Encapuchados de la Red

El 20 de noviembre, miles de mexicanos salieron a las calles para protestar.

Lo hicieron de forma pacífica y ordenada. Cargaron con carteles que exigían que volviera la paz y gritaron consignas contra las autoridades que les han fallado.

Llegaron al Zócalo y expresaron a los cuatro vientos que era hora de ser escuchados.

Al caer la noche, la mayoría regresó a sus hogares. Entonces llegaron los encapuchados...

Decenas de personas con el rostro cubierto lanzaron cohetones y bombas molotov contra los elementos que resguardaban Palacio Nacional.

Carolina Hernández Carolina Hernández Publicado el
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Una investigación de "The New York Times" reveló que cada vez son más los que sin leer mas que un encabezado, le dan ‘share’ a la nota sin siquiera saber su contenido
http://youtu.be/HOXYw8aKXgo

El 20 de noviembre, miles de mexicanos salieron a las calles para protestar.

Lo hicieron de forma pacífica y ordenada. Cargaron con carteles que exigían que volviera la paz y gritaron consignas contra las autoridades que les han fallado.

Llegaron al Zócalo y expresaron a los cuatro vientos que era hora de ser escuchados.

Al caer la noche, la mayoría regresó a sus hogares. Entonces llegaron los encapuchados…

Decenas de personas con el rostro cubierto lanzaron cohetones y bombas molotov contra los elementos que resguardaban Palacio Nacional.

En pocos minutos, la manifestación se volvió violenta y el fuego y los enfrentamientos aparecieron en los encabezados del día siguiente.

Esa batalla no solo se libra en las calles, las redes sociales también son territorio para los “anarquistas”. Campo fértil para los “encapuchados”.

En las últimas semanas, en los muros y timelines de Facebook y Twitter han desfilado cientos de miles de comentarios de mexicanos que denuncian la corrupción y la impunidad.

Videos de abusos policiacos, reflexiones, fotografías, noticias, investigaciones sobre casos de corrupción. La información y las denuncias inundan las redes a cada minuto.

Ahí es cuando entran en escena esos “encapuchados virtuales”.

Son usuarios que confunden con sus “posts”, que siembran información falsa, utilizan ejércitos de bots para boicotear movimientos legítimos como el famoso #YaMeCansé.

No respetan bandos. Se valen de la inmediatez de las redes para sembrar dudas, generar confusión y manipular la opinión.

Nadie sabe quiénes son o para quién trabajan.

La era del scroll

En una colaboración para The New York Times, el periodista Karl Taro Greenfeld reveló que cada vez son más las personas que solo leen encabezados.

Y cada vez son más los que después de eso, le dan “share” a la nota sin siquiera haber leído su contenido.

No solo eso, muchos de esos usuarios opinan sobre el tema provocando una ola de información que muchas veces no es verdadera pero que luego de ser repetida en miles de muros o timelines, se vuelve una “verdad”.

Este fenómeno podría aplicar perfectamente a la conversación sobre la crisis de gobernabilidad que hoy se vive en México.

Hace pocos días una nota se volvió viral y apareció por todos lados.

El encabezado decía: “Lucero arremete contra el Teletón y Televisa” y citaba: “Yo no participaré en las mentiras del Teletón”.

La imagen era sorprendente, un screenshot mostraba a Lucero y en segundo plano el periodista Jorge Ramos.

La liga llevaba al sitio www.primerimpacto.net, el cual ofrecía la nota completa con la supuesta transcripción de quien ha sido la vocera del Teletón por varios años.

En la nota -que resultó falsa- la artista acusaba a la televisora de deducir sus impuestos con las donaciones de los mexicanos.

El anzuelo fue bien colocado y no faltó quién lo mordiera. Rápidamente miles de internautas indignados compartieron el artículo.

El efecto fue tal, que medios como La Jornada y Terra retomaron la información y publicaron notas sobre las falsas declaraciones. En el caso de La Jornada el artículo fue bajado en pocos minutos. Terra a su vez, se disculpó por la publicación.

Pero el daño estaba hecho. Para entonces, los comentarios sobre Televisa, su relación con la actual administración y la supuesta opacidad del Teletón ya estaban por todos lados.

