La candidatura de AMLO, que cuenta con el tradicional voto duro, podría fortalecerse con el voto útil, anti Peña Nieto, y con lo que unos llaman el voto al “menos peor” de los cuatro aspirantes

El balance de la campaña electoral de Andrés Manuel López Obrador resulta positivo. En los más de dos meses de intensa actividad se perfila como uno de los dos candidatos que podría conquistar la silla presidencial.

El tabasqueño que hizo del combate a la corrupción el eje de su discurso de campaña logró reunir en torno a su candidatura más elementos favorables en comparación con sus rivales.

En primer lugar destaca que, del arranque al cierre de su campaña, López Obrador se mantuvo al alza en las preferencias electorales.

Aunque es imposible medir el impacto de la guerra sucia en su contra, se observa que ésta no tiene el mismo efecto que en 2006. Al contrario, y aquí jugaron un rol central los usuarios de las redes sociales.

Contar con actores clave que cerraron filas en su batallón resultó nodal; entre ellos destaca la presencia de empresarios y algunas figuras propuestas para conformar el gabinete de gobierno de AMLO. Eso resultó acertado así como haber replanteado con anticipación su estrategia en el campo de batalla.

El candidato de la Coalición Movimiento Progresista (PRD, PT, Movimiento Ciudadano) también logró ampliar el espectro de sus simpatizantes allende el voto duro de las izquierdas.

Además de sumar nuevos adeptos entre la ciudadanía, incorporó voces estratégicas: de intelectuales y líderes de opinión con prestigio nacional e internacional. Mas aún: logró conformar una inesperada militancia ciudadana.

¿Todo esto le garantizará el triunfo en la urnas? Quien sabe. Determinante será el sufragio de los indecisos que inclinará hacia el sol o el tricolor el peso de la balanza.

De la duda a la certeza

En cuestión de meses, la candidatura de López Obrador transitó del umbral de la duda al de la certeza. 

Cuando en noviembre pasado se hizo pública la noticia de que Marcelo Ebrard declinaba a favor del tabasqueño se encendieron las alarmas. 

Para algunos Ebrard constituía (y aún constituye) el lógico relevo generacional para que la izquierda logre conquistar la Presidencia de la República.

Otros siempre tuvieron claro que el buen desempeño de su administración no le alcanzaba en provincia: ese universo donde confluyen múltiples realidades de los muchos Méxicos que poco o nada tienen que ver con la capital del país –y donde Ebrard es visto como un extranjero.

Militantes del PRD comentan que no anticiparon la candidatura de AMLO prendería así. Al punto de devolverles la certeza de que su candidato puede aventajar en las urnas a Peña Nieto.

A paso constante, Andrés Manuel conquistó el primer objetivo trazado en la estrategia de su campaña: colocarse en el segundo lugar de las intenciones de voto.

De acuerdo con Iniciativa Kapitolio, el perredista arrancó su campaña en la tercera posición, muy lejos del priista. Pasado el primer debate presidencial, el abanderado de las izquierdas ya se había colocado en el segundo puesto.

Para el segundo debate entre candidatos a la Presidencia ganó más puntos que lo colocaron más cerca del mexiquense. Logró dejar atrás, y en definitiva, el pernicioso tercer lugar que hoy ocupa la candidata del partido en el gobierno, Josefina Vázquez Mota.

Encuestas a favor y en contra

Unas encuestas reportan datos a su favor, otras en contra. Lo cierto es que en ambas se comprueba que la intención de voto a favor de AMLO no ha hecho sino crecer a lo largo de su campaña.

El pasado miércoles 27 de junio Reporte Indigo dio a conocer que si bien la última encuesta de Grupo Fórmula le da una ventaja de 16 puntos a Peña Nieto sobre López Obrador, las de Ipsos-BIMSA y Berumen lo sitúan a sólo seis puntos del mexiquense.

El mismo día se dio a conocer la proyección del Índice de Preferencia Kapitolio, que traduce en estadísticas el comportamiento del electorado. Este estimador ha resultado exitoso en comicios presidenciales de otros países en tres años distintos (2008, 2010 y 2011), así como en la última elección interna del PAN.

Este índice analizó el nivel de interés que los votantes mexicanos muestran hacia los aspirantes presidenciales. El resultado que obtuvo es que López Obrador va a la cabeza con 40 por ciento de las preferencias seguido de Peña Nieto, con 37 por ciento, y en tercer lugar por Vázquez Mota, con 17 por ciento.

Más allá de las estimaciones anteriores se pueden hacer inferencias de que la candidatura de AMLO, que cuenta con el tradicional voto duro, podría fortalecerse con el voto útil, anti Peña Nieto, y con lo que unos llaman el voto por eliminación: el de quienes lo consideran “el menos peor” de los cuatro aspirantes.

El espectro de votantes indecisos, como es costumbre, jugará un papel fundamental en la elección del domingo próximo. Hasta el 27 de junio, con el destacado cierre de campaña que hizo en el Zócalo de la capital del país, López Obrador tuvo su última oportunidad de atraer el voto útil y el voto indeciso que supondrán el quid de esta elección presidencial.

