La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se convirtió en el primer socio internacional que colaborará con el Observatorio Nacional de Radioastronomía de Estados Unidos (NRAO, por sus siglas en inglés) en el desarrollo del radiotelescopio más potente del mundo, el cual se prevé empiece a funcionar científicamente antes de 2035.

Actualmente el proyecto está en las etapas de definición y diseño, sin embargo, de acuerdo con el convenio de colaboración firmado entre Enrique Graue, rector de la UNAM, y Anthony Beasly, director del NRAO y del proyecto ngVLA (next generation Very Large Array), la participación será para planear y definir la ubicación de las antenas en México, las cuales se podrían ubicar en Chihuahua, Sonora y Coahuila.

Además, el convenio permitirá que científicos del Instituto de Radioastronomía y Astrofísica (IRyA) de la UNAM colaboren con colegas de Estados Unidos en la definición de aspectos técnicos, y que astrónomos de la UNAM tengan acceso a infraestructura de primer nivel en diferentes regiones del espectro y longitudes de onda, pues la colaboración en el ngVLA se suma al trabajo que realizan en el Observatorio Astronómico Nacional San Pedro Mártir, en Baja California; en el HAWC, en Sierra Negra, Puebla, además de que la UNAM es socio en el Gran Telescopio Canarias.

William Lee Alardín, coordinador de la Investigación Científica de la UNAM, explicó que este observatorio estará conformado por más de 240 antenas, distribuidas principalmente en el sur de Estados Unidos –Arizona, Nuevo México y Texas– y algunas en el norte de México.

“Permitirá observar con 10 veces mayor sensibilidad y resolución los objetos en el cielo. El potencial de descubrimiento científico es enorme para una variedad de temas que tienen que ver con exoplanetas, planetas alrededor de otras estrellas, los procesos de formación estelar y de formación y evolución de galaxias, entre otras. Facilitará hacer ciencia de frontera para los próximos 30 años”.

Los objetivos científicos clave del proyecto ngVLA son: revelar la formación de sistemas solares similares al de los seres humanos, tomar muestras de las condiciones iniciales de los sistemas planetarios y de la vida a partir de la astroquímica, trazar el ensamblaje, la estructura y la evolución de las galaxias a lo largo del tiempo cósmico; usar púlsares en el centro galáctico como pruebas fundamentales de gravedad, y comprender la formación y evolución de las estrellas y de agujeros negros supermasivos.

El ngVLA será capaz de medir el movimiento orbital de los planetas y sus características en escalas de tiempo mensuales. Además, develará la formación de sistemas planetarios similares al Sistema Solar, permitirá la identificación de moléculas prebióticas complejas y proporcionará la química de las condiciones iniciales en la formación de planetas a nivel individual.

Las antenas que integran este proyecto acumularán datos en más de 22 mil combinaciones de línea base, lo que significa que podrá enviar 6.4 terabytes de datos por segundo.

Beasley explicó que “ngVLA ayudará a entender cómo las galaxias producen nuevas generaciones de estrellas y permitirá estudiar grandes muestras de nubes moleculares gigantes, así como las propiedades de acreción, cambio de fase, transporte y procesos de expulsión”.

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