Del Paso condenó la Ley Atenco, la cual habilita al mando policial a abrir fuego y disparar en manifestaciones públicas contra quienes atenten contra el Estado


“No sé si soy escritor, pero sé que no soy pintor, nunca he dejado de escribir para dibujar y siempre he dejado de dibujar para escribir” 

Fernando del Paso

Galardonado del Premio Cervantes

Haciendo honor a la bandera española, Fernando del Paso portó galante el carmín y mostaza en su corbata y pañuelo al arribar a la Universidad de Alcalá de Henares y recibir los honores del Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes en su edición 2015.

El escritor se convirtió en el sexto mexicano en recibir el galardón máximo por excelencia literaria hispanoparlante desde hace 40 años. Octavio Paz, Carlos Fuentes, Sergio Pitol, José Emilio Pacheco y Elena Poniatowska le antecedieron a Del Paso en el recibimiento de este magno reconocimiento.

Lúcido a sus 81 años, pero con una salud deteriorada, Del Paso fue firme al enunciarse contra la Ley Atenco, y “el principio de un estado totalitario que no podemos permitir”.

El inicio de su discurso de aceptación se fue disolviendo en una intervención más amable, donde el escritor rememoró su niñez y su paso sólido al camino de la literatura mundial.

El mexicano comentó que era tanta su ansia por saber los diálogos de “Lorenzo y Pepita, Tarzán y Mandrake que se dio prisa en aprender a leer en preprimaria.

Recordó que sus maestras lo condenaron por querer aferrarse ser zurdo, por lo que recibía reglazos en su mano izquierda, sin embargo, no lograron su cometido.

“No soy ambidextro, soy ambisiniestro”, expresó.

El autor de “Noticias del Imperio”, aseguró que desde que nació lloró en castellano, y que toda su vida gira en torno al lenguaje de Castilla.

“Cuando me río, incluso a carcajadas, me río en castellano y cuando bostezo, toso y estornudo, bostezo, toso y estornudo en castellano. Eso no es todo: también hablo, leo y escribo en castellano”, acotó.

Sus tías al escucharle pronunciarse en sus primeros arrebatos del habla, pronosticaban que no daría pie con bola con el lenguaje, ya que él apenas se expresaba en balbuceos.

“’Nano Papo quiee cuca pan quiquía’, que mi madre interpretaba fielmente: ‘Nano Papo’ era: ‘Fernando del Paso’, ‘quiee cuca pan quiquía’ quería decir ‘quiere azúcar pan y mantequilla. Se equivocaron de palmo a palmo”, espetó el escritor.

‘Me pondré la camisa,una y otra vez’

Antes de terminar su réplica ante el galardón Cervantes, Fernando del Paso recordó una anécdota por muchos sabida.

Al obtener la beca Guggenheim en Londres, alcanzó el mismo aposento de su compatriota, el también becado tabasqueño José Carlos Becerra, quien falleció meses antes por un accidente automovilístico en Italia.

En el domicilio del amigo mutuo, Alberto Díaz Lastra encontró una camisa del poeta finado, que en pos del abandono, Del Paso la hizo de su guardarropa.

“Desde entonces, cada vez que yo sentía pereza de escribir, desánimo o escepticismo, me ponía la camisa y comenzaba a trabajar. Consideré que yo tenía un deber hacia aquellos artistas, hombres y mujeres, cuya muerte prematura les impidió decir lo que tenían que decir”, anunció.

Con esta historia, el escritor refrendó su compromiso con la pluma y exhortó la magnitud e importancia del reconocimiento Cervantes.