El fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero, plagió varios párrafos a Salvador Ortiz Vidales en su obra “Guillermo Prieto”, biografía del poeta y cronista del siglo XIX. Así lo descubrió el columnista Guillermo Sheridan, quien se dio a la tarea de revisar la obra con que la directora del Conacyt, Elena Bulla, le entregó al funcionario el nivel más alto del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

En la obra, publicada por la Secretaría de Educación Pública (SEP) en 1967, Gertz Manero utilizó varios párrafos de Salvador Ortiz, quien publicó también una biografía de Prieto en 1939. Tras una revisión de ambas obras, el columnista e investigador de la UNAM descubrió que el titular de la FGR plagió varios párrafos de ese autor, tomándolos como suyos.

Uno de los ejemplos se muestra a continuación, en primer lugar, parte de lo que escribió Ortiz Vidales y en el párrafo siguiente, lo narrado por Gertz Manero:


“Los niños más peripuestos y elegantes del barrio paseaban a los personajes de la farándula, suspendidos de lujosos bastones. Los seguía en su marcha triunfal una comitiva de histriones y una banda de música. Caballeros, señoritas y niños se agolpaban en los balcones, al ‘ruido de la música’ y en la calle la gente formaba gruesa valla a la orilla de la banqueta” (Vidales).

“Los niños más elegantes del barrio paseaban a los muñecos suspendidos de lujosos bastones, siguiéndoles en su marcha una comitiva de histriones y una banda de música. Señores, señoritas y niños se asomaban a los balcones, y en la calle la gente formaba valla a la orilla de la banqueta” (Manero).

A continuación otro párrafo de Vidales:

“Toda la adolescencia de don Guillermo Prieto se halla, pues, bajo el conjuro de este dolor terrible, que aumentan la miseria y la falta del apoyo paterno (…) que hacían de Guillermo un ser contradictorio (…) Se regocijaba con una fiesta y al punto se retraía después, arrepentido, en un templo solitario, bajo la luz del alba, a soñar con las llamas de los cirios, el humo del incienso y el canto del saltapared. Aspiraba a una posición, a algo que realizara sus quimeras de hombre; mas volvía presto en sí, ante el espectro de la orfandad y la miseria” (p. 56).

Y el que sigue, plagiado por Gertz Manero:

“Toda su adolescencia habla bajo ese dolor, que aumentó por la miseria y la falta de apoyo paterno, convirtiéndolo en una persona de sensibilidad contradictoria (…). Se regocijaba con una fiesta y al punto se retraía, arrepentido, en un templo solitario, a soñar con las llamas de los cirios y el humo del incienso. Aspiraba a una posición, a algo que realizara sus quimeras de hombre; mas volvía en sí ante la realidad de la orfandad y la pobreza” (p. 9).

El columnista reconoció una segunda víctima de plagio por parte de Gertz Manero. Se trata de Malcom D. McLean, a quien también usurpó parte de su obra, publicada en 1960 en torno a Guillermo Prieto:


“Después de tal demostración, el lector comprenderá que Prieto ganó sin embarazo las elecciones para diputado ante el decimosexto Congreso Constitucional. Lo reeligieron también para el decimoséptimo en compañía de su hijo Manuel G. Prieto” (p. 50).

Y Gertz Manero escribió: “Con tal demostración, Prieto ganó sin embarazo alguno las elecciones para diputado en el Decimosexto Congreso; y lo reeligieron para el decimoséptimo en compañía de su hijo Manuel G. Prieto” (p. 41).

Según Guillermo Sheridan, alrededor del 80 por ciento del libro escrito por el fiscal General de la República fue plagiado a Ortiz Vidales y el 20 por ciento restante a McLean.

“Ignoro si otras “obras notables” de Gertz surjan de procederes similares; no ignoro que el árbol que crece torcido… E ignoro si el fiscal Gertz investiga bien los crímenes, pero compruebo que como investigador académico es ignorable”, escribió el columnista.

A mediados de junio, el Conacyt entregó a Gertz Manero el nombramiento de investigador nivel III del SNI como una “reparación del daño”, luego de que el Conapred resolviera que fue víctima de supuestos actos de discriminación.

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