Durante el 2021 México se enfrentó a una de sus peores problemáticas, la cual se vio reflejada no solo en las miles de personas migrantes que atraviesan el país en caravanas, sino en el incremento en las solicitudes de asilo.

El 4 de octubre de 2021 Edwin Javier Martínez salió de su casa, en Tegucigalpa, Honduras, para comenzar su viaje hacia Estados Unidos.

Las principales razones que lo obligaron a dejar su país fueron la inseguridad y el desempleo que se agravaron por la pandemia de COVID-19, explica.

En su país trabajaba como técnico en electricidad en una compañía del Estado, pero hace 8 años, tras la privatización de la misma, fue despedido.

Luego, ingresó a una empresa de telecomunicaciones, donde hacía instalaciones telefónicas y de internet, pero en la pandemia le bajaron el sueldo y le fue imposible mantener a su esposa y tres hijos con ese salario. Por eso decidió migrar, relata.

En Guatemala, los policías le quitaron todo su dinero; y en México, cuando viajaba en el tren de carga “La Bestia”, a la altura de Veracruz, se cayó y apenas logró sobrevivir. Se lesionó el brazo y aún está vendado. “Está vivo por misericordia de Dios”, recuerda que le dijeron otros migrantes.

Finalmente llegó a un albergue y ahí lo canalizaron a un hospital para atender su lesión. Tenía miedo, pues los médicos le dijeron que si era algo grave tendrían que deportarlo, pero afortunadamente pudo seguir su camino.

Edwin, de 36 años, es uno de los integrantes de la Caravana Migrante que llegó a la Ciudad de México el pasado domingo 12 de diciembre. Durante su ingreso a la capital del país hubo una confrontación entre integrantes de la caravana y las autoridades locales.

Mientras que el Gobierno capitalino señala que sus elementos trataban de imponer orden y fueron agredidos, las personas migrantes dicen que solo se defendieron.

Finalmente, tras varios días, hubo un acuerdo entre la caravana y la Secretaría de Gobernación para regularizar a las más de 500 personas que la conforman, ya sea a través de visas humanitarias o permisos de residencia permanentes.

Sin embargo, el cumplimiento de estas medidas aún están en el aire, ya que las autoridades migratorias empezaron a atender a grupos de 30 personas. Por lo tanto, ayer lunes, Irineo Mujica, el líder de la caravana, acusó a México de retrasar el acuerdo.

La crisis migratoria en la región no es nueva, pero activistas por los derechos de los migrantes y los refugiados señalan que en este 2021, en México se han visibilizado otras migraciones, como la de la comunidad haitiana.

Además, se ha consolidado la doble narrativa del Gobierno mexicano: por un lado dice que habrá mejores condiciones para esta población, pero por el otro se han incrementado las medidas represivas en su contra

Las cifras revelan la magnitud de esta crisis humanitaria: más de 123 mil peticiones de asilo de enero a octubre de este 2021, número superior a los de años pasados.

El camino

En su trayecto a través de México, las personas migrantes suelen ser víctimas de golpes y detenciones por autoridades como la Guardia Nacional y el Instituto Nacional de Migración (INM), lo que las ha obligado a dispersarse, de lo contrario, solo tienen dos vías: ser detenidos o deportados, señalan activistas de los derechos humanos.

Además, los procesos para pedir refugio se han alargado meses y una de las quejas más recurrentes es que, en lo que esperan, no pueden salir de ciertas ciudades, como Tapachula, Chiapas, o ahora, la Ciudad de México.

Lo anterior ha ocasionado situaciones de hacinamiento y la violación de sus derechos humanos, sobre todo para la comunidad haitiana, ya que además de sufrir discriminación por su situación, también se exponen al racismo por su tono de piel.

Pero no son los únicos desafíos a los que se enfrentan, otros son las condiciones climatológicas, pues algunos de los migrantes están descalzos o carecen de ropa para el frío; suelen ser víctimas de delitos como la extorsión, el secuestro, la trata de personas, la explotación sexual y hasta el asesinato por grupos criminales e incluso por las mismas autoridades.

Uno de los casos más recientes es el que ocurrió el pasado 9 de diciembre en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, cuando un tráiler que iba a más de 100 kilómetros por hora chocó contra un puente. En su interior había migrantes. El impacto dejó más de 100 heridos y 56 fallecidos.

Viacrucis para migrantes

Actualmente, Edwin, de 36 años, se refugia en la Casa del Peregrino, cerca de la Basílica de Guadalupe, en espera de avanzar a su destino. La mayoría de quienes están ahí no saben cuánto tiempo más podrán permanecer en ese lugar.

Aunque al principio había alrededor de 300 personas de diversos países de América Latina y del Caribe, cada día llegan más migrantes, muchos de ellos son niños, niñas y bebés con sus familias.

En el albergue hay comida y un lugar para dormir, así como el acompañamiento de autoridades locales y organizaciones civiles, pero el espacio es insuficiente para el número de personas que llegan.

Además, no hay medidas sanitarias para evitar la propagación de COVID-19 como gel antibacterial, y la sana distancia es prácticamente imposible. Los baños portátiles están saturados y se pueden observar filas de personas que se bañan con el agua de los tinacos disponible.

En los alrededores, las casas vecinas ofrecen servicio de baño por 5 pesos o ducha por 40 pesos, cantidad que para muchos es imposible de pagar.

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