En respuesta a esta avanzada del partido oficial, la oposición ha buscado reagruparse. El PRI, que gobierna Sonora y Sinaloa, y el PAN, que hace lo propio en Baja California Sur y Chihuahua, apostaron a unirse para tratar de frenar a Morena. Incluyendo al PRD en su coalición, que tiene un peso mínimo en la región.

Los tres partidos otrora rivales acordaron forjar coaliciones por las gubernaturas en cuatro de las 6 entidades en juego.

En Sinaloa y Sonora postularon a los priistas Mario Zamora y Ernesto Gándara, este último incluso propuesto por el PAN. Mientras que en Baja California y Baja California Sur, presentan al panista Francisco Pelayo y a la ex miss universo Lupita Jones como candidata externa, respectivamente.

Como parte de su estrategia de campaña, los candidatos de Va Por México y los partidos que lo conforman han impulsado la narrativa de “defender” al norte e impedir que Morena se haga de espacios.

Así lo hizo el priista Ernesto Gándara el pasado 17 de mayo al recibir a Ricardo Bours, quien renunció a ser abanderado de Movimiento Ciudadano para sumarse a su proyecto.

“Eso yo lo entiendo más al calor de una campaña electoral. Finalmente, esto se trata de ganar una elección y recurren a todas las estrategias legales y discursivas posibles.

“Los partidos de oposición no han sabido traducirlo en un discurso que llame la atención y despierte cierto ánimo localista o regionalista. Es lo que les ha faltado y nada más atinan a decir ‘no dejemos que Morena entre’. Hace falta darle mucho más sentido.


¿Por qué un elector que en 2018 votó por Morena tendría que votar por un candidato de Va Por México en Sonora, en Baja California, en Nuevo León o Sinaloa? La oposición no ha alcanzado a construir una alternativa. No se trata solo de decir ‘López lo ha hecho mal’, la pregunta es qué ofrecen como alternativa real y creíble, ahí es donde les ha faltado

Luis Carlos López Ulloa

Académico de la Universidad Autónoma de Baja California

De igual manera, considera que la coalición Va Por México debió haber tenido tiempo para “cuajar” de manera homogénea en los estados.

“Esta no es una elección nacional, se nos olvida que son elecciones locales. No está en juego la Presidencia ni el Senado de la República. Son diputaciones federales y gubernaturas que, en estricto sentido y en primera instancia, deben atender los problemas locales”.

Por su parte, Loza Otero opina que la postura de las fuerzas de oposición en cuanto a impedir la avanzada de Morena en el norte “es un discurso electoral lógico.

“Los estados del norte, en general, han construido una narrativa de sí mismos como estados que tienen dificultades climáticas, que no tiene la disponibilidad y la riqueza del sureste y que eso ha sido compensado con esfuerzo, trabajo y dedicación.

“Hay una cultura regional bastante clara que suele contrastarse mucho con los modos de quienes vivimos en el centro o en el sur.

“A mí no me gusta su postura, todo discurso que subraye esas diferencias, las distancias entre grupos sociales o regiones, termina siendo divisivo. Pero me parece que es efectivo y que es comprensible. Es un tipo de discurso que convoca al elector, lo moviliza”, comenta Loza.

Izquierda y Morena a medias

El norte podría verse como un reto para los proyectos de Morena. Primero porque los partidos denominados de izquierda apenas habían logrado dos gubernaturas, las de Leonel Cota y Narciso Agúndez por el PRD en sexenios consecutivos en Baja California. Otros dos triunfos, en Sinaloa y Durango, fueron en coalición con el PAN y postulando a los expriistas Mario López Valdés y José Rosas Aispuro.

Esto se suma a los resultados de la coalición que postuló a López Obrador en sus primeras dos campañas presidenciales, siendo que en ambas no ganó en uno solo de los nueve estados norteños.

En 2006, la alianza PRD, PT y MC apenas logró dos senadurías por mayoría relativa en Baja California Sur y, en 2012, solo rescataron una por primera minoría en el mismo estado.

Sobre esto, el profesor López Ulloa apunta que “el norte se le ha dificultado a la izquierda, pero depende de épocas. Por ejemplo, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, F en la elección de 1988, oficialmente ganó la elección presidencial en Baja California y, al siguiente año, ganó Ernesto Ruffo la gubernatura para el PAN”.

Por otra parte, cuestiona qué tan de izquierda se puede denominar al partido de López Obrador.

“Es un partido que amalgamó una serie de estructuras electorales que ya no tenían mucho margen de negociación en sus partidos originarios, se agregaron a esta nueva opción política y, hasta lo que hemos visto hoy, electoralmente les ha dado muchos resultados y pareciera que les va a dar más el 6 de junio”.

Como ejemplo, señala a Alfonso Durazo, cuya carrera ha transcurrido en PRI, PRD, MC y hasta como secretario particular de Vicente Fox

O María del Pilar Ávila, esposa de Carlos Torres, quien integró el grupo político de Felipe Calderón en el PAN. De igual forma está el caso de Víctor Fuentes, senador panista postulado por Morena a la alcaldía de Monterrey. Tras renunciar a la candidatura, volvió a la fracción parlamentaria y su relevo fue Felipe Cantú, también panista hasta este 2021.


Podría discutirse, sobre todo el 2018 tratándose del Presidente de la República y el efecto que tuvo de arrastre, que fue una izquierda muy pragmática. Con muchas alianzas a la derecha, con muchas concesiones a partidos y grupos conservadores, como puede ser el propio PES, o el guiño a sectores empresariales

Nicolás Loza

Académico de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales

Como argumento, contrasta el discurso regionalista de Samuel García con las acciones de López Obrador.

“Él ha dedicado más recursos al sur, sus proyectos están localizados allá y su argumento no es de rivalidad regional, sino más bien de desigualdad regional. Que el sur está abandonado, que es pobre y que está muy rezagado. Pero no ha hecho referencias a un norte egoísta, abusivo o explotador”, concluye.

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