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Robert Rodriguez: cine fronterizo sin límites

Hidalgo Neira

Interesado desde los 11 años en el cine viendo películas como “Escape de Nueva York” de John Carpenter, Robert Anthony Rodriguez supo que haría cine el resto de su vida.

Nacido de padres mexicanos de una camada de 10 hermanos, la familia Rodriguez solía pasar las tardes de los fines de semana en el Olmos Theatre Movie House de San Antonio, Texas, donde veían cine clásico, desde Sergio Leone hasta Charlie Chaplin.


Nov 5, 2014
Lectura 8 min

"Todos tus sueños se pueden hacer realidad. No es algo fácil pero tampoco es imposible"

- Robert Rodriguez

Cineasta

Interesado desde los 11 años en el cine viendo películas como “Escape de Nueva York” de John Carpenter, Robert Anthony Rodriguez supo que haría cine el resto de su vida.

Nacido de padres mexicanos de una camada de 10 hermanos, la familia Rodriguez solía pasar las tardes de los fines de semana en el Olmos Theatre Movie House de San Antonio, Texas, donde veían cine clásico, desde Sergio Leone hasta Charlie Chaplin.

Contando con una familia numerosa, el joven Robert hizo cortometrajes de todo tipo de géneros: Ciencia ficción, horror, acción y animación stop-motion en los cuales usó a sus hermanos como protagonistas y asistentes de producción. Estos primeros proyectos los realizó con una cámara 8mm que encontró en la casa de sus padres.

Gracias a que su padre llevó a casa una videocasetera –la cual era una novedad en tecnología de punta en la época– junto con una cámara de video que venía de regalo, Rodriguez comenzó un emporio juvenil en cinta que no tuvo marcha atrás. Hizo películas con sus amigos e inclusive empezó a ganar premios en festivales amateurs de la localidad. También creó un cómic llamado ‘Los hooligans’.

Rozando en la locura, se ofreció como conejillo de indias a la ciencia pensando a futuro, con el dinero que llegara a ganar haría su primer largometraje.  Con 7 mil dólares en la mano después de su aventura en el campo científico se lanzó a hacer “El mariachi” en 1992, junto con la ayuda de su amigo Carlos Gallardo quien también financió parte de la película y actuó como el protagonista.

Inicialmente Rodriguez pensaba vender la película como un video home para el público latino, pero todo dio un giro de 360 grados cuando la cinta se proyectó en el Festival de Sundance, en 1993, donde ganó el Audience Award, fue un éxito rotundo y el cineasta firmó un contrato de distribución con Columbia Pictures.

Aunque parece un camino fácil, el realizador tejano sorteó varias peripecias para producir su ópera prima: No se contrató personal técnico, los actores que no estaban a cuadro ayudaban en la producción, se filmó sin audio ambiente, postproduciendo y doblándolo todo en estudio, estas y más anécdotas el cineasta las recopiló en un libro que publicó en 1995 bajo el título “Rebel without a crew”. 

En ese mismo año lanzó “Pistolero”, continuación inmediata de “El mariachi”, pero sin Carlos Gallardo en el estelar, pero sí como coproductor. Antonio Banderas sustituyó el papel del Mariachi y Salma Hayek fue coestelar del español. A partir de ahí Rodriguez abrió camino llano en Hollywood.

Tarantino y Rodriguez: una amistad unida por la violencia

Mientras Quentin Tarantino promocionaba “Perros de reserva”, Robert Rodriguez hacía lo mismo para “El mariachi” en el Festival Internacional de Cine de Toronto en 1992, ahí nació una amistad que tuvo en común el explotar la sangre, los golpes y la violencia gráfica en las películas.

Ambos compartieron sus respectivos guiones y storyboards de sus proyectos a futuro y desde entonces han colaborado de manera estrecha. Inclusive Rodriguez filmó escenas para “Tiempos violentos” sin crédito en la cinta.

Los cameos de Tarantino y papeles estelares en las cintas de Rodriguez son casi una broma personal de ambos cineastas, y sus colaboraciones frecuentes son un sello para sus seguidores de culto.

Esta amistad creó un tributo sin precedentes: El proyecto “Grindhouse”, el cual eran dos cintas –una filmada por Rodriguez y otra por Tarantino– bajo una exhibición. “Planeta del terror” y “A prueba de muerte” son un homenaje al cine de clase B. En Estados Unidos hay establecimientos para este tipo de cine, y al pagar el boleto se tiene derecho a ver dos películas por el mismo precio,  y así los cineastas lanzaron a las marquesinas sus filmes.

Robert todo en uno

Desde la realización de “El mariachi”, Rodriguez fue un realizador multifacético que sorteó todos los escenarios de la producción: operador de cámara, editor de música, efectos especiales, sonidista y la lista continúa.

