—Yo ya no quiero que me hagan nada— le dijo Alma Cristina García García a la hematóloga María Teresa Pompa Garza cuando ordenó un aspirado de médula ósea. —Si no lo hago te vas a morir, ¿eso quieres?— cuestionó la doctora. Aunque no contestó, la respuesta de la paciente que entonces tenía 13 años de edad era obvia. No quería morirse a pesar de que le diagnosticaron leucemia linfoblástica aguda aquel 25 de marzo de 2011.

Para ella, el cáncer no fue una sentencia de muerte, sino de vida. Sobrevivió a la enfermedad en la sangre, está por convertirse en mamá por segunda vez y encontró su vocación gracias al personal de enfermería que la atendió y a la especialista en Hematología Pediátrica a la que nunca le respondió que no quería morirse pero le demostró sus ganas de salir adelante.

“Yo vivo una vida muy bonita después de la leucemia, tratando de ser ejemplo, tratando de ayudar cuando se puede y lo más que yo pueda, tratando de dar lo mejor para que me vean bien y digan sí se puede, sí se puede salir, casarse, embarazarse, seguir estudiando”, dice a  Reporte Índigo la enfermera de profesión.

Los primeros tres años de vivir con leucemia fueron de quimio y radioterapias; luego siguieron otros tres de vigilancia mensual y trimestral. Defensas bajas e infecciones como herpes y conjuntivitis complicaron el tratamiento que Alma Cristina quiso interrumpir alguna vez.

“Empecé a gritonearles, a jalonearles, a patalearles; yo no quería que me canalizaran porque ya estaba cansada, ya eran muchos ciclos seguidos de quimioterapias: diario por cinco días. Pero entre varias enfermeras me echaron muchos ánimos, muchas porras y lograron convencerme”, recuerda.

Admiraba la empatía y fortaleza del personal de enfermería. Por ello, estudió esa carrera en el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica (Conalep) “Dr. Eduardo Macias Santos” Monterrey II y la ejerció a la par que continuó preparándose en el Programa Posbásico de Enfermería en Cuidados Intensivos de la Universidad de Monterrey (UdeM).

“Yo decía: ‘¿Cómo le hacen?, jamás los ves doblarse. ¿Cómo son tan fuertes para no llorar en el hospital?’, sin saber que apenas uno sale del checador y se derrumba. A mí me tocó en la pandemia”, menciona la enfermera que por COVID-19 formó parte del Plan DN-III-E en la capital de Nuevo León.

En la contingencia sanitaria, Alma Cristina estaba feliz de trabajar seis de siete noches: martes, jueves y sábado en el Hospital Conchita; miércoles, viernes y domingo en el Hospital General Tierra y Libertad. Su historia es la de la paciente que se vuelve enfermera porque cree que su misión en la vida es sacar adelante a las personas diagnosticadas como el personal médico lo hizo con ella hasta que fue dada de alta de la Unidad Médica de Alta Especialidad (UMAE) No. 25 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en 2017.

“Enfermería es amor, tanto para el paciente como para el trabajador. Es esperanza”, asegura en entrevista por el Día Mundial de la Leucemia.

Este trabajo periodístico es el resultado final del seminario “Educar para vivir” sobre cánceres hematológicos convocado por la Asociación Mexicana de la Lucha contra el Cáncer (AMLCC) en julio y agosto de 2022

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