de que cuando hay señaléctica adecuada se logra esa adaptación al espacio”, afirma.

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La infraestructura, el pendiente

Maytonce García dice que el último paso para concretar la permanencia de la ciclovía, es confinarla y también modificar cruces y fases semafóricas.

“Estará más claro el espacio, más definido y será más seguro para todos”, refiere.

También detalla que se deben hacer adecuaciones geométricas a los cruces para que el tránsito de ciclistas sea menos riesgoso cuando los automóviles den vuelta.

“Es un proyecto muy grande y necesita todas estas adecuaciones, que están en proceso, pero será gradual”, considera.

El 20 de abril pasado, la Semovi lanzó la licitación para la adecuación de la ciclovía; no obstante, hasta el momento se desconoce qué empresa la ganó y cuál será el proyecto ejecutivo final.

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