Cuando el policía novato Wayne Jenkins llegó el 18 de agosto de 2003 a la sesión de la orden del día de su jefatura del distrito sureste en Baltimore, Maryland, conoció a Ed Baker, uniformado experimentado, quien lo iba a auxiliar en su adiestramiento de campo.

Baker tomó la jarra de café sin dudarlo, indicándole a Jenkins que esta bebida era vital para todo policía, el joven recluta ni siquiera se inmutó, porque en ese instante el teniente entró a la sala y todos se cuadraron a su recibimiento. Ambos oficiales caucásicos tomaron asiento de inmediato.

El oficial superior describió los objetivos de su deber, como limpiar las calles de narcomenudistas, detener a portadores de armas de fuego sin licencia o posibles criminales afroamericanos deambulando por las calles. Baker le dijo en voz baja a Jenkins “Toda esa mierda que te enseñaron en la Academia, a la chingada, y el entrenamiento de sensibilidad cultural, también a la mierda. Esto es Baltimore”.

El 7 de febrero de 2005, la escena se repite, pero ahora Jenkins es quien toma desesperadamente la jarra de café al llegar a la junta, mientras que Tim Yang, de origen asiático, es el novato. Al iniciar la sesión se sientan y Jenkins le dice sin titubeos y con celeridad “Toda esa mierda que aprendiste de la Academia, a la chingada, esto es Baltimore”.

Con el paso de los años Jenkins escala puestos, entra a las fuerzas especiales, detiene a diestra y siniestra a portadores de armas ilegales, a quienes distribuyen los estupefacientes, él es un héroe en la corporación a la luz pública.

Pero la realidad es que es un criminal que desfalca miles de dólares en cada redada, siembra onzas de mariguana o cocaína cuando encuentra a peatones inocentes, acciones que repiten más de sus compañeros. Todos celebran a manos llenas en bares o cabarets, de día y noche.

Ante las autoridades aparecen las drogas y las armas, pero todo el efectivo se reparte entre Jenkins y sus hombres, la corrupción es su modo de vida sin que haya nadie que los detenga, porque la placa los protege; ellos son la ley, la impunidad vestida de azul.

De esto trata We own this city (Nos pertenece esta ciudad), miniserie de seis episodios que hoy estrena el primero en HBO, creada por David Simon y George Pelecanos, equipo que también hizo The Wire, su producción más celebrada hasta la fecha.

Ambos creadores conversaron con medios internacionales y Reporte Índigo cuestionó si esta es una “secuela espiritual” de The Wire, debido a que las dos suceden en Baltimore, Maryland, y hablan de la atmósfera policiaca y de gobierno.

“Creo que muchas personas lo van a ver de esa manera, y se parece a The Wire, porque esa serie era una crítica a la guerra contra las drogas y lo que salió mal, su prohibición y las encarcelaciones masivas, ese era y es nuestro objetivo; entonces, en ese sentido, definitivamente, se parecen, pero esta es una historia de no-ficción y que no está ligada a los personajes de The Wire”, responde Simon.

El periodista policiaco, quien es nativo de Maryland, describe que We own this city no es una ficción, porque está basada en hechos reales; sin embargo, lo que se ve en la miniserie sí es una recreación con actores, en Baltimore, Maryland, además de que los sucesos que ocurren en este nuevo programa pasan una generación después de lo que sucedió en su otra producción.

Para los creativos, el combate a las drogas en Estados Unidos es ridículo

“Si queremos hacer un enlace, es como si los ‘Herc’ y Carver (personajes de The Wire) del mundo se convirtieran en los coroneles y comandantes que lideran el departamento que ve crecer a la nueva generación, con su sabiduría de policía, aunque ellos eran detectives. Esta serie es de cómo las cosas se pusieron peor. Hace 14 años que se terminó The Wire, eso es toda una vida en términos de alguien que trabaja en un departamento de policía”, agrega Simon.

Pelecanos platica que lo buscaron de HBO para adaptar el libro homónimo de Justin Fenton, y describir a profundidad esta historia que además muestra el racismo que se vive contra los afroamericanos. Inmediatamente, él involucró a Simon, quien todavía reside en Baltimore, y también sumó a más escritores que colaboraron con ellos en The Wire.

“Bueno, yo ya no soy un polluelo, me estoy volviendo viejo, entonces, no sé cuántos shows más vaya a desarrollar, así que me pareció buena idea traerlos de vuelta. Todavía estamos interesados en las cosas que siempre nos han preocupado, que es la justicia social y no hay mejor lugar donde ponerlas que en Baltimore, porque es un microcosmos, muchas ciudades se le parecen y por extensión Estados Unidos era el lugar idóneo para contar esta historia”, admite el cocreador de la miniserie.

El “apetito” por las drogas en We own this city

Los creativos subrayan que el combate a las drogas en Estados Unidos es ridículo, la despenalización es la vía que varias entidades han hecho en lugar de prohibirlas; por ello, ambos quieren seguir causando un gran impacto y desean de poner el ejemplo con los programas que hacen para HBO.

“Estoy muy consciente del apetito que Estados Unidos tiene por las drogas, y es contradictorio lo que este apetito ha hecho con el resto del mundo, como los países en Latinoamérica y México, algunas veces me pregunto ‘¿cuándo vamos a pelear nuestra propia guerra contra las drogas?’, porque queremos que ellos sean los que viven en una zona de guerra, mientras pretendemos tener una auténtica falta de hipocresía”, insiste Simon.

Pelecanos refiere que al menos en Baltimore existe un hartazgo de la sociedad hacia la seguridad pública, porque los jurados ya no se logran completar para armar un juicio, los ciudadanos se empiezan a blindar contra el gobierno para evitar pisar la cárcel por crímenes que no cometieron y también ahora mismo los civiles estarán evaluando las malas conductas de los policías en la entidad.

“No puedes esperar a que las cosas cambien por un programa de televisión, pero la gente sí se está advirtiendo, sí hay un impacto entre ciudadanos y la policía, al punto en el que la policía ya no puede hacer su trabajo porque la gente no quiere hablar con ellos, no quieren cooperar, aquí ya no se pueden llenar los jurados, porque saben que la policía miente, la gente está viendo el lado negativo de esta guerra a través de este espectro”, suma Pelecanos.

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