La cancelación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se ha convertido en uno de los principales retos que México ha tenido que enfrentar desde que Donald Trump asumió la presidencia de los Estados Unidos.

Nuestro poderoso vecino del norte ha recalcado en diversas ocasiones el daño que implicaría para México la cancelación del tratado que se firmó hace un cuarto de siglo. Sin embargo, como en toda pelea, la primera potencia del mundo tampoco saldría limpia en caso de que no se pudiera alcanzar el acuerdo.

Al día de hoy la actitud de los funcionarios mexicanos que se encuentran trabajando en las negociaciones ha sido de profesionalismo y con toda la intención de llevar las discusiones a buen puerto, un hecho que empieza a difuminarse ante los constantes ataques, amenazas y las excesivas propuestas y demandas hechas por el gobierno estadounidense.

La carta de negociación más fuerte que tiene México para convencer a su vecino del norte que ellos también se verían gravemente afectados ante la ruptura del TLCAN comienza a ventilarse y parece ser que será sólo cuestión de tiempo antes de que se use.

La estrategia puede parecer arriesgada, pero la posición geográfica que ocupa el país que el presidente Enrique Peña Nieto dirige les da poder en una serie de temas que resultan de suma importancia para el gobierno de Trump: migración, seguridad fronteriza y tráfico de drogas.

México no sólo es país de origen, sino también de tránsito para indocumentados, especialmente para los que provienen de Centroamérica.

A principios de año, cuando la discusión del TLACAN apenas comenzaba a tomar fuerza, Peña Nieto dijo que las negociaciones para una futura relación con Estados Unidos no se limitarían al comercio.

“Traeremos a la mesa todos los temas. Sí el comercio, pero también la migración y los temas de seguridad incluyendo la seguridad fronteriza, las amenazas terroristas y el tráfico de drogas ilegales, armas y efectivo”, aseguró el primer mandatario mexicano.

Diez meses después el tema de la seguridad se encuentra una vez más en el imaginario político y público tras las palabras expresadas por el canciller Luis Videgaray durante la cumbre del Foro de Cooperación Económica de Asia-Pacífico.

“La cooperación con EU en materia de seguridad y también en cuestiones de migración, entre muchas otras cosas, es buena para México. Pero es un hecho de la vida y es una realidad política que un mal resultado del TLCAN tendrá un impacto. No queremos que eso suceda y estamos trabajando mucho para lograr un buen resultado”, comentó.

Por su parte Ildefonso Guajardo, secretario de Economía y quien lidera las negociaciones para México, también ha utilizado los temas de migración y seguridad para demostrar que ellos también tienen con qué negociar.

“Si nos ponemos de acuerdo en migración para ayudar a contener los flujos, si nos ponemos de acuerdo en seguridad, nos tenemos que poner de acuerdo en comercio. Estamos de acuerdo en todo o no estamos de acuerdo en nada”, afirmó el funcionario durante el encuentro Ternium 2017.

Además en una entrevista publicada en medios nacionales Guajardo dijo que si EU no trata bien comercialmente a su vecino del sur no deberían esperar que México los trate bien conteniendo la migración que viene de otras regiones del mundo y cruza por México.

El momento decisivo está cada vez más cerca y la tensión entre México y Estados Unidos crece con cada negociación.

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