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GruposVulnerables

El injusto trabajo domestico

Jonathan Ávila

En Jalisco, las trabajadoras del hogar se enfrentan a precarias condiciones laborales: la mayoría de las veces no cuentan con un contrato ni prestaciones y suelen ser víctimas de discriminación por sus empleadores


Ago 3, 2018
Lectura 6 min
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El trabajo en el hogar se encuentra infravalorado en todos los aspectos de la vida social. Ya sea asalariado o no, éste se concibe como algo menor entre las actividades económicas y productivas en el país y el estado de Jalisco no es la excepción.

Además, es de los más riesgosos para las mujeres que lo ejercen, pues en el camino para obtener recursos para el sustento de sus familias se encuentran con las mínimas condiciones para ejercer su trabajo y, muchas veces, sin derechos laborales como seguro social ni aguinaldo.

De acuerdo con los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, existen 2.4 millones de mujeres a nivel nacional que se dedican a brindar servicios de trabajo en el hogar, actividad que aporta a otras ramas productivas, pues este empleo permite que los miembros de la familia que contrata los servicios se dediquen a otras ramas.

Tahis Loera, investigadora del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara, explica que alrededor del 30 por ciento de las mujeres que laboran en hogares donde reciben un salario son de origen indígena

Ocupación complicada

Ser trabajadora del hogar no es una tarea fácil de realizar, detrás de ella existe un amplio panorama de dificultades que tienen que vencer. Ana Farías, integrante de la organización Parvada, que ha acompañado a algunas de ellas, explica en entrevista con Reporte Indigo que uno de los problemas más frecuentes entre este gremio es el despido injustificado.

En muchos de estos casos las mujeres son mayores y difícilmente podrían encontrar otros trabajos, por lo que Farías destaca que cuando se dan estos despidos no hay una compensación o liquidación correspondiente a los años de servicio y quedan vulnerables luego de haber trabajado hasta por más de 10 años, al no tener contrato.

“A veces se cree que regalarles ropa usada al final del año equivale a darles el aguinaldo, eso es otra muy común, así de: te damos una ayudadita y la ropa que ya no le queda a nuestros hijos y di que eres parte de la familia te estamos tratando súper bien”, acusa Ana. Por otro lado, el lenguaje discriminatorio hacia ellas es el pan de cada día.

“En general, la forma en que se dirigen a ellas. Uno no esperaría a que te hablen en esos términos en el trabajo, y sin embargo es muy frecuente escuchar que se dirijan a ellas con una total falta de respeto, a veces no a ellas directamente, pero si la patrona está hablando con otra persona habla de ellas en termino peyorativos”, dice.

Derechos laborales, el pendiente

El acercamiento de la organización Parvada con las trabajadoras del hogar se dio a partir de talleres en donde se puso sobre la mesa los derechos laborales, explica Ana Farías, una de las integrantes. Ella destaca el hecho de que al construir el acompañamiento se han podido establecer diálogos concretos sobre lo que deben exigir.

“Al principio sí surgía como esta sorpresa de ‘nadie me había dicho eso, yo tenía la impresión de que no me está yendo muy bien, de que no me estaba alcanzando para cubrir a veces ni siquiera el transporte de aquí a la casa y de que yo tenía que poner de mi bolsillo, pero nunca lo había pensado como en términos de que debería haber un estándar y debería de haber cierto respeto’.

“Había otras que sí, que tenían muy claro que su situación no debería ser, pero no tenían ni las conexiones, y ni siquiera tenían tiempo para buscar otros empleos, entonces en otros casos pues era de ‘me aguanto’, sé que no está bien pero que le hago”, describe.

De acuerdo con las mujeres que han logrado aliarse para pugnar por sus derechos, Farías dice que en promedio se trata de mujeres entre los 22 y los 45 años de edad. Además de que la mayoría cuenta con secundaria o preparatoria trunca

Este acercamiento se ha hecho a partir de la capacitación en derechos laborales, seguridad en el empleo y el poder tejer redes para que las mujeres puedan conformar espacios autónomos donde ellas puedan organizar su propio trabajo.

Ya que señala que hay agencias de empleo doméstico. Pero muchas veces estas agencias reproducen la desigualdad y la competencia, otorgando mínimas prestaciones y las ganancias se van a los bolsillos de quienes conducen a las mismas. Pues estas agencias en su mayoría funcionan como outsourcing para el trabajo del hogar.

“Las agencias tienen una luz ciega como muy comercial o muy de mercado, los tabuladores que manejan están diseñados para maximizar sus ganancias, y a nosotras lo que nos interesa es que los tabuladores estén diseñados para satisfacer las necesidades que de hecho tienen las trabajadoras y sus familias, al poder gestionarlo ellas les das la libertad de que ellas pinten el rumbo de hacia dónde quieren que vaya”, expresa Ana Farías.

Sin regulación

En el mediano y largo plazo se debe también trabajar en el plano legislativo y de políticas públicas con reformas en el Seguro Social para no hacer una diferenciación de esta medida estatal entre las trabajadoras del hogar y otros empleos, así como la regulación de las propias agencias de trabajo doméstico que existen, dice Ana Farías, integrantede la organización Parvada.

“Una cosa súper urgente es la regulación de agencias. Porque no hay muchos ojos del Estado en cómo operan las agencias que subcontratan a trabajadoras del hogar. Entonces hay mucho abuso en esta industria”, criticó.

Ana Farías comenta que una parte fundamental del trabajo que se hace desde la organización es cuestionar a quienes cuentan con empleadas en sus hogares. Pues la página que construyeron para mostrar la problemática y los servicios de quienes acompañan cuenta con cuestionarios sobre los derechos que dan a dichas empleadas y materiales, como formatos de contratos para dar una mayor calidad al servicio obtenido.

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