El Pacto por México ha abierto una puerta estratégica al interior del PRD. Es un gran pretexto.

Éste se refiere a que algunas tribus del sol tiene frente así la posibilidad de decantarse en dos grupos de influencia diferenciados: los bejaranistas y los antibejaranistas.

De un lado están la Izquierda Democrática Nacional (IDN) y Alternativa Democrática Nacional (ADN), encabezadas por René Bejarano y Héctor Bautista, respectivamente.

Del otro, el resto de corrientes que respalda al pacto encabezado por la Nueva Izquierda de “Los Chuchos”, Ortega y Zambrano, y Guadalupe Acosta Naranjo.

Quienes forman parte de este bloque sostienen que la disyuntiva es clara: optar por la ruta de la confrontación o conformar una oposición constructiva.

Las diversas corrientes del sol sostuvieron ayer reuniones privadas para definir la postura definitiva del PRD. 

La apuesta es que los órganos institucionales del partido acompañarán a su líder nacional, Jesús Zambrano. 

Del otro lado IDN y ADN, hasta el cierre de esta edición, seguían evalúando cómo moverse frente al proceder de Zambrano que, en opinión del secretario general del PRD, se brincó “las trancas” institucionales.

El desmarque

La oportunidad del desmarque comenzó a idearse el pasado miércoles. Cuando se reunían las firmas en apoyo al pacto. 

A Bejarano ya no le dio tiempo de volver a reunirse con la Comisión Nacional Política (CPN) del partido que, formalmente, no avaló la firma del pacto.

Al día siguiente, el 29 de diciembre, “Los MEC”, como llaman al grupo afín a Marcelo Ebrard, y el Foro Nuevo Sol acordaron sumarse a la inciativa. Lo mismo hicieron las corrientes Runi y Unyr. Las grandes tribus ausentes fueron IDN y ADN.

El secretario general del PRD, Alejandro Sánchez Camacho, desautorizó de inmediato la firma del pacto.

Los primeros que la publicitaron fueron los perredistas. Así se planeó. A partir de ese momento se comenzó a cocinar el acuerdo. Zambrano comenzó a moverse a su propio ritmo.

Cuando el tema reventó Bejarano se crispó. Las otras corrientes también. 

En apariencia, la balanza se inclinaba hacia las corrientes opositoras a Nueva Izquierda. 

Si bien algunos perredistas reconocen off the récord que hubo torpeza en la forma cómo Zambrano condujo el tema, al final se sumaron a la operación de control de daños. Vieron la oportunidad de reencauzar el destino de un partido que desde la salida de AMLO, viene fraccionándose más y más.

Aunque los bejaranistas tienen una escasa base votante, su poder sigue expandiéndose y esto preocupa a Nueva Izquierda.