“Inevitablemente somos seres de nuestro tiempo”, dice la escritora Rosa Beltrán, quien a partir de esta premisa decidió aventurar al lector a través de seis décadas de acontecimientos históricos con la novela Radicales libres.

Se trata de un relato que vincula a tres generaciones de mujeres a través de los movimientos estudiantiles de 1968, las dictaduras latinoamericanas, la caída del Muro de Berlín y la Guerra Fría, pasando por las utopías socialistas de los años 70, hasta el boom del Internet y las herramientas digitales, sin dejar a un lado la actual pandemia; toda una proeza de hechos que hacen reflexionar, desde una mirada subversiva y feminista, en el país y el mundo a lo largo de este periodo.

“Radicales libres es una historia que ya la había pensado hacía años, pero no sabía cómo escribirla. El relato de tres mujeres que hablara de sus circunstancias particulares frente al marco de la Historia, porque normalmente pensamos que la Historia se da en el vacío de manera abstracta en los libros de texto, pero en realidad es algo que nos está ocurriendo y nosotros estamos inmersos en ella todo el tiempo. Nuestros actos privados y relaciones están siempre marcados, delimitados, dichos y ejecutados desde esa Historia”, explica Beltrán a Reporte índigo.

Beltrán aclara que Radicales libres no es un estudio sociológico ni una novela de tesis, sino de una narrativa desde la que lanza la pregunta “¿Qué nos pasó?” No sólo a nivel global, que nos hizo llegar a la pandemia, si no “¿qué nos pasó en México?”, un país misógino y machista, en el que mueren 11 mujeres cada día.


“Mucho de lo que aprendemos está en esas novelas que nos han marcado, nuestra educación sentimental, nuestro aprendizaje como humanos, pero también aprendizaje como país”

Rosa Beltrán

Novelista y traductora

Radicales Libres, Una narrativa sobre el feminismo

Si bien la también ensayista desde antes de la pandemia se había sumergido en el ejercicio de escritura, fue durante el confinamiento cuando supo cómo dirigirla, bajo una mirada en retrospectiva que la llevó a pensar en todos los hechos que la sociedad fue construyendo, hasta llegar a la actualidad, con el uso de herramientas digitales, las cuales, cree, no bastan, pues hace falta el diálogo frente a frente, el contacto y de la necesidad de hablar del feminismo y las luchas que las mujeres han hecho ya desde muchos años.

“¿Qué nos pasó aquí en México para tener el país que tenemos? La novela es de crecimiento, pero el país ha decrecido, traza la línea contraria, estamos mucho peor en un momento de violencia extrema y en un momento de estrechez narrativa, porque parece que lo único que ocurriera es también la historia que vivimos todos los días y que tiene que ver con la violencia extrema, las desapariciones, la violencia de género”, reitera.

Por ello, la novela está escrita en vocativo, en la que la narradora está contando la historia, un “tú” de la generación de las chicas del movimiento de MeToo. Es un recuento del país que le tocó vivir a Rosa Beltrán, de mujeres a quienes años atrás también les tocó alzar la voz y a las que hace referencia para compartir este diálogo y poder explicarse ese otro país que las tres generaciones comparten.

Además, en el libro se recuerda que el feminismo es un movimiento que surgió desde el siglo XIX con las sufragistas y que cada generación de mujeres ha tenido que luchar de distintas maneras con una visión heteropatriarcal y machista normalizados.

Y así como la protagonista vio a sus 14 años a su madre huir a Guatemala en una motocicleta Harley-Davidson con su vecino: un extravagante pintor y lector de cartas zodiacales. Rosa Beltrán habla de cómo ha evolucionado el feminismo, de sus propias luchas e indaga sobre el discurso de la imagen que se tiene sobre la madre abnegada y de todas las creencias impuestas socialmente de los roles de las mujeres.

“Hay este machismo normalizado que se cita mucho con distintas escenas de cómo se ha lidiado desde el lenguaje, que está en frases como ‘una mujer de cascos ligeros’, ahí hay una marginación de dominio, hasta las fiestas de los años 70, una aparente liberación del cuerpo con los anticonceptivos y la llegada del rock, donde había drogas, se experimentaba con la psicodelia, pero donde esa liberación ocurría solo en una clase social, porque en realidad la otra cara, la del statu quo doméstico era obedeciendo el mismo orden machista”, afirma.

Una doble moral y el rol de la mujer

A través de los ojos de la protagonista, quien desde la adolescencia hasta a su adultez manifiesta cómo también se ha utilizado el cuerpo de las mujeres, “su papel” en la sociedad, hasta abordar temas más actuales, sobre la pandemia y cómo recae sobre ellas lidiar con la educación de sus hijas e hijos, más los nuevos problemas y retos a los que el confinamiento las enfrentó.

Asimismo, se aborda que en el país existe una doble moral, desde el que juzga, hasta el discurso de la pasión amorosa, del romanticismo, de la entrega y pasión desbordada que se refuerza en los medios, pero también el que lleva a la violencia hacia las mujeres.

“El cuerpo de las mujeres siempre es el tema principal de sus vidas, desde que somos niñas nos tratan distinto, cosas que puedes o no hacer, los códigos de vestimenta, pero también esa primera mirada de los hombres cuando te conviertes en adolescente marca tu vida, te hace ver que ya no serás la misma, y aunque como adolescente te veas involucrada en el despertar sexual y enamoramiento es complejo en un país como este”, afirma la experta.

Además, agrega que: “Ahí hay una cosa muy obscura que la novela trata de explicar, ese que en una noche es la pasión de tu vida, al mismo tiempo se convierte en tu victimario y la novela se pregunta ¿por qué? Por qué esas amigas que te rodean y son tus cómplices, te acusan, te revictimizan. Tenemos un machismo que se nos ha inmaculado a nosotras y esta novela también se pregunta sobre eso”.

Rosa Beltrán lanza la insignia “Ni una más”, nunca más un juicio condenatorio a una mujer que utiliza su cuerpo con libertad, un mensaje que se dirige a cualquier género y que espera haga eco y así el libro se dirige a quien tenga que llegar.

“Cuento una historia que no sólo le compete a un tipo de lector, que también los hombres leen con emoción, porque se descubren de un modo que no sabían. Se lee de manera pretenciosa, pero si pensamos que la mayor parte de los libros los han escrito un grupo de hombres, no es sorpresa que cuando se topan con un libro abiertamente escrito desde el cuerpo de una mujer y hablando de qué nos ocurre en las relaciones que sólo habían sido escritas por los hombres, pues sí hay mucho asombro y qué bueno”, revela Rosa Beltrán.

En proceso

Actualmente la escritora está trabajando en otros géneros, como crónicas de pandemia y ensayos.

“Probablemente vuelva a la novela, pero eso tarda porque después de una novela tan absorbente como ésta es exhausto, hay que darle un respiro y dejar que siga su trayecto. Radicales libres ya no es mía, es de los lectores”, declara Beltrán.

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