En la carrera por encontrar una vacuna se encuentra un elemento clave del que poco se habla: los ensayos clínicos.

Este tipo de prácticas involucran a una gran cantidad de pacientes con diferentes características, y aunque sus beneficios no son tan notorios por la gravedad de algunas personas, desde el Hospital Brigham and Women’s en Boston, el médico venezolano de enfermedades infecciosas Francisco M. Marty, encabeza uno de los esfuerzos más importantes en este momento.

La mayoría de las pruebas se realizan con remdesivir, un medicamento que el infectólogo explica que no ataca al virus de manera frontal, sino su propagación dentro de los pacientes.


Los ensayos clínicos son muy importantes porque permiten demostrar en un sentido más general qué aproximaciones terapéuticas o tratamientos funcionan mejor para los pacientes con COVID-19

Francisco M. Marty

Infectólogo y profesor asociado de la Facultad de Medicina de Harvard

“En este momento estamos en el camino por demostrar que los tratamientos realizados en etapas tempranas pueden ayudar a recuperar a los pacientes”, precisa el también profesor asociado de la Facultad de Medicina de Harvard.

Este tipo de muestras se realizaron por primera vez en Estados Unidos y los resultados que se han obtenido son considerados por la OMS como un “rayo de esperanza” para acabar con el COVID-19.

En mayo, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) emitió una autorización de uso de emergencia para que el remdesivir pudiera ser administrado por vía intravenosa por los proveedores de atención médica, según corresponda, para tratar el COVID-19 sospechoso o confirmado por laboratorio en adultos y pacientes pediátricos hospitalizados con enfermedad grave.

Aunque la eficacia de este tratamiento se mantiene bajo evaluación, los resultados preliminares de los ensayos clínicos han demostrado que, en promedio, los pacientes tratados con remdesivir tuvieron un tiempo de recuperación más rápido.

Aprender la lección para mejorar ensayos clínicos

Uno de los medicamentos más polémicos durante la pandemia ha sido la hidroxicloroquina, que se usa para tratar varias complicaciones del lupus y trastornos del tejido conectivo.

Investigadores y científicos de todo el mundo rechazan que su aplicación ayude a la recuperación del COVID-19.

En una última investigación elaborada por la FDA se revocó la autorización de la hidroxicloroquina y cloroquina al considerar que no cumplen con los criterios legales.

“De manera personal nunca me pareció una buena propuesta el uso de hidroxicloroquina y fue sorpresivo que se comenzara a utilizar cuando en otras enfermedades virales nunca dio los resultados esperados”, dice Francisco M. Marty.

El otro desafío

Mientras las grandes potencias apresuran el paso para encontrar una vacuna, los países de bajos y medianos ingresos se enfrentan a una situación mucho más crítica, ya que al tener servicios de salud ineficientes y falta de cobertura médica, el golpe de la pandemia es mucho más profundo.

Si en los siguientes meses o años se descubre una cura, las economías emergentes tendrán que esperar como ya ha ocurrido en otras ocasiones.


Los países en desarrollo se encuentran en una situación de desventaja, ya que no cuentan con recursos suficientes para financiar investigaciones científicas y se teme que la vacuna del COVID-19 tarde mucho más en llegar a estas poblaciones

Cifras de la OMS revelan que al menos 1.5 millones de personas mueren en todo el mundo a causa de enfermedades que se pudieron tratar con una campaña de vacunación, muchas de esos fallecimientos ocurren entre niños y personas mayores de 60 años en países de bajos ingresos.

Con el objetivo de que la cura del COVID-19 esté al alcance de todo el mundo en el menor tiempo posible, la Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización, conocida por sus siglas en inglés como GAVI, lideró una recaudación de fondos que se utilizarán en la compra de vacunas y se enviarán a los países en desarrollo.

GAVI logró que los líderes gubernamentales y empresariales se comprometieran a donar 567 millones de dólares para ayudar a los trabajadores de la salud y a las personas en condición de mayor vulnerabilidad.

Aunque los esfuerzos de estas organizaciones son elementales para proteger a millones de personas, Alejandro Macías Hernández considera que uno de los mayores problemas es que para poder conservar vacunas se necesitan refrigeradores que funcionan con energía eléctrica y en muchos de estos países no existen las condiciones para almacenarlas.

“Las naciones de bajos y medianos recursos se enfrentan a una doble crisis porque no tienen acceso a vacunas tan pronto y en muchos de los casos sus centros de salud son inaccesibles, lo que dificulta aún más la aplicación o seguimiento de sus tratamientos”, dice el infectólogo.

Pequeña contribución

México es considerado como uno de los mercados emergentes más importantes a nivel mundial, pero el manejo de la actual crisis sanitaria ha generado desconcierto entre expertos nacionales e internacionales.

El desarrollo de una vacuna requiere de una gran inversión y el gobierno mexicano no cuenta en este momento con los recursos suficientes, por ello la Secretaría de Relaciones Exteriores convocó a un grupo de 18 expertos provenientes de instituciones y universidades para representar al país en la OMS a través de la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI).

Por ahora, el equipo trabaja en tres propuestas desarrolladas por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), y el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).


José Alfredo Vázquez Vázquez expone que en México hay especialistas con mucho talento, pero se enfrentan a la falta de infraestructura y tecnología para poder sumarse a la búsqueda de una vacuna, por lo tanto es recomendable que en el país no se deje de hacer investigación y apoyar en la medida de las posibilidades

“Mientras el mundo encuentra una vacuna los especialistas mexicanos deben seguir realizando estudios para que no solo se queden con la información que les proporcionan los otros gobiernos o instituciones internacionales. No importa si no se desarrolla una vacuna como tal aquí, no debemos relajar los esfuerzos”, detalla el jefe de Infectología del Centro Médico Dalinde en Ciudad de México.

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