Sin importar que se declaró la primera Contingencia Ambiental por Contaminación en el Aire del 2022, los habitantes de la Ciudad de México llevaron a cabo su rutina normal, exponiéndose a sustancias dañinas para su salud.

Desde las 6:30 de la mañana del 30 de marzo, por el Eje Central en la alcaldía Cuauhtémoc, pasaban unidades del Trolebús aún con asientos vacíos y los puestos de comida callejera de la estación del Metro Lázaro Cárdenas comenzaban a elaborar los productos que venderían a las 9 de la mañana, la hora pico de la entrada a los trabajos.

Un kilómetro hacia el sur, atravesando Viaducto y la calle de Obrero Mundial, en la colonia Piedad Narvarte, sobre la calle de Doctor Vertiz, está el Parque Las Américas, donde la rutina se instalaba en una de las más grandes áreas verdes de la alcaldía Benito Juárez que tiene trotapista, juego infantiles, zona para perros y canchas de básquetbol.

Ahí, personas con gorras, lentes de sol y algunos con cubrebocas trotaban o corrían a pesar de que la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe) recomendó limitar las actividades al aire libre para evitar aspirar contaminantes como las partículas PM 10, las cuales son dañinas porque se infiltran en el cuerpo y, de acuerdo con la Secretaría de Salud del Gobierno de México, pueden provocan cáncer de pulmón, asma y cardiopatías crónicas.

Un puesto de tacos callejeros en el parque también comenzó su rutina y la presencia de contaminantes en el aire no fue impedimento para que el encargado bajara la carne de un vehículo para preparar los tacos de pastor, pechuga y bistec que anunciaba en lonas.

De regreso a Eje Central, a las 8:30 de la mañana, el día retomaba su rutina: largas filas de personas esperaban el Trolebús a Taxqueña y automóviles tocaban el claxon para que el coche de enfrente avanzara. En nada afectó que, por la emergencia atmosférica, los autos con engomado rojo no pudieran circular.

Las avenidas hacia el poniente, como el Eje 5 Sur, tenían la misma vida de siempre: llenas de coches y peatones esperando a que el semáforo cambiara al color verde.

Antes de llegar a Insurgentes, en la calle de San Borja y Eje 5 Sur, había un puesto de tamales, atoles y café. Ahí, cuatro personas tomaban una bebida caliente, mientras platicaban y sonreían.

Carmen Rodríguez, trabajadora de limpieza de una empresa de la zona, no sabe que se decretó la contingencia, ni lo que son la PM2.5 ni la PM10, pero dice que a veces arden los ojos cuando los coches o camiones arrojan humo del escape.

“No sé de la contingencia de hoy, pero cuando dicen que hay mucha contaminación es porque los coches echan humo y eso molesta mucho”, comenta.

También señala que aunque haya contaminación tiene que trabajar y en su empresa no le dieron alguna indicación distinta a la de presentarse a las 9:30 para comenzar su jornada.

“Creo que sí es importante la contaminación, pero ¿qué podemos hacer? De igual forma tengo que trabajar”, señala.

A las 10 de la mañana, la CAMe confirmaba que la Fase 1 de la contingencia ambiental continuaba, pero eso no interrumpió la cotidianidad: en Avenida Insurgentes las personas viajaban en bici, salían del Metrobús, cruzaban vialidades, entraban y salían de sus oficinas, comían en la calle y se saludaban de manera normal.

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