Porfirio Díaz, quien fue presidente de México por poco más de 30 años de dictadura, fue un destacado militar que mantuvo un papel relevante en el triunfo de la Batalla de Puebla, ocurrida el 5 de mayo de 1962.

Además de combatir en la Batalla de Puebla, para intentar frenar el avance de los invasores franceses en territorio mexicano, participó en la resistencia al Sitio de Puebla, la Batalla de Miahuatlán y en la Batalla de la Carbonera, además de su heroico combate del 2 de abril de 1867.

Sin embargo, Díaz cobró notoriedad a partir del 5 de mayo de 1962, después de su papel indispensable en la victoria del Ejército mexicano contra el francés, entonces considerado el mejor del mundo.

Desde el desembarco de tropas francesas, españolas y británicas  en México, a finales de 1961, debido a las deudas que el gobierno de Benito Juárez mantenía con estas naciones y cuyos pagos se vieron imposibilitados a realizar, el Ejército mexicano se aprestó a defender el territorio nacional.

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Mientras las fuerzas españolas y británicas se replegaron al recibir una promesa de pago, los franceses siguieron avanzando hacia el centro de México, con la intención de apoderarse del país so pretexto de cobrar lo adeudado.

Sin embargo, pese a que superaban por 2 mil efectivos en número a sus rivales, pues mientras los franceses contaban con 6 mil soldados las fuerzas mexicanas solo tenían 4 mil, no contaron con la adición de soldados improvisados, como los zacapoaxtlas de Puebla, además de campesinos que defendieron el territorio con herramientas caseras y de labranza.

Las fuerzas del general Porfirio Díaz, apostadas en la hacienda San José en Puebla, junto a las caballerías del coronel Antonio Álvarez repelieron al Ejército galo obligándolos a retirarse hacia Orizaba, Veracruz.

Díaz defendió de manera eficaz a la izquierda de la ciudad de Puebla y combatió de manera efectiva, hasta dos veces, a las fuerzas comandadas por el general Lorencez.

Tras la huida hacia Veracruz, los generales Porfirio Díaz y González Ortega fueron detrás de ellos, hasta que Ignacio Zaragoza les solicitó abandonar la persecución.

Después de la victoria, Zaragoza dirigió una carta a Benito Juárez a quien le hizo hincapié en “el empeño y bizarría del ciudadano general don Porfirio Díaz”.

Por su parte, Díaz describió la batalla a su hermana Nicolasa, a quien dijo que esta comenzó a las once de la mañana, durando el enfrentamiento hasta las 6 de la tarde, cuando “el enemigo comenzó a correr”.

“Hemos tenido pérdidas considerables, pero hemos matado muchos monsieures. En fin, yo nunca había tenido más gusto así, día más grande y día más memorable 5 de mayo, día grande día de gloria”, mencionó Díaz a su hermana.

Otra participación memorable de Porfirio Díaz tendría lugar en 1867, cuando el 2 de abril venció al último reducto de las fuerzas imperiales que quedaban en Puebla.

Sin embargo, esta actuación de Díaz quedó eclipsada en la historia por su llegada a la presidencia en 1884 y su salida en 1910, pues en ese periodo encabezó una dictadura llena de represión contra opositores y los pueblos originarios.