Cuando la soledad y el aburrimiento llegan a tal grado de devorarse las novedades de Netflix en un fin semana, las medidas desesperadas comienzan a parecer una buena opción para salir, conocer personas nuevas y, con un poco de suerte (y consenso) algo parecido al amor.

Tal vez no se encuentre a la pareja que nos acompañará hasta el fin de nuestros días, pero Tinder podría ser el detonante para que grandes cosas sucedan.

Una gran cita, conocer personas interesantes, aprender cosas nuevas o simplemente descubrir por cuenta propia que esas nuevas formas de “ligar” no se hicieron para nosotros. Aunque también puede servir para viajar.

Hoy en día, todo lo encontramos en la tienda de aplicaciones y con un celular puedes reservar y pagar tus vacaciones, pero el Tinder-surfing va más allá. ¿Qué tal te caería conocer todo Europa sin gastar un solo centavo de hospedaje?

Aunque parezca utópico, Anthony Botta, un joven de 25 años de origen belga, viajó durante dos meses por todo Europa sin gastar nada de dinero es hoteles ni hostales.

Él bautizó esa técnica como “Tinder-Surfing”, ya que usó esa aplicación para conocer a personas de distintas latitudes, para después viajar a conocerlas y quedarse unos días en los hogares de sus hospitalarias conquistas.

Para poder lograr ese sistema, utilizó la versión “plus” de la aplicación; a cambio de un módico pago mensual, Tinder permite hacer “match” con personas que se encuentren en cualquier parte del mundo.

Botta decidía el destino, configuraba la aplicación y comenzaba a buscar mujeres que se interesaran en él. Cuando encontraba coincidencias, él les era sincero y les explicaba lo que estaba haciendo.

Después de presentarse, les preguntaba: “¿quieres ser mi anfitriona?”.

Algunas le contestaban que eso no era lo que buscaban, pero otras accedían. Dependiendo de la química que hubiera entre ambos, era el tiempo de hospedaje.

Con algunas sólo se quedaba una noche y con otras se quedaba toda la semana.

Cuando después de conocerse no existía atracción mutua ni consenso, la cita no llegaba al siguiente nivel, pero siempre permanecía el espíritu de la anfitriona que le permitía pasar la noche en el sofá.

Hasta la fecha, Anthony Botta ya visitó 20 ciudades en ocho países diferentes: Bélgica, Holanda, Alemania, Austria, Eslovaquia, Hungría, República Checa y Polonia, todo gracias a 21 “matchs” que accedieron a ser sus anfitrionas.