La vida de Kenya Citlali Cuevas cambió tras el transfeminicidio de su amiga Paola Buenrostro el 30 de septiembre de 2016. Desde entonces, honra su memoria ayudando a otras personas que están en la búsqueda de justicia. Sentada en su nueva oficina, la directora de Casa de las Muñecas Tiresias y del albergue Paola Buenrostro, comparte que durante la pandemia por COVID-19 emprendió una serie de acciones en beneficio de personas en situación de calle y trabajadoras sexuales.

“El confinamiento remarcó el olvido y el desamparo en el que está mucha gente. Por ello decidimos abrir el albergue el 1 abril y no en enero de 2021 como se planeó desde un inicio, pues, de no haberlo hecho, muchas mujeres no tendrían un espacio seguro para resguardarse”, dice.


Kenya y el equipo de Casa de las Muñecas voltearon a ver a las personas en situación de calle porque consideran que son olvidadas por las autoridades

“Al no tener políticas públicas que realmente vean por ellos, que les permitan enfrentar la crisis de salud que se vive actualmente, nosotras pusimos manos a la obra y organizamos la entrega de comidas desde el 1 de abril hasta el 30 de octubre, lo realizamos por lo menos tres veces a la semana y eran aproximadamente 200 comidas por día”, agrega.

Sin embargo, para la también activista por el derecho a la salud de las personas que viven con VIH, dar comida no era suficiente para alentar a las personas sin hogar, por lo que la acción era acompañada de un show en el que las integrantes de la organización bailaban y cantaban para que, en lo que se repartían los alimentos, los asistentes pudieran entretenerse.

Vestida de lentejuelas, tacones y micrófono en mano, Kenya encabezó más de un espectáculo con las canciones de su intérprete favorita: Lupita D’Alessio. “Cuando canto para ellos, yo siempre me llevo la mejor parte, la satisfacción emocional y espiritual son un regalo de Dios pues me da la oportunidad de sentirme feliz cuando los apoyamos porque la felicidad para mí viene de estar con ellos, conocerlos, que ellos sepan que no son olvidados por Casa de las Muñecas”, manifiesta.

Frente al manejo de los gobiernos local y federal en la protección de la población vulnerable, la directora de la organización precisa que las personas en situación de calle desean ser atendidas y escuchadas, por eso es urgente la creación de programas para darles seguimiento, pues enfatiza, no son números sino personas.

Con fotografías de sus amigas y reconocimientos por su labor en defensa de los derechos humanos a su espalda, Kenya destaca que brindar alimento y un albergue a quien más lo necesita es vital para crear un cambio más humano en la sociedad.


Somos capaces de dar esperanza dentro de la pandemia, en el albergue 20 chicas fueron aceptadas durante este tiempo y no solo se resguardan, también llevan un acompañamiento integral para la reinserción económica y laboral. Aquí se busca que se capaciten y puedan tener un proyecto de vida y que el trabajo sexual sea entonces una opción para ellas y no su único camino para salir adelante

Kenya Citlali Cuevas

Directora de Casa de las Muñecas Tiresias y del albergue Paola Buenrostro

Grito de justicia de Casa de las Muñecas

Aunque amparar a quienes lo necesitan fue una de las labores de Kenya, la exigencia de justicia también estuvo presente en los reclamos de la comunidad transgénero.

A cuatro años del transfeminicidio de Paola, la activista y miembros de Casa de las Muñecas hicieron la recreación del delito sobre la Avenida Puente de Alvarado, en la Ciudad de México, lugar en el que se vio morir a la entonces trabajadora sexual.

“Seguimos con las protestas y las peticiones para que no haya impunidad en los crímenes contra nosotras porque nuestra intención es armar desde las instituciones de procuración de justicia un observatorio sobre crímenes de odio para poder medir y, sobre todo, prevenir la violencia que nos ataca, crear acciones que puedan ser más efectivas y podamos apoyar a las poblaciones, que se sepa que tenemos derecho a una vida libre de violencia y lo vamos a pelear”, declara.

La mujer de ahora 47 años ha cerrado avenidas principales como Insurgentes y Periférico con tal de hacer escuchar su más grande demanda y no vivir con miedo por ser quienes son.

“Queremos que se haga justicia en el caso de Paola y en el de cada mujer que nos han arrebatado. Ya pasaron cuatro años y no cumplen con la orden de aprehensión, no se entiende que tener que gritar por cada asesinada es un desgaste físico, mental y emocional, estamos hartas y cansadas que no se cumplan estos procesos de justicia y reparación del daño, buscamos que se tenga presente que nuestras vidas también importan, que también nos esperan a nosotras en casa”, explica.

Pese a las adversidades, a Kenya Citlali Cuevas no le queda duda que su motivación para seguir en la lucha es la sed de justicia.

“El dolor que han generado a mi persona y a mi vida, se ha transformado en activismo, mi enojo y resentimiento lo moví al accionar donde doy todo, porque a mí me llena verlas superarse, de hacer las cosas diferentes, de verlas cumplir su tratamiento para dejar las drogas con contención psicológica, apoyo de alcohólicos anónimos, talleres de adicciones. Porque sí, es difícil pero siempre lo he dicho: hoy nuestra venganza será que nos vean felices”, asegura Kenya con una sonrisa en el rostro.

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