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Si no te quieres divorciar…

Rolando Hinojosa

No es ningún secreto que en las últimas décadas, en México como en el resto de Norteamérica, el divorcio ha ido a la alza al mismo tiempo que el matrimonio ha estado en declive.

Información del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) muestra que entre 1994 y 2013 la frecuencia anual de divorcios en México se incrementó en un 210 por ciento. 

Este incremento significativamente alto destaca particularmente al considerar que en el mismo periodo la población mexicana creció solo 30 por ciento, aproximadamente.


Nov 3, 2015
Lectura 4 min

18.6 /100 matrimonios la proporción que ocuparon los divorcios dentro de los matrimonios mexicanos en 2013, según reporta el INEGI

Indicadores sugieren que las personas con mayores ingresos tienen mayores probabilidades de éxito matrimonial

"Nuestro estudio  provee poca evidencia que apoye la validez del mensaje general de la industria nupcial que conecta a las bodas caras con resultados maritales positivos"

- Andrew M. Francis y Hugo M. Mialon

Investigadores de la Universidad Emory

No es ningún secreto que en las últimas décadas, en México como en el resto de Norteamérica, el divorcio ha ido a la alza al mismo tiempo que el matrimonio ha estado en declive.

Información del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) muestra que entre 1994 y 2013 la frecuencia anual de divorcios en México se incrementó en un 210 por ciento. 

Este incremento significativamente alto destaca particularmente al considerar que en el mismo periodo la población mexicana creció solo 30 por ciento, aproximadamente.

El incremento de frecuencia de los divorcios se vuelve aún más significativo si se considera que durante el mismo periodo la frecuencia anual matrimonios no solo no creció, sino que de hecho retrocedió en más de 13 por ciento. 

Como consecuencia, mientras que en 1994 solo 5.2 de cada 100 matrimonios terminaban en divorcio, para el 2013 esta proporción se había incrementado hasta 18.6 de cada 100 – un crecimiento de más de 257 por ciento.

Con estas sobrias estadísticas en su contra, se entiende que cualquier matrimonio se arme de cualquier herramienta o estrategia disponible para minimizar dentro de lo posible la probabilidad de un divorcio.

Es por esto que, aunque la correlación no es lo mismo que la causación, una investigación realizada por la Universidad Emory aporta información valiosa para aquellas parejas que quieran evitar las características más asociadas con un incremento en sus probabilidades de un divorcio.

Estrategia anti-divorcio

El estudio, conducido por Andrew M. Francis y Hugo M. Mialon del Departamento de Economía de la Universidad Emory, analizó las características de 3 mil matrimonios para encontrar qué factores pueden predecir un divorcio.

En su reporte titulado “‘Un diamante es para siempre’ y otros cuentos de hadas”, Francis y Mialon indican que desde el tiempo de duración antes del compromiso matrimonial y el dinero gastado en el anillo de compromiso hasta el tamaño (y costo) de la boda y el tener o no luna de miel son factores asociados con grandes diferencias en la probabilidades de divorcio.

Para quien no desee divorciarse, los consejos parecen ser los siguientes: mantener una relación con la pareja por tres años o más antes de comprometerse, no gastar tanto ni en el anillo ni en la fiesta (pero, contra intuitivamente, mantener una larga lista de invitados), y definitivamente optar por la luna de miel.

La investigación muestra que quienes gastan entre 2 mil y 4 mil dólares en un anillo tienen probabilidades 1.3 veces mayores de un divorcio que quienes gastaron el equivalente de entre 500 y 2 mil dólares.

Similarmente, en comparación con quienes gastan entre 5 y 10 mil dólares en su boda, las parejas que gastan más de 20 mil dólares en su fiesta matrimonial enfrentan una probabilidad 46 por ciento más alta de divorcio.

Más vale planear

La revista The Atlantic interpretó parte de los resultados de Francis y Mialon diciendo que “un matrimonio fuerte, en otras palabras, es uno intencional”, enfocándose en el nivel de planeación matrimonial implícito en la mayor tasa de éxito de las parejas con más tiempo de relación previa al compromiso.

Adicionalmente, las mejores probabilidades asociadas con una boda de mayor tamaño parecen subrayar la importancia del apoyo (o quizá presión) familiar en la longevidad de un matrimonio (ya que una boda más grande tiende a sugerir una familia de mayor tamaño y presencia).

Sin embargo, en contraste con los investigadores, The Atlantic destaca que ciertos indicadores sugieren que las personas con mayores ingresos tienen mayores probabilidades de éxito matrimonial.

Esta conclusión proviene de las menores probabilidades de divorcio que tienen las parejas que reciben más ingresos económicos, las cuales intuitivamente provienen de las menores preocupaciones y conflictos que esto conlleva. 

De igual forma, es más fácil para una pareja con más ingresos planear las cosas con mayor antelación y sostener un noviazgo longevo.

Sin embargo, de nuevo de forma contra intuitiva, las personas que asignan una mayor prioridad a los ingresos de su pareja o a su atractivo físico tienen probabilidades significativamente mayores de divorcio.


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