La imagen desesperanzadora del mexicano abunda tanto en la literatura como en la vida cotidiana. Imagen que para el escritor y politólogo, César Cansino, ya caducó. 

Y es que para él, la sociedad mexicana ha evolucionado. Ésta no está estancada ni destinada a la fatalidad por el simple hecho de “ser” mexicanos. 

Para Cansino, es preferible hablar de “la condición” del mexicano, que simplemente de su “esencia”. Y esto es lo que amplía en su libro “El excepcionalismo mexicano. Entre el estoicismo y la esperanza”, donde habla de una identidad mexicana con cabida al cambio.

“Hablar de esencias no era lo más adecuado porque yo busco reconocer las mutaciones…y en ese movimiento me parece que es posible reconocer una idea alternativa de lo mexicano mucho más realista”, confesó en entrevista con Reporte Índigo. 

En su enriquecedor texto, reconocido con el Premio de Ensayo de Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana 2010, César Cansino habla de la valoración del mexicano que hoy sí está haciendo su tarea y que sigue a la espera de gobernantes dispuestos a madurar.

Fatalidad vs cambio

Para el autor, la visión de Octavio Paz sobre el mexicano debe ponerse en tela de juicio. Esta imagen de una identidad fatalista y sin oportunidad de replantear su rumbo.

Argumenta que recurrir a una imagen derrotista de los mexicanos, lleva a una subordinación de una sociedad apática, resignada, que acepta dócilmente las imposiciones del Estado; una aceptación fatalista de su destino. 

“Decimos que la culpa de todas nuestras desgracias, de todos nuestros males, de que no hayamos avanzado a estadios superiores en términos de desarrollo económico, en término de desarrollo cultural, etc. somos los mexicanos por estos lastres culturales que arrastramos de nuestro origen.” 

Y esto, explica en pocas palabras, decir que todos los mexicanos somos responsables de nuestras desgracias, es como decir que nadie es responsable. Si se divide la culpa, no hay culpable. 

Posmexicanos 

En sus páginas, Cansino destaca enérgicamente que la sociedad ha madurado. Y esto, para él, hace justicia para el pueblo.

“Lo que yo propongo en este libro es una idea incluso posmexicana, una idea que hace más justicia a una sociedad que ha madurado no solamente en términos políticos, sino culturales y que conecta hoy mucho mejor que en el pasado reciente con un mundo globalizado”, compartió Cansino, actual profesor investigador en la Universidad Benemérita de Puebla. 

Ejemplifica esta evolución con la postura y la tolerancia de los mexicanos hacia temas controversiales como la despenalización del aborto, la eutanasia o la legalización de las drogas. 

Esto porque, a pesar de que existan ideas confrontadas, se muestra respeto a distintas posturas, a la pluralidad.

Los responsables

Si la sociedad mexicana ha madurado y ha hecho lo que le toca, en mayor o menor medida, con sus carencias y virtudes, ¿en quién recaen las desgracias de México, la ausencia de cambio? ¿Habrá otro responsable?

“Claro que hay responsables, sobre todo en las últimas décadas lo podemos constatar perfectamente…si alguien no ha hecho la tarea es la clase política, los partidos políticos, la partidocracia, gobernando cínicamente al país”.

Agregó que esta posición es conveniente para quienes están en el poder y no les interesa ver por el bien del país. 

“Resulta muy cómodo para ellos decir, es que no tenemos una sociedad madura, una sociedad participativa y por eso como no nos exigen, pues nosotros gobernamos  como gobernamos con las incompetencias que exhibimos a cada rato”.

En este sentido, expone que hay un corto circuito entre una clase política que sigue “indiscivilizándonos”, gobernando a espaldas de una  ciudadanía que ya se sabe partícipe de la vida pública desde el momento que opina, que critica, que cuestiona en las redes sociales, en la plaza pública.

Pequeñas grandes conquistas 

El autor define de esta singular manera los logros de los mexicanos, sobretodo en los últimos 20 años.  Existe una sociedad en evolución.

“Los mexicanos sí hemos hecho la tarea, a diferencia de las élites políticas o los partidos o los gobernantes, nosotros los mexicanos la hacemos todos los días, trabajando de manera honesta, llevando a nuestros hijos a la escuela sabiendo que nuestra educación está secuestrada por líderes corruptos, votamos cuando nos convocan, porque creemos que la solución a nuestros problemas debe ser pacífica, institucional, no obstante que la oferta política es pobre”.

Los mexicanos ya critican y dan la batalla; existe cada vez más una masa crítica más indignada que impulsa al resto de la sociedad. Y cierra:

“Lo vemos ahora con el movimiento de estudiantes que es parte de la población más informada del país por obvias razones y desde su indignación, de lo que ellos observaban como una manipulación mediática, han contaminado, en el buen sentido, al resto de la población

Y estas son nuestras pequeñas grandes conquistas cotidianas”.