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La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), el banco central más influyente del mundo, mantuvo su tasa de interés de referencia de corto plazo en el rango de 0.25 por ciento a 0.5 por ciento.

 

La decisión de la Fed representa la sexta reunión de política monetaria en la que se mantiene sin cambio la tasa de fondos federales, el principal instrumento del banco central para alcanzar sus objetivos de inflación y pleno empleo.

 

Desde la crisis global de 2008, la narrativa económica ha estado dominada por las acciones de la Fed y los principales bancos centrales del mundo. El consenso de analistas argumenta que detrás de los cambios en el sentimiento de aversión al riesgo de los inversionistas, el comportamiento de los activos emergentes y la dirección de los mercados accionarios se encuentra una política monetaria de “dinero fácil”.

 

La depreciación de más de 48 por ciento que ha sufrido el peso frente al dólar en los últimos dos años es muestra patente de este fenómeno.

 

Tras la debacle económica de hace ocho años, los bancos centrales de las economías avanzadas llevaron su tasa de interés a mínimos históricos en niveles cercanos a cero. La medida pretendía incentivar la contratación de créditos de parte de los consumidores y las empresas para estimular la actividad económica.

 

Aunque esta política, al menos en Estados Unidos, acercó al mercado laboral a niveles de empleo que se registraban antes de la crisis, el efecto más notable se presentó en el auge de los mercados financieros.

 

No fue hasta el 2013 que la Fed dio el primer indicio de que buscaba “normalizar” su política monetaria. Los mercados reaccionaron de manera abrupta: los índices de volatilidad se dispararon, los inversionistas se refugiaron en activos de resguardo como el oro y lo bonos del Tesoro de Estados Unidos, además de que hubo una salida masiva de capitales desde la periferia emergente.

 

En diciembre del 2015, por primera vez en casi una década, el banco central de Estados Unidos determinó el primer incremento de 25 puntos base a la tasa de interés. Entonces, se comunicó que la mediana de las proyecciones de los miembros de la Fed preveía cuatro alzas de interés de 25 puntos base para el 2016.

 

Un respiro para México

 

El peso mexicano es altamente reactivo a las decisiones de política monetaria de la Reserva Federal. Asimismo, el Banco de México incluye en la mayoría de sus comunicados que “se mantendrá vigilante de la posición monetaria relativa entre México y Estados Unidos”.

 

En ese sentido, el mantenimiento del status quo en la decisión de la Fed ofreció un respiro al peso, la moneda emergente más operada del mundo, característica que la vuelve particularmente vulnerable a episodios de turbulencia global.

 

Después de cinco jornadas consecutivas en retroceso, el peso obtuvo ganancias moderadas.

Banco de México obtiene espacio para dejar su tasa de interés de referencia sin cambio. 

 

Con la tasa de interés de referencia de la Fed en un nivel aún cercano a cero, el apetito de los inversionistas globales por el riesgo no se modifica en gran medida. Además, la clara comunicación del banco central estadounidense de que es probable que subirá los tipos de interés en diciembre, le da tiempo a Banco de México para preparar su respuesta.

 

Este año, el banco central mexicano, en anticipación a la Fed, ha subido su tasa de interés de referencia en cien puntos base.

 

Por otra parte, las nuevas estimaciones de la Fed pronostican un leve deterioro de la actividad económica. La tasa de crecimiento de largo plazo de EU se revisó a la baja, ubicándola en 1.8 por ciento. Este escenario representa un riesgo adicional para el crecimiento económico de México, dado que el 80 por ciento de sus exportaciones se dirigen a Estados Unidos.

 

La Fed contra el mercado

 

El mercado ha sido reticente a las directrices de política monetaria que ha intentado imponer la Fed. 

 

La posición de los inversionistas en el mercado de futuros de la tasa de fondos federales le asignó una probabilidad de apenas 18 por ciento a un alza de tasas de interés para esta reunión de septiembre.

 

La intervención de varios miembros de la Fed en las últimas semanas intentó mover esta probabilidad hacia un nivel en el que un alza en las tasas de interés no implicara un desajuste en el mercado, dado el amplio diferencial de expectativas.

 

Jeffrey Gundlach, director de inversión del fondo DoubleLine Capital, aseguró recientemente que la Fed necesitaba que el mercado asignara una probabilidad de al menos 40 por ciento de que habría un incremento en los tipos de interés para llevar a cabo un movimiento restrictivo de política monetaria.

 

Janet Yellen, presidenta de la Fed: Stanley Fischer, vicepresidente de la Fed; y Eric Rosengren, presidente de la Fed de Boston hicieron referencia a un fortalecimiento del caso a favor de un alza en los tipos de interés.

 

A partir de este cambio de discurso, BNP Paribas y Barclays, dos de los mayores bancos globales, insistieron en que, pese a la baja probabilidad asignada por el mercado, la Fed elevaría los tipos de interés.

 

Ambos se equivocaron. Laura Rosner, economista en jefe para Estados Unidos de BNP Paribas, dijo a Bloomberg: “No hay un tiempo perfecto (para subir las tasas de interés)…siempre habrá incertidumbre en los datos”.

 

Analistas expresaron que el hecho de que la comunicación de los miembros de la Fed haya orillado a dos bancos a creer que efectivamente se alzarían los tipos de interés en esta reunión,  pone en riesgo la credibilidad del banco central.

 

Tom Porcelli, analista de la firma RBC Capital Markets, refirió que una subida de tasas de interés sería una gran sorpresa: “Sería comparable a la disrupción en los mercados que fue ocasionada por la mala ejecución de la política restrictiva que vimos el año pasado”.

 

Analistas coincidieron en que la Fed se encuentra atada de manos por el mercado.

 

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