En su nuevo libro, La casa de la contradicción ( Editorial Taurus), el escritor mexicano Jesús Silva-Herzog Márquez presenta un ensayo sobre la democracia en el país, el régimen de transición, la alternancia, los partidos políticos, el actual Gobierno federal y lo poco posible de que las cosas cambien, aunque el electorado mantenga la esperanza.

También habla del desencanto y la frustración en el camino mexicano de la democracia. El primer golpe de realidad llegó con la “ceguera técnica” ocasionada por dos sexenios fallidos del PAN y el actual golpe lo ocasiona la “intoxicación romántica” de la actual administración.

“No entenderemos el éxito de la convocatoria populista si no hacemos un balance severo y equilibrado del régimen de la transición que terminó siendo, en buena medida, pluralismo oligárquico, corrupción descentralizada y barbarie.

“No tengo la menor duda de que estamos ante el peligro de una terrible regresión autoritaria basada en la soberbia de quien se imagina como estatua por encima de la Constitución”
Jesús Silva-Herzog Márquez Escritor y académico mexicano

De esta manera, es como Silva-Herzog presenta a la democracia y su dualidad contradictoria que a veces salva y rescata pero muchas otras amenaza y aplasta.

El libro parece partir de la premisa que hace años dictó el político jurista, historiador y académico mexicano Jesús Reyes-Heroles al analizar las dos caras de la democracia.

“La democracia es horizontalidad y es escalera, es espejo y es mando, es voluntad y es reserva. A fin de cuentas es el vertedero de tradiciones opuestas, de ahí en buena medida su vaguedad y su encanto. Pensemos pues, en la democracia no solamente como régimen de la complejidad sino como régimen de la contradicción”, escribió.

El cisma de 2018

De acuerdo con el miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, las elecciones de 2018 destrozaron las brújulas de los partidos y llevaron al poder a un partido “personalista”. Este fenómeno, considera, no se volverá a repetir aunque Morena gane las elecciones de 2024, pero pasarán años para que se recupere la pluralidad política en el país.

“El 2018 destrozó las brújulas de los partidos, ya no se sabe qué es la izquierda, cuál es la derecha y tampoco hay remplazo a la vista. Hay un partido que tiene características que son nuevas, es un partido personalista, que tiene a un fundador y el partido está alrededor de este personaje, siendo que nuestra tradición había sido de partidos bastante institucionales.

“Esa mayoría que hizo borrar las opciones, no será repetible aún cuando gane Morena la elección presidencial en 2024, creo que tendremos que recuperar individualidades regionales, el Congreso recuperará su sentido de foro y debate que ha perdido con la ‘aplanadora’ hay que aprender las lecciones de estos experimentos y reconocer las instancias, las instituciones, los procedimientos, la pluralidad política y, al mismo tiempo, la necesidad de reconstruir un Estado que tenga la capacidad para atender los problemas reales de la sociedad”, señala el autor.

Silva-Herzog Márquez explica que tampoco se le deben de achacar todos los problemas del país a la actual administración, sino que la crisis viene desde sexenios anteriores en el régimen de transición. Es por eso que invalida a muchas de las voces críticas del lopezobradorismo, ya que implícitamente ven con nostalgia el cómo se vivía antes del 1 de noviembre del 2018.

“Ven con nostalgia noviembre del 2018 y dicen que estábamos mejor, que teníamos instituciones imparciales e impolutas, cuando no era así”, ejemplifica.

Antes que Jesús Silva-Herzog, el jurista Jesús Reyes Heroles escribió sobre la democracia, su dualidad, complejidad y contradicción

Un problema global

El académico señala que esta crisis de la democracia no solamente ocurre en México, sino en todo el mundo e incluso comenta que el presidente Andrés Manuel López Obrador está en sintonía con el tipo de gobernantes que hay en otros países.

“Hay muchos hilos que pueden jalarse para detectar las crisis de las democracias liberales contemporáneas, los desafíos como el orden del poder, las identidades. Hay mucha afinidad en lo que pasa en México con otras partes. Si puedo decir algo notable de López Obrador, es que es un político contemporáneo, puede ser nostálgico, pero justo eso lo hace contemporáneo”, agrega.

Finalmente, Silva-Herzog critica que las conferencias mañaneras se hayan convertido en tribunales para “satanizar” a los opositores, en vez de un instrumento para el diálogo y para abonar a la democracia.

“Me parece gravísima la pedagogía del hostigamiento de todas las mañanas desde Palacio Nacional en donde no escuchamos a un polemista que defiende su postura, critique a sus antagonistas, sino que los sataniza, sin dar pruebas los condena una y otra vez a partir del criterio moral.

“No es que tengas una información equivocada o que tu propuesta política resulta ser equivocada, sino que eres un pillo, eres cómplice de este régimen demoníaco que fue el neoliberalismo. A mí esto me parece que es gravísimo para el espacio público y en el fondo para el régimen democrático”, concluye.

En La casa de la contradicción, Jesús Silva-Herzog explica que la ‘intoxicación romántica’ del actual Gobierno ocurrió después de una ‘ceguera técnica’ ocasionada por dos sexenios fallidos del PAN

‘Es una crítica precisa, mordaz y aguda’: Jesús Silva-Herzog

Durante la presentación del libro, el politólogo y militante de Morena, Gibrán Ramírez Reyes, aplaudió el trabajo de Silva-Herzog y lo calificó de “una crítica precisa, mordaz y aguda” sobre el liberalismo, el régimen de la transición y la actual administración del presidente López Obrador.

El doctor en ciencia política durante su intervención explicó que en la democracia mexicana el problema no es la participación ciudadana, sino el sistema de partidos y la posible transición a gobiernos militares y/o autoritarios.

“Ha incrementado la decepción sobre los partidos, no la participación. El 2018 significó la disolución del sistema de partidos como lo conocíamos. Se terminó por completo el sistema de dos partidos grandes y uno mediano.

“Lo que hay que replantear no es la participación por sí misma, sino la preferencia que está habiendo en la ciudadanía por gobiernos militares y por el incremento de la pulsión autoritaria entre el público. Esa debería de ser la principal preocupación en las democracias en México y en toda América”, apuntó.

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