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Cine

Sobrevivir al destino

Hidalgo Neira

Dos haitianos llegan a Tijuana con la esperanza de obtener refugio en Estados Unidos, pero se encuentran con una frontera cerrada y gobiernos que no resuelven su situación migrante; esa es la realidad de Chèche lavi, documental que busca hacer visible un problema real y actual


Mar 20, 2019
Lectura 5 min
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En un presente turbulento, en el que las caravanas de migrantes siguen llegando a la frontera entre México y Estados Unidos, con la esperanza de ingresar al país norteamericano, hay más incertidumbre que una real oportunidad para los indocumentados de lograr un mejor futuro.

Hace dos años, una crisis similar azotó a la ciudad de Tijuana, en la que más de 10 mil haitianos arribaron desde Brasil, donde después de trabajar en las labores de construcción con motivo del mundial de futbol, escucharon el rumor de que la Unión Americana estaba otorgando asilo a quienes llegaran hasta sus tierras.

El cotilleo sólo terminó siendo eso, una historia sin fundamento que resultó mentira, y los caribeños fueron recibidos con las puertas cerradas de Estados Unidos. México tuvo que lidiar con las personas que, incluso, llegaron a dormir en las calles de Tijuana, aguardando una apertura fronteriza que nunca se dio.

De esta multitud, Laureus “Robens” Gasgasha y James “James” Dorcelus, dos amigos que iniciaron su viaje desde Sudamérica hasta la ciudad fronteriza mexicana, ven frustrado su futuro, y el camino de ambos se divide entre la opacidad de una legislación que les auxilie a resolver su condición migrante

Esto es lo que narra el documental Chèche lavi, ópera prima de Sam Ellison y que actualmente compite por el Premio Mezcal en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, en su trigésima cuarta edición.

Al vivir cerca de la frontera del lado estadounidense, Ellison se sintió comprometido con esta historia y decidió aventurarse a Tijuana, donde conoció a James y Robens. “Me sentía obligado a ir y hacer una película de esta situación, rápidamente me di cuenta que para contar esa historia necesitaría ensamblar un equipo pequeño que pudiera desplazarse para realizar la cinta”, comenta Ellison, en entrevista con Reporte Índigo.

Chèche lavi es una frase en criollo haitiano que significa “buscando una vida” y es usada coloquialmente para describir la experiencia de migración y la búsqueda de mejores condiciones. El documental seguirá el circuito de festivales internacionales durante todo el año y tentativamente tendrá su estreno en México en el último trimestre de 2019

El muro del lenguaje

Cuando Ellison llega a Tijuana, a lo primero que se enfrenta es a la barrera del idioma, ya que él sólo habla inglés, por lo que uno de los productores lo ayuda a comunicarse con Robens y James; sin embargo, Abraham Ávila, otro de los productores, comenta que al principio fue más un trabajo de observación que de registro de imagen.

“Digamos que fue casi un trabajo como semi-antropológico en un momento, primero fue toparnos con el lenguaje y obviamente con eso viene la diferencia cultural; también era tratar de generar una relación de confianza con las personas que participan en el documental”

- Abraham Ávila

Productor de Chèche lavi

A cuadro, James y Robens hablan la mayor parte del tiempo en criollo haitiano y francés, por lo que cuando intentan comunicarse con los residentes del norte de México, su español es torpe y poco entendible, lo cual va mejorando conforme van hablando.

La evolución del corto

Originalmente Chèche lavi era un proyecto de tesis de la maestría de Ellison, el cual sería un cortometraje documental, pero Ávila se dio cuenta que tenía el potencial para ser un largometraje y se decidió expandirlo.

“Esa película larga iba a tener las emociones que necesitábamos que tuviera y como queríamos que se transmitieran (…), prácticamente la película costó un poco más de 100 mil dólares”, argumenta el productor mexicano.

100 mil dólares fue lo que costó el documental

Aunque la cinta tiene una duración de apenas 75 minutos, el cineasta cree que este tiempo es el indicado, ya que no pretendía hacer un filme que cansara al espectador, sino que fuera una voz poética para causar reflexión con sus personajes.

75 minutos dura el filme

“Esta película es acerca de la paciencia, de sólo esperar y estar ahí con estos personajes y su tensión en esta pequeña tormenta; ese es el enfoque esencial del filme”, comenta Ellison.

EU y México, sin políticas migratorias

Para Sam Ellison, el mensaje de su cinta es único y directo, hacerles frente a México y a la Unión Americana de que sus legislaciones no contemplan a la figura de los indocumentados, y que se tiene que hacer algo cuanto antes.

“Creo que ni el gobierno mexicano o el estadounidense tienen políticas que realmente se preocupen por estas personas que están atorados ahí, hay que pensar en la migración y en los números, la cinta muestra que debemos dejar de ser sensacionalistas y pensar en cómo dichas situaciones afectan a las vidas reales. No podría decir más fuertemente lo desagradable que es la administración de (el presidente Donald) Trump. Algo necesita cambiar”, precisa el realizador radicado en Nueva York.

Tanto Ellison como Ávila comparten que el espíritu de su documental era mostrar a un “sin papeles”, una persona indocumentada, con el poder de decisión de quedarse o irse del destino en el que le tocó vivir, luchar contra la resignación y no ser una víctima de las políticas, sin importar el país que esté transitando.


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