Las luces de Balvin Club se encienden a las diez de la noche. Una neblina artificial emerge de la pista de baile mientras las notas de hip-hop dan la bienvenida a los primeros asistentes, quienes llegaron temprano para alcanzar la promoción de botellas nacionales en 999 pesos. “Un combo de lujo”, dice uno de los empleados.

Para entrar al antro, conocido también como “Hop” nadie toma la temperatura como requisito para pasarla bien. Una vez dentro, pareciera regla fundamental retirarse el cubrebocas, no sólo para los jóvenes que van a bailar y celebrar sus cumpleaños, sino también para los trabajadores: ninguno de ellos usa mascarilla.

Tampoco hay tapetes sanitizantes ni alcohol en gel por ningún lado. El lugar está en un primer piso completamente cerrado y con las ventanas clausuradas, lo cual impide que el aire fluya hacia alguna parte. Tampoco hay ventilación artificial. La mezcla de neblina ficticia combinada con humo de cigarro irrita los ojos y hace casi imposible respirar.

Oficialmente, Balvin Club cerró sus puertas en marzo del año pasado por el inicio de la pandemia de COVID-19. Se ubicaba en el número 1027 de la avenida Insurgentes Sur, en la colonia Noche Buena de la alcaldía Benito Juárez, justo arriba del restaurante “Las Delicias”.

“Si queremos vernos pronto, tenemos que quedarnos en casa. Y miren que para que les diga esto un antro, está cañón”, anunciaron el 30 de marzo en sus redes sociales. Sin embargo, la espera duró tan sólo siete meses: en octubre, informaron que Balvin Club Nápoles abría sus puertas nuevamente, esta vez, en una “locación secreta”.

El punto de reunión es Holbein 227, junto a una tienda de conveniencia, donde un empleado del antro espera a los invitados para conducirlos a la ubicación real. “¿Vienen a Balvin?” pregunta a los jóvenes que transitan por la zona.

Para llegar hay que caminar unos metros y atravesar un pasillo comercial, sin nombre, ubicado entre Holbein y Detroit. Se trata del mismo edificio donde el lugar operaba antes de la pandemia, arriba de “El Delicias”, pero ahora el ingreso es por la parte de atrás. Esa es su “locación secreta”.

Dos hombres resguardan una pequeña puerta metálica, solicitan la identificación de los asistentes para asegurarse de que son mayores de edad y revisan las bolsas de mano con una linterna. “¿Con quién vienen?”, preguntan, y después de corroborar el nombre en su lista de reservaciones, permiten el paso a los invitados.

Tras subir un par de escaleras se llega a la recepción, en la primera planta, donde otro hombre comprueba que existe una reservación. En caso de no tenerla, solicita 100 pesos de cover. Luego coloca un sello en las muñecas y señala la entrada. “Bienvenidos”, dice con una amplia sonrisa sin mascarilla.

Las discotecas, antros y centros nocturnos no están incluidos en el plan de reapertura del gobierno de la Ciudad de México, a menos que acepten operar como restaurantes y bajo las reglas del programa “Reabre” para venta de alimentos: brindar servicio a comensales en su interior con un aforo del 60 por ciento y un máximo de 6 comensales por mesa, siempre y cuando se hayan ocupado previamente las mesas al aire libre.

“Cerramos por un tiempo, cuando empezó la pandemia. Después abrimos otra vez, gracias a dios”, platica “Miriam”, la mesera que entrega cervezas, sirve tragos y enciende cigarrillos.

-¿Cuánto tiempo estuvieron cerrados?

-Como unos cinco meses, la verdad. Es que necesitamos comer. Antes venían más personas, pero ahora no se puede porque está escondido. Está mejor, porque así está difícil que nos clausuren.

En Balvin Club nadie mantiene el distanciamiento social. No sólo por la cercanía del baile, sino porque el espacio no lo permite.

Las personas se encuentran distribuidas en gabinetes con mesas de centro donde los meseros colocan botellas de Bacardi, Smirnoff o Cuervo Especial al interior de cubetas de hielo. En cada salita caben, por lo menos, diez personas apretujadas. Las demás se encuentran de pie y otras distribuidas en la pista de baile. A las 23:00 horas, el número de asistentes ronda entre las 150 y 200 personas.

El bar abre de jueves a sábado, de 22:00 a 4:30 horas. “Los jueves tenemos un show trans, es cuando conseguimos más visitantes porque se pone muy bueno, aquí las esperamos”, dice Miriam, animosa.

Las reservaciones se hacen con Víctor Caballero a través de WhatsApp, en el número telefónico proporcionado en la cuenta de Facebook de Balvin Club Reservaciones. “Para el cumpleañero le regalamos una botella de espumoso, después de cualquier botella que pida de la carta”, explica el RP.

“También les damos una ronda de shots y coctel flameado. Tenemos una promoción en las botellas nacionales de 10 a 11 pm. Al reservar te regalo el cover del cumpleañero y el de un invitado”.

Desde marzo de 2020, el Instituto de Verificación Administrativa de la CDMX (INVEA) ordenó la suspensión de actividades para 121 establecimientos cuyo giro es la venta de bebidas alcohólicas en la capital, 20 restaurantes-bar y alrededor de 30 bares; la mayoría de ellos en Cuauhtémoc, Tlalpan y Benito Juárez.

En esta última, se suspendieron antros y bares como Estakrbon, Fando Liz, Baby Bon, La Bartola, El Torito, La Picuda Revolucionaria, Botanero, y Don Pancho. Recientemente, la alcaldía anunció la clausura de otros tres: La Tavola y Steak Grill´s, en la Del Valle Norte y Nápoles, y El Jaibol en Vértiz Narvarte.

“Como siempre, hay brigadas del INVEA que visitan y, sobre todo, hacen apercibimientos para informarles de la condición del COVID; y se les están dando facilidades para abrir dentro del programa Reabre como restaurantes y, particularmente, con el programa Ciudad al Aire Libre”, informó recientemente la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum.

Mientras que unos hicieron de su ubicación un secreto ante la imposibilidad de publicitarse, otros emprendedores abrieron nuevos establecimientos para recibir al público que se quedó con ganas de bailar en pandemia.

Uno de ellos es el Pink Rooftop bar, un antro ubicado en el número 8 de la calle Doctor Gálvez, en la colonia San Ángel de Álvaro Obregón. Según el RP contactado por Reporte Índigo, abrieron recientemente porque el gobierno capitalino les cerró otros espacios. “Ahorita el que abrimos es este, que se llama Pink y pues es una terraza. Ya sabes, por la pandemia y todo”.

Por otro lado se encuentra el Obsession Roof Top & Bar Lounge, ubicado formalmente en el tercer nivel del WTC. En redes sociales, se promociona como restaurante y ofrece parrilladas, música en vivo y celebraciones de cumpleaños de 14:00 a 22:00 horas.

Sin embargo, personal del establecimiento confirmó que, ante la imposibilidad de mantener fiestas de madrugada, están llevando a sus invitados al Balvin Club. “Obsession está cerrado por broncas con la alcaldía, pero estamos haciendo las fiestas Obsession en otro lugar, sobre Insurgentes y Holbein, en Balvin”.

Aparentemente, esa y otras marcas de antros clausurados están utilizando la infraestructura de ese centro nocturno, ubicado en Insurgentes Sur 1027, para realizar sus fiestas y burlar al INVEA, cuyas instalaciones se encuentran en el número 132 de la calle Carolina, en la colonia Noche Buena, a una cuadra del Balvin Club.

@ItsMonseOrtiz

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