Un sismo de magnitud 7.1 sacudió el martes a México, el movimiento telúrico se sintió en la mitad del país y aunque afortunadamente no causó mayores daños, muchas personas compararon el evento con lo que ocurrió hace 4 años.

Y es que el 7 de septiembre de 2017, México también experimentó un sismo de magnitud 8.2, que dejó varias personas fallecidas y afectaciones, sobre todo en el estado de Chiapas, donde fue el epicentro.

Y eso no es todo, los sismos más fuertes de los que se tiene registro en el país en los últimos años ocurrieron el 19 de septiembre de 1985 y 2017, respectivamente.

Debido a que estos eventos han ocurrido en septiembre, muchas personas creen que existe algo que denominan: “temporada de sismos”.

Al respecto, investigadores del Departamento de Sismología del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM señalan que es un mito que exista una “temporada de sismos”.

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“En el mes de septiembre surgen creencias, mitos de que hay épocas para que ocurran los temblores, así como las hay para las lluvias. Hay que dejar claro que los sismos se originan al interior de la tierra y nada tienen que ver con fenómenos atmosféricos. Los sismos ocurren a lo largo del año y hay que estar preparados”, afirmó Luis Quintanar Robles, investigador del Departamento de Sismología del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM.

Hay más estaciones de monitoreo

El académico remarcó que no ocurren más sismos en la Ciudad de México, sino que al haber más estaciones de monitoreo, se detectan en mayor medida.

En el caso del Valle de México, expuso, se cuenta con una red con 30 estaciones que detecta los movimientos que aquí se originan.

El experto de la UNAM acotó que la extracción de agua en el Valle de México puede ser un factor concurrente a la actividad sísmica, pero no es el principal.

De esta forma, Quintanar Robles llamó a la población a estar conscientes de que vivimos en un país sísmico y que no va a dejar de temblar.

“Los habitantes de la Ciudad de México deben considerar que los temblores ocurridos fuera del Valle de México tienen la capacidad de inducir sismicidad en nuestra urbe, adicional a la que se origina aquí mismo”. Por ello, es necesario revisar las construcciones y reforzarlas para evitar posibles colapsos futuros.

Mientras no podamos predecir los sismos, “lo que nos queda es mitigar los posibles daños, haciendo caso a las autoridades, realizar simulacros y tomar estos fenómenos en su punto cabal”, concluyó.