Aunque la presencia e impacto de las organizaciones criminales dedicadas, principalmente, al trasiego de drogas siguen siendo constantes en México, las estructuras conocidas como los cárteles del narcotráfico han ido a la baja en los últimos años. Gradualmente, su lugar ha sido ocupado por bandas de menor alcance por sí solas, pero que han contribuido a la crisis de inseguridad y violencia en territorio nacional.

Durante el Seminario Hemisférico de Seguridad Nacional organizado por la Secretaría de Marina el pasado 9 de julio, el maestro Josué Ángel González, fundador de Consultoría SIE, postuló que los cárteles del narcotráfico que operan en México se han ido debilitando y fragmentando hasta rondar las 300 organizaciones a partir de la pérdida de liderazgos claros, sus choques con el Gobierno federal, las interacciones con otras estructuras criminales y escisiones internas.


“Hay un proceso de fragmentación que no ha terminado. Ya no estamos en los 80, cuando teníamos un Cártel del Pacífico y un Cártel del Golfo, ya no estamos en los 90, cuando teníamos Sinaloa, Juárez, Tijuana y Golfo, ya no estamos en 2006-2008, cuando se añadieron la Familia Michoacana, Los Zetas. Ya estamos en un proceso mucho más complejo”

Josué Ángel González

Fundador de Consultoría SIE

Como ejemplo de este proceso, señaló el registro de confrontaciones violentas que realiza el Programa de Datos sobre Conflictos de la Universidad de Uppsala, en Suecia. El cual, en 2006, año en que Felipe Calderón llegó a la Presidencia de la República, identificaba cuatro organizaciones principales. Para 2012, cuando lo relevó Enrique Peña Nieto, eran 13; y en 2018, al arranque del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, la cifra llegó a 20.

Producto de este proceso, organizaciones como los cárteles de los Arellano Félix o de los Beltrán Leyva pasaron de ser estructuras de alto alcance nacional, estando entre las poderosas del país entre los 90 y la primera década de los 2000, a operar principalmente de manera regional. A la vez que han surgido nuevas bandas independientes en distintos puntos de la República, como serían los casos de Santa Rosa de Lima, en Guanajuato, o La Unión Tepito, de la Ciudad de México.

“Si se fragmentan, significa que van a ser cada vez más locales o regionales, no necesariamente nacionales. Ahora bien, si están fragmentadas, va a haber una necesidad por establecer alianzas. ¿Cómo llevan los productos desde el sur del país hasta el norte? Van a tener que forjar alianzas, es lo que está haciendo el Cártel de Jalisco Nueva Generación actualmente”, recalcó el maestro González Torres en su ponencia.

De la estrategia de alianzas que le ha permitido al CJNG expandir sus operaciones por todo el país se da la que forjó con los remanentes de la organización de los Arellano Félix. Al menos desde 2016, el diario estadounidense Los Angeles Times reportó que esta ahora operaba bajo el nombre de Cártel de Tijuana Nueva Generación, una especie de “relanzamiento de marca” cuyo principal objetivo era enfrentar al Cártel de Sinaloa en la frontera de Baja California.


Al inicio del sexenio de Felipe Calderón se tenían identificadas cuatro grandes organizaciones. Cuando Enrique Peña Nieto asumió, eran 13 las organizaciones prioritarias. Al entregar este el poder a AMLO, la cifra había llegado a 20

Otra consecuencia es la inestabilidad de las bandas. El mejor ejemplo de ésta son Los Zetas, que, al separarse del Cártel del Golfo a mediados del sexenio de Calderón, generó altos niveles de violencia en el país, llegando a tener 131 enfrentamientos con otras organizaciones en 2012, pero se debilitó y para 2015 solo tuvo 43. Tras esto, restringió sus actividades a la región noreste y a la costa del Golfo de México, donde ha tenido un repunte de violencia por sus choques con el CJNG.

“Que sean grupos más pequeños no significa que sean menos complejos o menos violentos, en eso estamos de acuerdo, pero, al menos los últimos que han surgido, son fugaces. Crecen en campaña y van a la baja. La pregunta es si tenemos cárteles nacionales, todo mundo dice ‘cárteles’ y utiliza el concepto como cualquier cosa, no hay rigor metodológico para definir qué es un cártel y qué no”, afirmó González Torres.

Fragmentación de cárteles: la causa de la crisis

Respecto a este panorama, Reporte Índigo entrevistó a Gabriela Nava, analista de inteligencia por el Centro de Estudios Hemisféricos en Defensa William J. Perry, quien considera que esta fragmentación de los otrora grandes cárteles del narcotráfico en organizaciones más pequeñas es, en buena medida, una de las causas de la crisis actual de violencia e inseguridad.


“La pulverización definitivamente es la causa de la violencia, hay que entender lo que significa ocupar un territorio por parte de uno u otro grupo delictivo, del tamaño que sea, es que puedan tener la facilidad de desarrollar sus actividades delictivas. Las disputas son en función de controlar el territorio, de mantener alejados a otros grupos que puedan aprovechar esos negocios. Para eso necesitan también el apoyo de las autoridades, la corrupción se va acrecentando.”

Gabriela Nava

Analista de inteligencia por el Centro de Estudios Hemisféricos en Defensa William J. Perry

Nava explica que, cuando el Gobierno mexicano comenzó a golpear a las estructuras medias de las organizaciones criminales, las células que componían sus bases y se dedicaban primordialmente al narcomenudeo vieron interrumpidos sus recursos, por lo que optaron por diversificarse hacia nuevas actividades delictivas, como el secuestro, la extorsión, la trata de blancas y el tráfico de migrantes, con el fin de pagar la “nómina” de sus bandas.

En cuanto a la respuesta gubernamental, apunta que las corporaciones federales, primero la Policía Federal y ahora la Guardia Nacional, así como las Fuerzas Armadas, asumieron mucha de la presión que tenían las autoridades locales. Si bien en los sexenios de Calderón y Peña se destinaron recursos para fortalecer policías estatales y municipales, Nava observa una “falta de voluntad política” por parte de gobernadores y alcaldes para concretar estos procesos.

“En la ley está claro cuáles son las funciones tanto de las Fuerzas Armadas como de la Guardia Nacional, pero se quita casi por completo el apoyo a las policías locales. Tenemos una especie de vacío de autoridad”, agrega.

El Gobierno de López Obrador ha apostado por esta nueva corporación federal, misma que el primer mandatario busca traspasar formalmente a la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA).


La especialista Gabriela Nava considera que hubo “falta de voluntad política” de gobernadores y alcaldes para concretar los procesos de fortalecimiento de policías locales

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