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CRóNICA

La anti-selfie cultura pop de Andy Warhol

Indigo Staff

“En el futuro todos serán famosos durante quince minutos”, la predicción de Andy Warhol se vuelve limitada para el público que se da cita en la exposición “Estrella oscura”. La razón: no está permitido tomarse selfies durante la mayor parte de la muestra. Los jóvenes que se ven atraídos por la “expo de moda” se enfrentan a la restricción de no poder utilizar su celular.


Jun 24, 2017
Lectura 6 min

“En el futuro todos serán famosos durante quince minutos”, la predicción de Andy Warhol se vuelve limitada para el público que se da cita en la exposición “Estrella oscura”. La razón: no está permitido tomarse selfies durante la mayor parte de la muestra. Los jóvenes que se ven atraídos por la “expo de moda” se enfrentan a la restricción de no poder utilizar su celular.

“Está prohibido tomar fotografías. Solo en la pared de las vacas y el sótano podrán tomarse fotos”, es la primera advertencia de una chica encargada de dar la bienvenida a los asistentes, antes de que las puertas del gran elevador se cierren y empiece el recorrido. 

Cinco párrafos en español e inglés cuentan la historia del artista, pero pocos se detienen a leer porque enfrente está una de las oportunidades de dar  legitimidad de su visita:  la gran pared amarillo canario donde se repite una y otra vez la imagen de una vaca rosa, la misma que se usa como fondo para la tan deseada y limitada selfie.

Ya con la pose perfecta y las etiquetas adecuadas -#AndyWarhol #popculture #jumexmuseum- la foto se publica en Instagram y Facebook. La multitud se dispersa del pasillo y está lista para entrar a la sala donde la famosa lata de sopa Campbell’s aparece casi de forma inmediata. 

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Luego de unos pasos, cuando el grupo comienza a avanzar, a dispersarse, se puede distinguir la variedad de los visitantes, al fondo se observan unas señoras con bolsas Michael Kors, más cerca otras damas no pierden la oportunidad de destacar que ya conocían las obras pertenecientes a The Andy Warhol Museum, en Pittsburgh.

“No solo ponía pintura y ya. Se esmeraba porque unos (cuadros) estuvieran más o menos difuminados”, explica más delante un joven de apariencia desalineada, pantalones de mezclilla, una playera roja y tenis notoriamente sucios, que se muestra emocionado por tener en frente la obra Campbell’s soup Cans que en 1962 creara Warhol y que 55 años después sigue siendo una representación de la cultura pop.

Sin embargo, la mayoría de las discusiones giran en torno a la belleza de dos mujeres:  Marilyn Monroe  y Elizabeth Taylor. 

Marilyn y sus labios rojos carmín, considerada un símbolo sexual que se vio envuelta en tormentosas relaciones amorosas, además del escandaloso  “Happy Birthday Mr. President” dedicado a John F. Kennedy. 

Taylor, la mujer de ojos color violeta, con una gran fascinación por las joyas, una tormentosa vida privada que atrajo la atención de más de uno y se dio el lujo de casarse ocho veces. Ambas marcaron tendencia en el mundo. Sus cuadros comparten la misma sala de exhibición, como en su época compartieron los 20th Century Fox.

Ver: Andy Warhol: atormentado y cotizado

Pese a que la belleza de las actrices es lo que lleva al debate a los asistentes al recinto ubicado en Polanco, en su discurso Warhol declaró no sentir que sus pinturas representaran a los símbolos sexuales de la época como Monroe o Taylor. “Yo veo a Monroe como cualquier otra persona“, se lee en una de las paredes que nadie se molesta en leer pues, a pesar de no haber limite de tiempo para permanecer en la habitación, parecen tener prisa por ver algo más.

La salida de la sala es caótica, pues la fiebre de la foto con las vacas rosas continúa. Hasta el guarura de una chica que destaca por su altura y su cuerpo robusto, cabello, largo, oscuro y perfectamente lacio, que va acompañada de sus tres amigas funge como fotógrafo en más de una ocasión.

El recorrido sigue por  la segunda galería, no dura lo mismo que en la primera, a pesar de que hay más obras (cincuenta y tres), además de ocho vitrinas, en las que se exhiben objetos personales del artista que algunos no pueden evitar tocar aunque esté prohibido. 

El solo hecho de tener el celular en la mano enciende las alertas de los elementos de la Policía Bancaria e Industrial que resguardan el área, y te hace acreedor de una llamada de atención y la invitación a guardarlo inmediatamente. 

Es fácil distraerse entre los besos de las parejas, las risas de los amigos y los susurros, porque aunque lo intenten, nadie se queda a analizar la técnica con la fue grabado  el rostro de Jackie Kennedy, ni las cajas de cereal  Kellogg’s que están apiadas en el centro del salón son tan atractivas para robarle al espectador un par de pasos más hacia donde se encuentra;  las miran de lejos y sin sorpresa.

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La tercera sala es de entrada por salida. La gente parece huir del pequeño cine donde se exponen cintas de Warhol. “Son jotos mira, vamos” se escucha en todo el lugar mientras el una pareja de novios, un hombre y una mujer,  cruza entre los sillones y ven con disgusto la pantalla donde se  reproduce un besos entre dos hombres. No importa que solo sea un video, ni que a la entrada especifique que son actores, no importa que junio sea el mes del orgullo gay y mucho menos importa que actualmente se luche por la inclusión de la comunidad LGBTTI en la Ciudad de México.

Al menos 40 retratos de Andy Warhol dominan la última parte de la exposición que está ambientada por el playlist “Andy Warhol: Estrella oscura” que el Museo Jumex creo para este evento.  The Velvet Underground  y David Bowie se escucha mientras la gente espera para entrar a una cámara donde hay globos metálicos rectangulares, los mismos de cualquier fiesta de cumpleaños, con los cuales sí se puede cumplir el cometido: guardar en una selfie la prueba de la visita al museo

El tumulto sale y busca llevar alguna otra evidencia de su asistencia. Preguntan por todo, el catalogo es el más caro 980 pesos; hay playeras en 250 pesos; una enciclopedia de arte, en 300; libretas que van desde los 150. Pero todos salen con dos o más latas de jugo de edición especial que se venden en 20 pesos y que, según la vendedora, bien se pueden conseguirse en el super mercado.

“Odie que no dejaran tomar fotos”, se escucha decir a algunos que, con jugo en mano, aceptan estar decepcionados pues esperaban más del pop art.


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