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Una educación excluyente

Fernanda Muñoz

Aunque las leyes mexicanas protegen y garantizan los derechos de las personas con discapacidades, la realidad es que la sociedad sigue enfrentando problemas en las escuelas regulares para atender de manera particular a este tipo de personas, ya que no se cuenta con docentes especializados


Ago 20, 2019
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Todo individuo tiene derecho a recibir una educación a pesar de las condiciones que presente, así lo sentencia la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Pero aunque así lo dicte el Artículo primero y tercero, los hechos son otros, por lo que el apoyo de la sociedad es fundamental.

Arturo Champo nació sin poder escuchar. Desde 1974, año en el que se convirtió en el menor de una familia de cinco integrantes, sus padres y hermanos mayores no lo vieron con otros ojos ni los trataron diferente por carecer del oido. Cursó toda la educación básica e incluso acudió a la universidad, era un estudiante como todos, sólo que necesitaba ayuda por parte de algunos de sus compañeros.

A partir de los años 80, a la Lengua de Señas se le reconoció como principal medio de comunicación entre y con las personas sordas

“Ya que carezco del oido, no escuchaba lo que los profesores dictaban o indicaban, así que siempre tenía que estar copiando de los apuntes de algunos de mis compañeros; y pesar de mis dificultades, nunca pensé que la escuela, el tener una buena educación, no era para mí”, platica Champo.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2018, de los 124 mil nueve millones de personas que residen en el país, 6.3 por ciento vive con una discapacidad; el 18.4 de ellos carece del sentido del oido, y el 10.5 no puede hablar.

La educación para las personas sordas en México surgió tras la creación de la Escuela Municipal de Sordomudos, en junio de 1866, antes de que Benito Juárez promulgara la Ley Orgánica de Educación, en 1867, en la que se citó que todo niño con carencia auditiva y del habla debía aprender lengua española escrita y expresada por medio del alfabeto manual y pronunciada cuando hubiera aptitud para ello.

Cuando Champo era niño acudió a una escuela en la que convivía con otros menores iguales a él, sin habla y sin sentido del oido. Al paso de los años, dejó de verlos, él siguió con sus estudios, conviviendo con personas sin sus condiciones e intentando expresarse de manera oral en casa, con sus padres y hermanos.

Un día, luego de 11 años de haber dejado de ver a sus compañeros, le llegó una invitación para reunirse. Aceptó y acudió a verlos. “En cuanto llegué, me tomó por sorpresa que ninguno de ellos hablaba. ¡¿Cómo era posible eso?! Todos se comunicaban a través del lenguaje de señas, y como yo no sabía ese método, no pude entablar conversación con ninguno”, asegura Arturo.

En la guía titulada Orientaciones para la Atención Educativa de los Alumnos Sordos, de la Secretaria de Educación Pública (SEP), publicada en 2012, se explica que fue a partir de los años 80 cuando a la Lengua de Señas se le vio como lengua y se le reconoció su uso como principal medio de comunicación entre y con las personas sordas.

En mi caso fueron mis padres los que me incitaron a hablar, a emitir sonidos para poder comunicarme no sólo con ellos sino con las demás personas. Ahora estoy tomando un curso de Lengua de Señas para poder seguir en contacto con mis compañeros de la infancia

- Arturo Champo

Persona sordomuda

A pesar de que Champo estudió Diseño Gráfico en la Universidad del Valle de México, sin ningún problema que detuviera sus estudios, y después acudió a un colegio para aprender sobre Diseño de Modas, aún se siguen cuestionando el por qué no hay en el país universidades especiales para gente como él, ya que el tenerlas les facilitaría esa etapa de su vida.

Lo necesario en la educación para personas con discapacidad

Aunque en México ha habido escuelas básicas para atención especial desde hace 153 años, aún no se les brinda el apoyo ni la atención suficiente para que los niños, jóvenes o adultos con carencia del habla o del oido puedan convivir con otras personas de manera incluyente.

Al respecto, María de la Paz Jiménez Castañeda, maestra en Pedagogía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), resalta, en entrevista con Reporte Índigo, que a pesar de que sí ha habido esfuerzos importantes en el ámbito de la educación especial en el país, la sociedad sigue enfrentando problemas en las escuelas regulares para atender de manera particular a este tipo de personas, ya que, dice, no se cuenta con docentes especializados.

“La inclusión es uno de los objetivos prioritarios de las políticas educativas, pero se requiere de implementar de manera más contundente acciones concretas para brindarles un servicio educativo de calidad y con mayor cobertura para beneficiar a este sector de la población”, asegura María de la Paz Jiménez Castañeda.

Para la catedrática, en México se deben generar más condiciones para que la gente sorda tenga mayores oportunidades de desenvolverse en la sociedad e insertarse a una vida productiva y social, no a partir de una idea asistencialista y de ayuda, sino de brindarles lo que por derecho le corresponde a cualquier ciudadano.

“A las personas sordas se les debe brindar, desde edades tempranas, estimulación sensorial para potencializar sus sentidos, así como para desarrollar sus habilidades, como la atención, la capacidad de observación, la expresión corporal y expresiva. La familia debe apoyarlas y acompañarlas en todo momento, para que se les reconozca como seres plenos y con capacidad”, dice la maestra en Pedagogía.

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