“Él vive en una porquería, en la basura. Porque ahí lo pusieron. Lo mataron y lo pusieron ahí en la basura. Lo mataron porque ya no querían estar con él”, así describe a su dibujo Brian, quien tenía tres años y un mes y ha vivido en prisión.

El infante es uno de cientos que han habitado el Reclusorio Femenil de Santa Martha Acatitla, al Oriente de la Ciudad de México; actualmente, viven 120. Su creación a lápiz forma parte del “Anuario de Los Niños Invisibles 2015”, elaborado por la organización Reinserta e inspirado en los anuarios que las escuelas publican de sus estudiantes, para mostrar a quienes nacen, crecen y viven en prisión.

El artista Alejandro Magallanes copió los trazos de Brian en óleo y acrílico sobre tela; a su obra le puso el nombre con el que Reinserta rebautizó al menor para proteger su identidad. Esta intervención forma parte de la exposición “El arte detrás de las rejas”, la cual busca que el público conozca la situación vulnerable y contribuya comprando a precios sugeridos las obras, o por 500 pesos cada dibujo.

La muestra fue organizada por Ana Fenoll, joven de 19 años, quien contactó a más de una decena de artistas, al proyecto se sumó Reinserta, asociación que busca la impartición de justicia penal y el respeto a los derechos humanos de las personas que se encuentran en las cárceles.

Fenoll se propuso ayudar desde que Saskia Niño de Rivera, cofundadora de la organización, presentó la campaña Niños Invisibles en el Congreso de los Jóvenes de la Universidad Panamericana. Ella realizó cuatro obras que conforman esta exposición y durante un semestre, Jimena García, directora de niñez y maternidad en Reinserta, le propuso impartir uno de los talleres donde 19 niños participaron para plasmar en papel su experiencia en un centro de reclusión.


A veces es muy fácil decir o dar pero no hacer. Involucrarme fue mi mejor manera de apoyar, a través del arte hay que generar catarsis

Ana Fenoll

Organizadora de la exposición “El arte detrás de las rejas”

Reconocen a la niñez en prisión

En 2016 el Informe Especial de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos sobre las Condiciones de Hijas e Hijos de las Mujeres Privadas de la Libertad en los Centros de Reclusión de la República Mexicana, reportó una población total de 618 niños en 214 establecimientos penitenciarios de 30 de las 32 entidades federativas, el corte a agosto casi se había duplicado en cuatro años

De junio a octubre, el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) y Reinserta colaboraron para realizar el “Diagnóstico de las circunstancias en las que se encuentran las hijas e hijos de las mujeres privadas de su libertad en 11 centros penitenciarios de la República Mexicana. Propuesta de políticas públicas para atender de manera integral sus necesidades más apremiantes”.

El objetivo era reconocer a la niñez como parte de la población penitenciaria en la Nueva Ley de Ejecución Penal, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 16 de junio de 2016. El artículo 10 establece que las mujeres en situación de cárcel tienen derecho a la maternidad, así como a una estancia digna y segura para ellas y sus hijos.

Las prisiones del país deben modificar sus instalaciones si hay niños viviendo ahí. Según el informe de la CNDH, el Reclusorio Femenil de Santa Martha es uno de los 14 con instalaciones mínimas adecuadas; cuenta con una bebeteca para los 20 niños que nacen cada año, aproximadamente, y un Centro de Desarrollo Infantil (Cendi) donde la asistencia es opcional.

Sin embargo, Reinserta sostiene que no siempre se cumple este marco legal y es necesario realizar talleres que promuevan habilidades físicas, artísticas y sociales para un mejor desarrollo integral desde la primera infancia.


La Ley de Ejecución Penal establece que las mujeres que estén en prisión tienen derecho a la maternidad y a una estancia segura para sus hijos

En México, la edad de los niños que viven con sus madres privadas de la libertad en los centros de reclusión va de los 0 a los 6 años, pero a partir de la publicación de la Nueva Ley Nacional de Ejecución Penal, se modificó hasta los 3 años para quienes hayan nacido durante el internamiento de sus mamás.

No obstante, el artículo 36 establece que podrá solicitarse la ampliación de tiempo en caso de discapacidad si la madre es la única persona que puede hacerse cargo.

“Disposición que esta Comisión considera contraria al Interés Superior de la Niñez, ya que se refiere exclusivamente a los nacidos durante el internamiento de la madre, excluyendo a los que no hayan nacido durante este, generando con ello un trato discriminatorio ya que los priva del derecho de estar con su madre”, dice el informe de la CNDH.

Un recorrido artístico

“Tiene una panza para que se le vaya la comida. Ella es bien grosera, hace cosas feas. Pega bien feo. Tiene 5 años, igual que yo. Ella quiere agarrar a la mariposa para que vuele en sus manos. Ella la agarra en sus manos porque la quiere pisar para matarla y que se la coman los gatos”, describió Paula a su dibujo del anuario reunido por Reinserta. Por su edad, debió separarse de su madre e irse con un familiar o a un albergue.

Paula inspiró a los artistas Carlos Cros y Jorge Cejudo, quienes pintaron las obras “La niña que soñaba que se convertía en mar” y “Volar desde el corazón”, respectivamente, las cuales están expuestas y a la venta en la galería Baga 06.

“Los niños de Santa Martha son ‘niños invisibles’, no forman parte del presupuesto penitenciario ni son considerados como un grupo vulnerable ante la ley. Por la falta de recursos, viven de las donaciones de diferentes organizaciones no gubernamentales y de donadores particulares que ayudan a las madres para la manutención de sus hijos”, menciona el anuario.

De talleres de arte terapia con materiales de reciclaje, colores y calcomanías resultaron 13 dibujos realizados por infantes que fueron intervenidos por artistas visuales y plásticos; algunos aparecen en el anuario, otros más, como una jirafa de cinco patas o elefantes, fueron elaborados después de visitas al zoológico o a Cancún.


Fenoll explica que los niños saben de su condición y agradecen este tipo de experiencias que les permiten conocer el exterior

“Cuando vi la pintura abstracta del niño, con esos colores azules verdosos, no dudé en realizar la obra, sentí una conexión artística”, escribió el artista Pedro Trueba sobre el óleo que tituló “Mar”.

El mural “Grandes esperanzas”, intervenido por la diseñadora e ilustradora María José Hernández y Ana Fenoll, es la única obra que no está a la venta. “Vamos a regresárselo a los niños de la cárcel porque ellos lo empezaron. Hace dos años, cuando no era mayor de edad, para celebrar el Día del Niño los llevaron a un salón de fiestas y llevé esta tela para pintar el fondo”, dice Fenoll durante un recorrido por la muestra.

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