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NASA

Una mujer pudo haber sido el primer ser humano en pisar la Luna, pero la NASA lo impidió

Alejandra Montes de Oca

¿Mujeres astronautas? Hace 50 años esa idea parecía ridícula porque en la carrera espacial solo había lugar para los hombres pero, lo que nadie se imaginaba, es que un estudio llegaría a demostrar que ellas eran las más calificadas para ir a la Luna.


Jul 20, 2019
Lectura 5 min
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El 16 de julio de 1969 el Apolo 11 estaba a punto de despegar desde el Centro Espacial Kennedy en Florida, Estados Unidos. A bordo, se encontraban las astronautas Geraldyne Jerrie Cobb y Mary Wallace Funk dispuestas a cumplir la misión por la que tanto se habían preparado.

Cuatro días después, la nave aterrizó en su destino mientras el mundo esperaba ansioso el formar parte de lo que podría ser la mayor proeza de la humanidad: llegar a la Luna.

Así y frente a la mirada de millones de espectadores, Jerrie Cobb descendió del Apolo 11 y caminó sobre la superficie del satélite natural de la Tierrapronunciando la famosa frase “este es un pequeño paso para la mujer, pero un gran salto para la humanidad”.

Este relato ahora es un invento, pero hace 50 años pudo haber sido una realidad si la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA)hubiera permitido que las mujeres participaran en la carrera espacial, un hecho que explica el documental Mercury 13, de Netflix.

LA CARRERA POR EL ESPACIO, UN LUGAR RESERVADO PARA HOMBRES

Todo comenzó en el año 1958 cuando Estados Unidos, ante la presión de la Unión Soviética que ya había puesto en órbita el primer satélite, decidió iniciar un programa de vuelo espacial tripulado conocido como Proyecto Mercury.

Dado que muchos militares querían participar, se establecieron varios criterios para escoger a los astronautas que irían primero al espacio.

Para ello, los aspirantes debían ser pilotos graduados de la Armada o de la Fuerza Aérea, contar con 1500 horas de vuelo, saber tripular un jet, tener estudios de ingeniería y una altura máxima de un metro y 80 centímetros.

La clínica del Dr. Randy Lovelace, en Albuquerque, fue la encargada de llevar a cabo todos los exámenes físicos para los 32 candidatos interesados, quienes también hicieron pruebas clínicas y otras nuevas para el proyecto.

Tras ver su desempeño, la NASA pidió al Dr. Lovelace ser el encargado, no solo de diseñar y dirigir las pruebas, sino también de establecer el estándar para los astronautas del programa.

Aunque el médico estadounidense aceptó entusiasmado, por su mente corría la inquietud de poder demostrar que las mujeres también tenían un lugar en el espacio porque consideraba que, tanto física como emocionalmente, ellas contaban con atributos que las hacían más fuertes para cumplir la misión.

Como en esa época las mujeres enfrentaban varios prejuicios debido a que la carrera por el espacio era un lugar reservado para los hombres, el Dr. Lovelace decidió buscar un financiamiento para iniciar un proyecto fuera del contrato de la NASA.

De este modo y con la intención de comprobar la capacidad que tenía el sexo femenino al comparar los resultados de sus pruebas con las de los hombres, en febrero de 1960 puso en marcha el reclutamiento para su estudio al que llamó Mujer en el Espacio.

13 mujeres piloto participaron en el programa alterno del Dr. Lovelace

Basándose en una lista de las mejores pilotos, Lovelace invitó a 25 de ellas a realizarse un examen físico muy similar al que se sometían los astronautas para luego dar paso a las pruebas, las cuales estaban programadas para hacerse en tres fases.

La primera seleccionada fue la piloto de aviación, Geraldyne Cobb, quien junto a otras 12 aviadoras lograron pasar la primera fase del proyecto que el médico había hecho por su cuenta.

50 años de que el hombre llegó a la luna

A pesar de que las 13 mujeres apenas y contaban con uno o dos de los requisitos que pedía la NASA, lograron aprobar satisfactoriamente las pruebas e incluso hasta mejor que los hombres.

50 años de que el hombre pisó la Luna

Por ejemplo, en el tanque de aislamiento sensorial que formaba parte de las pruebas psicológicas, las mujeres podían quedarse largo rato, mientras que los hombres no podían soportarlo.

Tras varios meses de esfuerzo, dedicación y entusiasmo por la posibilidad de convertirse en las primeras mujeres en ir al espacio, las 13 aspirantes se encontraban listas para cumplir la tercera fase del estudio, la cual nunca llegó porque justo antes de iniciar esta última etapa, la NASA se enteró del proyecto alterno que estaba llevando a cabo el Dr. Lovelace y lo canceló.

Sin importar los esfuerzos del médico por mostrar que los resultados de las mujeres le parecían superiores a los de los hombres, a la agencia espacial jamás le interesó continuar el programa porque argumentaban que “no necesitaban mujeres astronautas”.

MERCURY 13, PROGRAMA FALLIDO

Con testimonios de algunas de las participantes del proyecto Mujer en el Espacio, el documental original de Netflix, Mercury 13, da al espectador la oportunidad de revivir un hecho que parece olvidado en la historia y no solo eso, también comparte la impotencia y frustración que sintieron aquellas mujeres quienes, a pesar de haber demostrado sus capacidades, no fueron tomadas en cuenta por la agencia espacial.

El caso de las ‘mercury 13’ llegó hasta el Congreso y a los principales diarios de Estados Unidos.

envían mujer a la Luna

Con encabezados como Mujeres quieren ir al espacio o Aspirantes a mujer astronauta piden lugar en el espacio, se anunciaba lo que más tarde sería un fracaso ya que aunque parezca inexplicable, la NASA prefirió enviar a un chimpancé, antes que a una mujer.

DESPUÉS DE 50 AÑOS, LA NASA DECIDE ENVIAR A UNA MUJER A LA LUNA

Hace poco más de dos meses, la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) anunció que mandará por primera vez a una mujer a la Luna en el 2024 dentro de su proyecto Artemis.

Ante tal noticia muchas personas lo reconocieron y hasta celebraron, sin embargo, quien conoce esta parte de la historia de la carrera espacial o la persona que haya leído este texto, sabrá que tal decisión llegó demasiado tarde.


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