Guerra sucia y nuevos actores

Imposible medir cómo impactaron los spots sucios y el efecto Traidor Fox en contra de AMLO. Sin duda el efecto no fue el mismo que en 2006 porque las intenciones de voto a su favor no se detuvieron.

Para hacer frente a la campaña sucia se sumaron a la tropa de militantes perredistas artilleros espontáneos de las redes sociales. También fue vital el apoyo de tradicionales enemigos del batallón del general de Macuspana. 

Las figuras empresariales que brindaron abierto apoyo a López Obrador constituyeron una avanzada estratégica para difuminar la imagen del candidato peligro que llevaría a la quiebra a México.

Esencial resultó el blindaje de su propuesta económica con figuras como Rogelio Ramírez de la O, Alfonso Romo, Fernando Turner, Adolfo Hellmund, entre los más destacados. 

El discurso amoroso del tabasqueño de poco habría servido si no se aterrizaban acciones concretas como, por ejemplo, la que tuvo lugar esta semana: la firma de la agenda propuesta por el Consejo Coordinador Empresarial, aceptando el candidato en 95 por ciento las propuestas de este organismo.

Contradicciones y aciertos

López Obrador no enfrentó manifestaciones de repudio generalizadas ni se vio atrapado en eventos fallidos como Peña Nieto y Vázquez Mota. No obstante, para sus detractors, sus contradicciones siguen siendo su activo más nocivo.

Una es su discurso ambivalente en torno al veredicto de los comicios en puerta. Para varios resulta perverso su discurso de respetar el resultado siempre y cuando la elección sea limpia. Ven con resquemor este apoyo condicionado a las instituciones electorales.

Otra es su postura ante el tema del aborto y los matrimonios gays, que refleja un modelo de pensamiento muy distante a los valores de igualdad y justicia, piedra angular de la izquierda.

Y otra es su estilo de “redentor”. No confían en ese “Mesías Tropical” descrito por el historiador Enrique Krauze que “iracundo o amoroso… sigue creyendo en sí mismo como un ser providencial”.

Pese a estas críticas e incluso viendo en AMLO al mismo candidato de 2006 pero, eso sí, instrumentando una comunicación distinta, varios ciudadanos de los círculos rojo y verde ahora lo apoyan.

Reconocen en Andrés Manuel la calidad de su diagnóstico de México. Encuentran en su propuesta puntos discutibles pero reconocen la claridad de su propuesta; con la que ha  conectado con las masas.

La gente se ha identificado más con lo que propone crear y desmantelar: una nueva forma de conducir el país donde la corrupción y la impunidad dejen de ser las columnas vertebrales del Estado mexicano.

Muy acertada fue la invitación que hizo a expertos y figuras políticas reconocidas para formar parte de su gabinete. Gracias a los cuales se adhirieron reconocidos intelectuales y líderes de opinión como Juan Villoro y Jorge Volpi.

Varios coinciden que el diagnóstico de AMLO fue el que logró conformar una inesperada militancia ciudadana. Más allá de que sean muchos o pocos, son convencidos.Con su apoyo imprimieron un sello destacable al actual proceso electoral.

Nadie anticipó la conformación de una masa de militantes ciudadanos. Gracias a esta militancia se capitaliza efectivamente ese otro suceso inédito en esta elección presidencial llamado: @YoSoy132.

Estos jóvenes no se identifican necesariamente con el partido de López Obrador sino con algo más profundo: la posibilidad de formar parte del relevo del statu quo imperante. Esta es la cristalización exitosa de la campaña de AMLO.

5 PROS Y 5 CONTRAS DE SU CAMPAÑA

PROS

> Hacer del combate a la corrupción el eje de su propuesta de gobierno.

> Conformar una propuesta de plan de austeridad y ahorro avalada por un equipo económico reconocido y sustentarla con experiencia previa (GDF).

> Presentar con anticipación quiénes conformarían su gabinete en caso de ganar e incluir a destacadas figuras que gozan del reconocimiento general.

> Sumar a actores nuevos y estratégicos –empresarios, intelectuales y ciudadanos que terminaron dando un respaldo de amplia calidad a su proyecto de gobierno.

> Reconocer la importancia del movimiento YoSoy132 pero al mismo tiempo mantener una sana distancia. 

CONTRAS

> Avalar la candidatura de Manuel Bartlett al Senado, un personaje que ha sido incapaz de admitir su responsabilidad ante la caída del sistema electoral en 1988.

> No tomar una postura clara respecto a la candidatura al Senado de Alejandro Puente, presidente de Canitec, un personaje vinculado con la telebancada.

> Lo mismo ocurrió con el “charolazo” de Las Lomas –el mayor ataque que recibió durante su campaña– y en el que fueron involucrados Luis Mandoki y Luis Costa Bonino, colaboradores de su equipo.

> Presentar con poca celeridad las cuentas de Honestidad Valiente.

> Exhibir un discurso anacrónico en los debates y no muy ágil.