Tras la elección de Obama en 2008, la agenda del vecino país se centró en una nueva política en materia de seguridad interior más que externa

Intentar la regulación del fenómeno migratorio entre México y Estados Unidos siempre ha sido una bandera electoral y también una aspiración, en especial para nuestro país.

Sin embargo, el “mal timing” ha jugado en contra de la evolución de las políticas y reformas migratorias que hasta la fecha han sido escasas en ambos lados de la frontera.

Al inicio del sexenio de Vicente Fox, la intención de concretar una reforma migratoria conducida por el canciller Jorge Castañeda fracasó.

Su apuesta por “the whole enchilada” que aspiraba legalizar a todos los mexicanos indocumentados en la Unión Americana y dar fin a las muertes en la frontera se paró en seco tras el ataque a las Torres Gemelas, que provocaron que el presidente George W. Bush solicitara a su homólogo mexicano el apoyo de tropas para invadir Irak.

El artículo 89, fracción 10, de nuestra ley exterior subraya como tradición la no intervención y no fue posible enrolar a las tropas mexicanas en esa empresa, lo que interrumpió toda la gestión que venía realizando Castañeda y en la que “él subestimaba los principios de la política exterior y sobrestimaba el interés nacional respecto a esta enchilada completa”, de acuerdo con Iliana Rodríguez Santibáñez. 

Lo que sí ocurrió, en opinión de la investigadora del Departamento de Estudios Jurídicos y Sociales del Tecnológico de Monterrey, es que se endurecieron las medidas de seguridad en Estados Unidos y se fortalecieron también las medidas de emisión de visados.

“Todo supuso una nueva geopolítica en aras de protegerse contra el terrorismo y se volvió una política de Estado la seguridad nacional más que los temas de carácter migratorio y bilateral”, apunta la especialista. 

Tras ser electo en 2008, Barack Obama centró su agenda en una nueva política en materia de seguridad interior más que externa. Ello anticipó que la reforma migratoria no llegaría muy lejos.

El cambio en casa

Sea quien sea el presidente de los Estados Unidos, según la investigadora, el panorama no será del todo positivo para los migrantes. 

No considera se den más acuerdos de los que hasta ahora se han logrado si no se predica con el ejemplo.

“Si México no hace una reestructura respecto al trato de migrantes y además no sienta las bases políticas para fomentar el empleo y las condiciones para que no existan estos deplazamientos, me parece el fenómeno migratorio va a seguir en las condicios que estamos viendo”.

En nuestro país se tiene la cultura de endosar el problema al otro, señala Rodríguez Santibáñez.

“Es una agenda bilateral ambiciosa, no se puede pedir cuando al interior no estás hacienda lo suficiente”. 

En su opinión, nuestra ley migratoria se queda corta y no da muestras de eficiencia, por ejemplo, en el trato a los migrantes que acceden vía Sudamérica y Centroamérica a territorio mexicano.

Agrega que ni Obama ni ningún presidente estadounidense “tiene una varita mágica para resolver el complejo tema migratorio de México”. 

Menos si este país no hace lo suficiente para demostrar su compromiso en el tema a nivel internacional.