Mónica Rojas ha sido enermera durante nueve años en el Hospital 20 de Noviembre del ISSSTE, ama la enfermería y, confiesa, no la cambiaría por nada, pues le ha dado grandes aprendizajes, como afrontar situaciones difíciles y el valor del compañerismo; no obstante, la actividad de las enfermeras es muy demandante.

“Sacrifiqué el poder hacer mis actividades normales, traer todo el equipo de protección, tiempo, mi salud mental y perdí cabello por el estrés, así como a un compañero de trabajo, era un camillero que era de mis respetos y el mejor que he conocido en mi vida”, relata Mónica.

Su área de especialidad son los niños con cáncer, pero fue a finales de abril de 2020 cuando les llegó el primer caso positivo de COVID-19, en ese momento, lo desconocían y no sabían qué medidas tomar.

Lo primero que Mónica sintió fue miedo, nunca pensó que podían llegar contagiados a esa especialidad, por lo que sí hubo compañeras enfermeras infectadas, a pesar de que contaban con parte del equipo de protección.

“La atendimos diferente porque teníamos que usar guantes, careta, el trabajo es más difícil, pesado y estresante. Al final, se llevaron a la niña al área que tenía que estar, pero esa experiencia fue nueva, no estábamos preparados, todos teníamos miedo de lo que iba a pasar, a lo mejor, no a nosotros, sino el miedo de llevárselo a nuestros familiares, porque no sabemos si vamos desinfectados, si el cuidado que tuvimos estuvo bien hecho”, relata.

“Trabajar con niños con cáncer ha sido el mejor aprendizaje que he tenido, los mejores guerreros que he conocido en toda mi vida, mis respetos para ellos y sus papás, siempre”, concluye Mónica Rojas.

Por su parte, Selene Ríos Saldívar, licenciada en Enfermería, egresada de la FES Zaragoza, actualmente se encuentra trabajando en la primera Clínica de Geriatría de los Servicios de Salud Pública.

Saldívar labora en el primer nivel de atención, el cual, se enfoca en la promoción de la salud y prevención de enfermedades como hipertensión y diabetes, así como descubrir en etapas tempranas enfermedades terminales.

Tras la pandemia, confiesa, ha tenido un proceso lento de adaptación, pues muchas medidas cambiaron, no obstante, su trabajo es crucial, ya que atiende a los pacientes que se van a hacer pruebas; además, es su responsabilidad que los adultos mayores estén enterados de todos los cuidados que deben tener si enferman, evitando que haya más contagios.


Lo que he sacrificado en la pandemia es tiempo, el no poder convivir con mi familia directamente, compañeros y amigos, sin embargo, para mí, es un orgullo dedicarme a esta profesión del cuidado

Selene Ríos Saldívar

Licenciada en Enfermería egresada de la FES Zaragoza

A lo largo de jornadas de seis horas y media, de lunes a viernes, y los sábados de siete horas y media, ella encuentra en su profesión muchas satisfacciones. Además, ve como un gran reto el estar al cuidado de la población adulta.

“El mayor reto fue aprender y conocer un poco de las ramas de gerontología y geriatría, que son muy vastas, pues en la carrera no te preparan para cuidar por completo a un adulto mayor, desde hace cinco años lo he aprendido sobre la marcha, estudiando y preparándome para brindar la mejor atención de calidad y calidez a mis pacientes”, recalca Saldívar.

Enfermeras, unidas lo pueden todo

La pandemia por COVID-19 llegó a números impensables, a tal grado que hospitales como el Centro Nacional 20 de Noviembre, del ISSSTE, tuvieron que hacer que su personal trabajara jornadas muy pesadas.


Llegó un momento en que nos quitaron todo, nos quitaron los días que teníamos concedidos y nos suspendieron vacaciones; entonces, era trabajar a marchas forzadas sin descanso ni nada, y eso fue muy agotador porque finalmente nos afectó más emocionalmente que físicamente

Esther Vázquez

Licenciada en Enfermería con especialidad en Terapia intensiva

Muchas de sus compañeras comenzaron a tener ansiedad, depresión o a enfermarse físicamente, lo que reducía en ocasiones el personal activo y triplicaba el trabajo, exigiéndoles más a las que seguían de pie.

En entrevista con Reporte Índigo,las enfermeras coincidieron en que a pesar del cansancio y los momentos difíciles que han tenido que superar, les gusta mucho su trabajo, el cual es fundamental y la población no siempre valora.
En entrevista con Reporte Índigo,las enfermeras coincidieron en que a pesar del cansancio y los momentos difíciles que han tenido que superar, les gusta mucho su trabajo, el cual es fundamental y la población no siempre valora.

Trabajar así fue tan desgastante que el hospital tuvo que llevar a un perrito, Harley “El tuerto”, para que de alguna manera las compañeras descargaran todas las emociones negativas que traían, como el miedo o la ansiedad; es decir, servía como terapia para el personal de enfermería.

“Unas a otras nos motivábamos en los diferentes turnos para continuar, porque era mucho cansancio extremo, no teníamos derecho a ningún día, era continuo el trabajo”, platica Esther.

Rosa María Hernández Mondragón agradece que la pandemia le haya tocado enfrentarla en un hospital del sector privado, porque conoce casos de compañeras de hospitales públicos que tuvieron que comprar sus propios materiales, como guantes, caretas y cubrebocas, porque había carencia de equipo.

“Ha sido difícil, porque hemos visto caer tanto a compañeros como médicos, además desesperante el estarse vistiendo de una forma que parece uno astronauta y durar 10 horas así”, dice.

Ante todos estos sacrificios que están haciendo, los enfermeros y enfermeras no entienden cómo a la gente parece no importarle la pandemia, ya que a la menor provocación llenan las playas, bares y plazas comerciales sin cumplir los protocolos de salud necesarios para evitar más contagios.

“Al principio había enojo, un poco de frustración, porque hay muchas personas que están abarrotando las plazas, cines, centros culturales y bares, y que no están tomando las medidas necesarias, lamentablemente cuando los atendemos ya es muy tarde y a veces nos culpan de que ya no los podemos salvar, cuando los que no tuvieron conciencia fueron ellos”, comparte Jorge Luis García Mireles, enfermero general del Hospital no. 197 de Texcoco, perteneciente al IMSS.

Otro de los sacrificios que está haciendo el personal de enfermería es el de alejarse de sus familiares para no contagiarlos, como Corina Evelyn Cruz Martínez, quien tuvo que separarse de su hija de seis años cuando comenzó la pandemia. La mandó con una tía, para protegerla.

“Fue feo alejarme de ella, creo que ha sido el sacrificio más grande que tuve que hacer. Creo que es lo más difícil, tener que separarse de la gente que quieres para poder seguir trabajando”, explica Cruz Martínez.

Tanto Evelyn como Jorge Luis ya se infectaron de COVID-19, afortunadamente los dos lograron superar esta difícil prueba y continuar con la dicha y el privilegio de acompañar junto a otras enfermeras y enfermeros a las personas en sus peores momentos.

También puedes leer: Enfermeras y enfermeros, siempre adelante y dispuestos