Si un artículo pudo tener ese impacto, una imagen puede decir mil palabras.

Ese fue el caso de una foto de la primera dama de Estados Unidos, Michelle Obama, en la que aparecía tomando un cartel que decía “#Bring Back our 43” (Regresen a nuestros 43).

También se hizo viral. Sin embargo, también era falsa.

La imagen real fue utilizada para apoyar a las niñas secuestradas en Nigeria por el grupo Islamista Boko Haram.

¿Bajo ataque?

El miércoles 3 de diciembre, el #YaMeCansé -que durante 27 días estuvo como trendig topic- desapareció del mapa.

Dos son las teorías para lo que sucedió: una, que fue un ataque masivo de bots. La otra, que fue un proceso provocado por la publicidad.

En el portal de Sopitas.com se reportó que el ataque –que logró desaparecer el hashtag de la noche a la mañana- causó indignación y levantó sospechas de censura por parte de facciones favorables al Gobierno Federal.

Pero ¿qué fue lo que realmente pasó?

Para Sopitas la causa de que la conversación haya dejado de ser trending topic pudo haber sido a causa de los bots.

“En el mundo virtual existe literalmente un ejército de cuentas automatizadas que se encargan de echarle porras al gobierno y atacar las conversaciones de la gente, evitando que se comuniquen”.

“Son miles de cuentas de personas inexistentes que se han encargado en el pasado de censurar temas, atacar hashtags de los que habla la gente y evitar que se vuelva Trending Topic”.

De acuerdo al sitio,  Twitter se encarga de analizar las tendencias más importantes y sobre todo se cerciora que la conversación se trate de algo genuino y real.

“Sin embargo, una red de bots no genera estas redes porque mandan mensajes automáticos de SPAM que diluyen el contenido”, se lee en Sopitas.

“Los bots no se comunican entre sí y repiten hasta el cansancio un contenido. Ellos nos se comunican y Twitter decide, con la ayuda de un programa, que la tendencia no es natural: que no se trata de un conversación real, por muchos tuits que existan”.

Otra de las teorías de la desaparición tiene que ver con un abuso del hashtag para generar publicidad.

De acuerdo a otras versiones el hashtag #Yamecansé pudo haber comenzado a ser utilizado por marcas para posicionar algunos productos.

El efecto es el mismo que el anterior. El algoritmo de Twitter detecta que el trending topic no está siendo utilizado para lo que fue creado y el hashtag desaparece poco a poco.

Aún así la comunidad tuitera no se quedó con los brazos cruzados.

Inmediatamente después que el #Yamecansé bajó de categoría miles de usuarios posicionaron el #Yamecansé2, el cual en pocas horas se colocó como trending topic en la Red.

El desaparecido

Teoría 1
> Un Trending Topic se crea cuando hay novedad y mucha gente escribe sobre el tema. La clave está en la velocidad con la que aparecen los mensajes, no en la cantidad.Si mil personas escriben en un minuto 10 mensajes, en los primeros 30 segundos, ya hay un Trendig Topic.

> Durante 27 días, el #Yamecansé tuvo una velocidad constante, es decir, había momentos en que en un minuto había 10 mil mensajes con #Yamecansé.

> Lo que hacen los bots es que mandan un montón de cuentas que no son personas, son automatizadas, a escribir sobre el tema. En este caso fueron cerca de 54 mil. Lo que hacen es bajarle el índice de novedad.

> Entonces el algoritmo de Twitter que mide la velocidad y el índice de novedad, registra que el tema ya no es novedoso, pues los bots uniforman la velocidad.

> Cuando la gente conversa en un trending topic se crean redes, se crean articulaciones, pero cuando entran los bots, esas redes se diluyen porque crean mensajes inconexos y eso no solo disminuye la velocidad si no también las conexiones y la conversación deja de interesar.

Teoría 2
> Para algunos especialistas algunas marcas y contenido de publicidad utilizó el hashtag para posicionar sus productos en Twitter.

> De acuerdo a esta visión el algoritmo de la red social detectó que muchas conversaciones que tomaron el hashtag eran publicitarias por lo que poco a poco fue bajando su impacto.

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Una tendencia con nombre y apellidos Por Peniley Ramírez 

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