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Torreón

Colegio Cervantes: génesis de una tragedia

Montserrat Sánchez y Salvador Vega

Los sucesos ocurridos en el Colegio Cervantes de Torreón reactivó un debate sobre la violencia a la que está sometida la infancia en México y las causas que la llevan a cometer estos actos


Ene 13, 2020
Lectura 7 min
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El tiroteo efectuado por un estudiante de primaria al interior del Colegio Cervantes en Torreón, Coahuila, reabrió una vieja herida a escala nacional.

Un alumno de 11 años introdujo el viernes dos armas de fuego a su escuela, asesinó a una docente, hirió a otro profesor y a cinco de sus compañeros, antes de suicidarse.

La tragedia reactivó una discusión general sobre la seguridad en las escuelas y la responsabilidad de las autoridades en cuanto a los niveles de delincuencia que experimenta la infancia, la cual está inmersa en uno de los episodios más violentos en la historia del país.

Del 1 de enero al 20 de diciembre de 2019 se cometieron 31 mil 688 homicidios dolosos en México, una cifra sin precedentes desde que la autoridad registra el conteo de los delitos.

En promedio, cada día mueren más de tres niñas, niños y adolescentes en el país; y entre 30 y 35 mil menores de edad son reclutados de manera forzada por el crimen organizado por año

Dicha realidad impacta de forma directa a las víctimas y a la niñez que está expuesta a los altos índices de violencia que se convirtieron en parte de una rutina.

Víctimas del crimen del Colegio Cervantes

De acuerdo con el Informe Anual Infancia y Adolescencia en México: Entre la invisibilidad y la violencia, elaborado por la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), los menores de edad se volvieron invisibles para la actual administración al no formar parte de ninguno de los proyectos estratégicos del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Para Juan Martín Pérez García, director ejecutivo de Redim, resulta lamentable que un sector tan vulnerable como son los niños, queden fuera de la agenda del Gobierno federal.

“Se está dejando de lado al 31 por ciento de la población, es decir, 40 millones de ciudadanos no son prioridad, a pesar de toda la violencia que les pega”, dice.

Por su parte, Nancy Ramírez, directora de incidencia política de Save The Children México, urge a que los derechos de los niños y adolescentes sea un tema que esté presente en las acciones y no solo en el discurso.

“Hemos hablado con la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y con el subsecretario de derechos humanos, Alejandro Encinas, y si bien reconocemos su voluntad política sobre el tema, tenemos que decir que los esfuerzos son insuficientes, no se le está dando la prioridad necesaria a este sector de la población”, comenta.

Con respecto al tiroteo iniciado por el alumno del Colegio Cervantes, Ramírez califica el hecho como una consecuencia de dejar de lado a los niños y sus necesidades.

“En 2018 hicimos una encuesta a más de tres mil niños de diferentes estados y resultó que el 37 por ciento había vivido o sido testigo de una balacera en su vida. Nos dimos cuenta que la actual generación crece en un entorno totalmente violento no solo por el flujo de armas de fuego sino también por la ampliación de actividades ilegales, operadas por células del crimen organizado. Si seguimos dejándolos de lado ese será el entorno en el que van a crecer y no les vamos a dar atención hasta que sean victimarios”, menciona.

Redim niega que la balacera se deba a la influencia de videojuegos, pérdida de valores o problemas de salud mental; en contraste, enfatiza que está relacionado a la cultura de militarización que representa la fallida estrategia de seguridad ya que existe un flujo masivo de armas a disposición de familias que buscan protegerse de la violencia, permitiendo así el acceso a éstas por parte de niñas, niños y adolescentes.

Tanto para Pérez García como para Ramírez, es fundamental la estrategia por parte del Estado para proteger a los niños, también hacen un llamado a que el mundo adulto asuma la responsabilidad de escucharlos, de preguntarles qué opinan y cómo se sienten.

“Tenemos que voltear a verlos y hacerlos parte de la solución, muchas veces la violencia es una manera que utilizan los niños para decir algo, para pedir ayuda o mostrar un reflejo de esa desatención que les estamos dando en un contexto tan complejo como el actual”, agrega Nancy Ramírez.

Problemática de salud

La tragedia del Colegio Cervantes de Torreón tiene una referencia pasada, el tiroteo ocurrido en 2017 en el Colegio Americano de Monterrey, Nuevo León. Un ataque cometido por un alumno de secundaria, quien terminó con su vida y la de un compañero.

Un hecho en donde las investigaciones desmenuzaron el perfil psicológico del estudiante, afectado por la ausencia de supervisión paterna, salud emocional y fuertemente influenciado por grupos extremistas a través de redes sociales.

El viernes pasado Jesús Ramírez Cuevas, coordinador de Comunicación de Presidencia, dijo que la tragedia de Torreón “nos obliga a reflexionar” como sociedad y actuar en coordinación para prevenir el fenómeno de descomposición.

“El Gobierno trabaja para terminar con la violencia. Atender la salud mental de la ciudadanía es prioridad”, publicó. Su declaración contrasta con la ausencia de programas sociales para la atención psicológica de menores.

A consideración de Samantha Urzua y Madrid, psicoterapeuta gestalt egresada de la UNAM y el Mental Research Institute de Palo Alto California, muchas de las patologías que llevan a la comisión de un acto como el del Colegio Cervantes se presentan a temprana edad.

Aspectos que en el caso de los asesinos seriales o en masa están caracterizados por el abandono o ausencia de las figuras paternas.

“Uno de los rasgos característicos cuando se dan este tipo de personas sociópatas -es decir, que no respetan reglas y van en contra de la sociedad, haciendo daño a otros y a ellos mismos- son un padre ausente y una madre con actitudes violentas o que mantiene una difícil relación”, afirma.

En un análisis del perfil del joven de Coahuila, la experta añade que el ataque estuvo influenciado por la matanza de Columbine, Colorado en 1999, algo que evidencia la falta de supervisión familiar y filtros en la construcción emocional del niño.

“Aproximadamente a los 8 años, los niños tienen conciencia de lo que es bueno y malo, pero si no hay padres que están supervisando, educando o mostrando el mundo en función de límites, valores y respeto, pues lo que tienen a la mano es la violencia. Entonces van normalizando una conducta que es adaptativa”, explica.

Urzua y Madrid considera que es necesario que haya más presupuesto para el primer nivel de salud, que es el preventivo, ya que la estrategia federal no debería ser el estar “apagando incendios”.

“La idea es prevenir que ocurran estos hechos tan graves. La necesidad y la exigencia para el gobierno es que ponga a disposición de la sociedad en las clínicas familiares psicoterapeutas que de verdad estén preparados”.

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