Fundó su casa productora con la realización de su opera prima Los Hooligans Productions, la cual renombró a partir del año 2000 a Troublemaker Studios.

Bajo este sello ha producido, escrito y dirigido éxitos como “Del crepúsculo al amanecer” (1996), la trilogía de “Spy kids”, “Las aventuras del niño tiburón y la niña de fuego” (2005), “Depredadores” (2010), “Machete” (2010), entre otras.

Haciendo la postproducción de la primer cinta de “Spy kids” en el 2001, George Lucas le presentó en el Skywalker Ranch a Robert Rodriguez sus nuevos “juguetes” con los que había estado trabajando; las cámaras CineAlta que Sony le fabricó al mismo Lucas para hacer la trilogía de precuelas de “La guerra de las galaxias”.

Rodriguez quedó asombrado y desde entonces se “convirtió” al cine digital, herramienta que le fue imprescindible para el resto de sus producciones.

Miller y Rodriguez: la revolución del ‘pecado’

El artista gráfico Frank Miller estaba renuente a que sus historietas se adaptaran al cine después del mal sabor de boca que le dejó trabajar como guionista en Hollywood. Sin embargo Robert Rodriguez estaba aferrado a hacer una versión cinematográfica de una de las más icónicas novelas gráficas de Miller, “La ciudad del pecado” –“Sin city”, en inglés– por lo que el cineasta reclutó a los actores Josh Hartnett y Marley Shelton para grabar un fragmento y probarle a Miller el resultado que podría adaptar el cómic.

Miller quedó tan complacido que inmediatamente dio su visto bueno para la realización de la cinta que ambos terminaron dirigiendo, de hecho esta secuencia fue la carta de presentación para reclutar a varios talentos hollywoodenses como Elijah Wood, Clive Owen, Jessica Alba, Brittany Murphy, Benicio del Toro, Bruce Willis, entre otros.

La película fue casi grabada en su totalidad con el uso de pantallas verdes, haciendo en postproducción la mayor parte del trabajo, teniendo como resultado altos contrastes entre blanco y negro, el color en algunos objetos, ojos, autos o sangre para resaltar el claro tributo al género film noir de la década de 1940 y respetando la novela gráfica de Miller.

La música de la cinta fue compuesta por el mismo Rodriguez en conjunto con John Debney y Graeme Revell. La cinta al estar principalmente dividida en tres historias hizo que cada compositor se evocara a componer una historia en particular. El realizador decidió incluir “Sensemayá” del compositor mexicano Silvestre Revueltas, para una secuencia casi al final del filme.

Realizada con 40 millones de dólares (mdd) –presupuesto alto para los estándares de Rodriguez– la cinta recabó más de  150 mdd en taquilla, a nivel mundial. 

‘Sin city 2’: una franquicia que se enfrió

Casi a una década de distancia, Robert Rodriguez y Frank Miller vuelven a la ciudad del pecado para presentar “Una dama por la cual mataría”, cinta que presenta la historia homónima de la novela gráfica, más dos historias inéditas sin publicar y la historia corta “Just another saturday night”.

El contenido gráfico es audaz de nueva cuenta, ya que utilizan el mismo recurso del estilo noir en blanco y negro con altos contrastes en colores distintivos. 

Pero aunque se proponen tratamientos visuales innovadores, tratan de copiar la originalidad con la que fue realizada la primera parte. 

En el caso del reparto de nuevo es nutrido con cameos y apariciones especiales como Ray Liotta, Christopher Lloyd, Lady Gaga, etc. Pero parecen más un pretexto por salir a cuadro que aportar algo a la historia.

El dejar pasar los años también cobró sus estragos en la producción, actores como Michael Clarke Duncan y Brittany Murphy fallecieron. Dennis Haysbert reemplazó a Duncan en el papel de Manute. Debido al embarazo de Devon Aoki tuvo que seder su personaje de Miho a la actriz Jamie Chung. 

Aunado a que la primera cinta tuvo a tres compositores en su soundtrack –John Debney, Graeme Revell y el mismo Rodríguez– la potencia musical para este filme decayó solo teniendo de vuelta al cineasta/compositor y a Carl Thiel. Se siente la ausencia de tracks que le den un leitmotiv a los personajes.

A pesar de que vemos a cuadro a nuestros antihéroes favoritos de la primera cinta, se siente un vacío en la producción, algo faltó por cuajar, tal vez Rodriguez y Miller dejaron pasar demasiado tiempo. Si llega a ver una siguiente película para cerrar en trilogía ojalá logren tomar el impulso que los caracterizó al iniciar el primer proyecto en el 2005.


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