No son las mismas circunstancias las que enfrentó el panista Fernando Canales en su gobierno, las que tuvo Natividad González Parás y las que éste heredó a Rodrigo Medina.

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El último reporte del Sistema Nacional de Seguridad Pública arroja una cifra tan desgarradora como indignante: cerca de 7 mil personas muertas de manera violenta en los últimos 15 años en Nuevo León.

Hoy podemos hablar del antes y del después, que la irrupción del narcotráfico en Nuevo León robó a los regiomontanos su apacible cotidianidad y transformó al estado en uno de los más violentos de México.

Aquí nada será igual, como antes, tras la guerra contra el narco que emprendió el expresidente Felipe Calderón.

Pero es el total del número de crímenes violentos ocurridos desde el año 1997, hasta la actualidad, el que no deja de impresionar: 6 mil 800 homicidios dolosos.

De estos crímenes el 70 por ciento han ocurrido durante los últimos cuatros años, con la batalla durante la gestión del gobernador Rodrigo Medina.

Estas cifras delictivas, que comprenden denuncias desde 1997 hasta la fecha, se incluyeron en un reporte mes por mes que difundió esta semana el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP).

El informe está basado en los homicidios dolosos, delito en el que las autoridades ubican las ejecuciones vinculadas al narcotráfico y al crimen organizado.

El estudio incluye la ruta histórica de tres delitos más de alto impacto en la entidad: secuestro, extorsión y robo de vehículo con violencia.

El reporte del SNSP establece que fue durante el año 2010 -el primero del gobernador Rodrigo Medina– cuando las muertes violentas en Nuevo León se triplicaron en comparación al promedio histórico.

El repunte se presentó por la entrada de más efectivos militares y de la Semar al estado, así como por el inicio de la guerra entre el Cártel del Golfo y su grupo armado, Los Zetas, pugna que hoy continúa y que convirtió al norte del país en la zona más violenta de México.

El 2011 pasará a la historia como el año más violento que ha tenido Nuevo León, quizá desde los tiempos revolucionarios o desde la intervención norteamericana.

En el 2011 se registraron 2 mil 003 homicidios dolosos –de acuerdo a este reporte- lo que le valió a Nuevo León convertirse en la tercera entidad más violenta del país ese año, sólo superada por los estados de Chihuahua y Guerrero.

Ese 2011, la tasa se ubicó en 40  crímenes por cada 100 mil habitantes, la más alta de todos los tiempos.

El informe revela que el año pasado hubo en Nuevo León una reducción notable en el número de homicidios violentos y la cifra llegó a los mil 459, lo que representó una reducción del 28 por ciento en el número de asesinatos.

En lo que va del 2013 esta tendencia a la baja se ha mantenido y la cifra de homicidios dolosos, hasta el mes de junio, era de 435 asesinatos, la mayoría ligados al crimen organizado y al narcotráfico.

El escenario más optimista es que este año Nuevo León regrese al nivel de las 828 ejecuciones que hubo durante el año 2010.

Hoy la tasa por homicidios violentos es de 9 por cada 100 mil habitantes.

El reporte histórico que presentó el Sistema Nacional de Seguridad Pública también permite comparar entre los crímenes ocurridos en los últimos tres sexenios en Nuevo León.

Es cierto: no son las mismas circunstancias las que enfrentó el panista Fernando Canales en su gobierno, las que tuvo Natividad González Parás y las que éste heredó a Rodrigo Medina.

Durante el sexenio panista que inició Fernando Canales en 1997 y concluyó Fernando Elizondo en el 2003, se registraron en total 829 homicidios violentos.

En esos tiempos la presencia del narcotráfico ya existía, pero no era tan visible en Nuevo León. Monterrey era considerada una ciudad ideal elegida por los capos para fijar su residencia y la de sus familias.

Durante los primeros tres años de la administración del exgobernador Natividad González Parás las muertes violentas se mantuvieron en el promedio histórico que era de 200 asesinatos por año.

Pero a partir del 2007 se comenzó a presentar un alza, llevando los homicidios dolosos a superar la línea de los 200, hasta llegar casi a los 300 crímenes, cifra sin precedentes para esa época.

Las ejecuciones de Marcelo Garza, director de la Agencia Estatal de Investigaciones, y del juez estatal Ernesto Palacios López, marcaron la gestión de González Parás.

No hay duda que al sexenio de Rodrigo Medina se le recordará como el más violento, pero hay que considerar que fue en estos últimos cuatro años cuando más militares salieron a las calles del estado: en este periodo van 4 mil 808 muertes violentas, la mayoría ligada al narcotráfico.

También, en estos cuatro años hubo las peores masacres entre cárteles de la droga que se disputan la plaza: la matanza de 44 reos en el Cereso de Apodaca, la tragedia del casino Royale con 52 muertos y los 49 cuerpos mutilados que arrojaron en Cadereyta.

Sin embargo, el comportamiento a la baja que han tenido este año las ejecuciones permite a Rodrigo Medina presumir que se ha recuperado la tranquilidad y la paz perdida.