Cubiertos con batas, guantes, cubrebocas, goggles y caretas, las enfermeras y enfermeros enfrentan todos los días una dura batalla contra el tiempo y contra algo imperceptible a la vista: el COVID-19.

El personal médico y de enfermería no solamente se esfuerza para vencer al SARS-CoV-2 en la llamada “primera fila” de los hospitales; también cuidan a las familias, tratan de animarlos e, incluso, darles palabras de apoyo, alentándolos a salir adelante de sus propias batallas, aunque con ello comprometan su bienestar.


Con esta situación que estamos viviendo de la pandemia queda más que comprobado que el gremio de enfermería está al pie del cañón desde siempre y en todo momento. Los primeros que vamos a responder somos nosotros y si por algo nos caracterizamos es por saber actuar en situaciones difíciles, porque tenemos la capacidad

Mayra Bastida Hernández

Licenciada en Enfermería y obstetricia que trabaja en el Instituto Nacional de Cancerología

La egresada de la UNAM se dice orgullosa de estar poniendo “su granito de arena” durante esta situación histórica y de demostrar que su gremio es un pilar fundamental, ya que sin ellos, no se habría podido enfrentar la pandemia y los resultados serían aún peores.

De acuerdo con la Secretaría de Salud Federal, al 26 de abril de 2021, se tienen registrados 235 mil 343 casos confirmados de COVID-19 en el sector salud, siendo la Ciudad de México, el Estado de México, Jalisco, Guanajuato y Nuevo León los más afectados. Asimismo, se informa que hubo 3 mil 829 muertes confirmadas y 191 sospechosas, de los cuales 69 por ciento fueron hombres y el resto mujeres.

El 12 de mayo se conmemorará el Día Internacional de la Enfermería, fecha en que nació Florence Nightingale, considerada la fundadora de la enfermería moderna, día para conmemorar a los héroes y heroínas que hoy se enfrentan a la pandemia y que se han convertido en un ejemplo, haciendo que se revalore esta noble profesión.

Enfermeras Invisibilizadas

Desde muy pequeña, Mayra Bastida sabía a lo que se iba a dedicar. Recuerda que cuando jugaba con sus muñecas todas tenían heridas, vendas y curitas; siempre se veía cuidándolas, siendo su enfermera.

“Recuerdo mucho que me llevaban al Hospital Gea González, donde trabajaba una familiar y yo las veía a todas ellas y decía ‘¡qué cosa tan hermosa!’ Se veían todas bonitas como muñequitas”, comparte Bastida.

Le enamoró el saber que cuidaban a las personas y que era totalmente diferente a lo que hacían los médicos, quienes se dedicaban a curar. El saber que algún día ella cuidaría a alguien, que una persona iba a depender de ella para salir adelante, fue lo que la llevó a elegir esta profesión.

Ahora que la practica, reconoce que la gente no siempre sabe valorar esta tarea de enfermeras y enfermeros, ya que además de que se sigue pensando que simplemente son “ayudantes de los doctores”, no son bien remuneradas.

“Nuestra profesión abarca a la familia, no solo al paciente, porque tienes que cuidar también de ellos, cuando los familiares perciben esa empatía es muy bonito y te dan las gracias; sin embargo, no somos bien pagadas, hay otros países como España, Canadá o Estados Unidos, donde les va mucho mejor”, comenta.

La enfermera Corina Evelyn Cruz Martínez, quien labora en el Hospital General Regional no. 2 de Traumatología y Ortopedia, concuerda con Mayra Bastida y critica que al final quien se lleva el crédito sea el médico, quien, en muchas ocasiones, sólo sale a dar la cara una vez, mientras que el personal de enfermería es quien se encarga de todos los cuidados.

“Me gusta mucho mi trabajo, pero siento que no se valora, porque a veces hacemos mu- cho más que otros del personal, cubrimos áreas que podríamos decir que no nos tocan, pero es lo que hace completa a una enfermera. A veces eres ese brazo que tu paciente no tiene, ese apapacho que necesita él o su acompañante”, describe.

Todas las agresiones que sufrió el personal de enfermería el año pasado debido a que la gente tenía miedo de que los fueran a infectar, es muestra para Rosa María Hernández Mondragón, enfermera general del Hospital Ángeles del Pedregal, del desprecio que existe socialmente hacia su gremio.

“Inclusive lo podemos ver en los pacientes con diferente carácter, educación, hay veces que son groseros, no hay una aceptación, nos ignoran. En la calle nos echaban cloro, nos decían de cosas, nos insultaban, durante ese tiempo estaba prohibido que llegáramos uniformadas al hospital, teníamos que escondernos”, platica la enfermera con más de 25 años de experiencia.

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