En los últimos años, México se ha convertido en un país no solo de migrantes, sino de tránsito y refugio de miles de personas provenientes de otras naciones, pero la política que ha adoptado el Estado es completamente contraria a los derechos humanos.

Lo anterior se puede observar en el número creciente de personas detenidas y deportadas a su país de origen en los últimos años, entre los que se encuentran niñas, niños y adolescentes, muchos de los cuales viajaban solos.

Rafael Soler Suástegui, especialista de la Facultad de Derecho de la Universidad La Salle, explica que el Gobierno mexicano podría cambiar esta perspectiva.

“No es tan complicado, creo que bastaría con cambiar dos grandes visiones: la importancia de observar los derechos humanos de los migrantes y que todas las políticas estén orientadas a ellos, a salvaguardar sus derechos humanos.

“Y la segunda parte, que es más compleja todavía pero más importante, es entender que los flujos migratorios son flujos naturales, es decir, no son una irregularidad, no es algo que se deba prevenir o algo desagradable que tengamos que corregir”, menciona.


“Hay que entender que los flujos migratorios son flujos naturales, es decir, no son una irregularidad, no es algo que se deba prevenir o algo desagradable que tengamos que corregir”

Rafael Soler Suástegui

Especialista de la Facultad de Derecho de la Universidad La Salle

El académico señala que si cambian estos dos enfoques no sería tan complicado, porque el número de personas migrantes que llegan a México con el propósito de establecerse en el país todavía es asumible, pero si no hay instituciones ni presupuesto se vuelve un problema.

“No vamos a parar los flujos migratorios, no hay manera de hacerlo, es incluso ridículo pretender hacerlo, lo que sí podemos hacer es gestionarlo de la mejor manera”, dice.

La gran afluencia de personas migrantes en el país tiene que ver con las restricciones que ocurren en Estados Unidos, ya que han aumentado el flujo de migrantes y de solicitantes de refugio en México, explica Soler Suástegui.

Algunas de las razones son la crisis venezolana, los problemas en Haití y la violencia y las extorsiones en Centroamérica.

“Hay un entorno político interesante en el sentido de que México, creo yo, está deteniendo migrantes, está haciendo el trabajo de detenerlos para que no lleguen a Estados Unidos y entonces nos estamos volviendo una especie de cuello de botella.

“Y si bien es cierto que el número de migrantes para lo que es México, y el de solicitantes de refugio, no debería de implicar un gran problema, también es cierto que no existe el presupuesto suficiente para atender esta realidad”.

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