"Al coserme la boca, mostré la situación del artista contemporáneo en Rusia, viviendo en un ambiente donde hay una prohibición de lo público, el endurecimiento de la censura y la represión de manifestaciones públicas en el arte contemporáneo”

Petr Pavlensky

Artista de performance en apoyo a Pussy Riot frente a la Catedral de Nuestra Señora de Kazán, en San Petersburgo

Pussy Riot no es una banda de punk o Riot Grrrl, el movimiento musical feminista que tuvo auge en los 90, notablemente bajo el liderazgo de Kathleen Hanna en bandas como Bikini Kill y Le Tigre.  

No buscan hacerse publicidad desde Rusia… o por lo menos no desde el punto de vista “musical”. Ni siquiera tienen “integrantes” con roles definidos como en una agrupación musical (voz, batería, bajo, guitarra). Tampoco dan conciertos, mucho menos salen de gira. Ni pensar en demos grabados.  

No, Pussy Riot no es una banda de música punk: ellas son el punk, o “(…) la norma por la que el punk está establecido #FreePussyRiot” como dijo Damian Abraham en Twitter, el líder de la banda de hardcore punk Fucked Up, ganadores en 2009 del Polaris Music Prize por el mejor álbum de música canadiense. 

En tan solo unos meses, pasaron del completo anonimato a ser apoyadas por Sting, Peter Gabriel, Red Hot Chili Peppers, Franz Ferdinand, Faith No More y la lista sigue creciendo entre artistas y organismos que defienden derechos humanos… y no es para menos: tres de ellas están bajo arresto, son prisioneras de conciencia –como las ha catalogado Amnistía Internacional– y podrían enfrentar hasta siete años de cárcel. 

¿El delito? Tratar de sacudir la conciencia de los rusos a base de arte performance y una actitud punk, irreverente, contestataria (incluso grosera). Aunque un cambio de conciencia de esta magnitud no se logra a base de guitarrazos, la música punk parece la manera correcta de encaminar este gigante esfuerzo. 

Si en Rusia ya se vivió una era de reestructuración del sistema político y económico soviético bajo la Perestroika, la irrupción feminista de Pussy Riot representa una Punkstroika: a la inversa de la etimología original (pere “re” y stroika “edificar, construir”), la punkstroika busca derrumbar, destruir (punk tiene connotaciones tan negativas como “prostituta”, “inferior, malo”, o algo “sin valor”, de ahí que los punks hayan iniciado como una subcultura de “inadaptados”).

Pussy Riot es más que una banda de punk, es un colectivo de mujeres –educadas, clase media– que adquieren “súper poderes” libertarios al colocarse un colorido pasamontañas. 

“Es como Batman: siempre lo traes contigo (el pasamontañas), por si acaso”, le dice Squirrel (Ardilla) a una reportera del diario The Guardian en una entrevista recientemente publicada en su edición dominical The Observer. Las Pussy Riot que están en libertad se mantienen en el anonimato y usan apodos como Sparrow (Gorrión), Balaclava (Pasamontañas) o Squirrel.

La música no es un fin para ellas, sino un medio para lograr un fin ulterior: la transformación de la sociedad rusa. Para lograrlo, se valieron de la filosofía transgresora, contestataria y anti-sistema del punk. Solo necesitaron de pasamontañas, vestidos y leggings de colores vivos, tres acordes de guitarra distorsionada, una caja de ritmos, un pequeño amplificador, actitud punk y una cuenta de YouTube para llamar la atención de los medios (nacionales e internacionales). De paso, enfurecieron a uno de los hombres más poderosos del mundo. 

Para exponer los abusos del “establishment” ruso, el intento de Vladimir Putin de mantener el poder a perpetuidad, la desproporcionada desigualdad que existe con la clase más acaudalada –creada y beneficiada bajo el régimen de Putin– y la descarada influencia de la Iglesia ortodoxa rusa en la política, Pussy Riot planeó una serie de “actos artísticos punk” en lugares públicos, actos que fueron acompañados de canciones rápidas, breves y con letras furiosas que apenas llegan al minuto y medio. 

Los actos fueron videograbados para ser difundidos después –en versiones editadas– en YouTube. El efecto fue viral. 

Un equipo de productores británicos tiene semanas grabando a las Pussy Riot para un próximo documental. Uno de ellos le dijo a la reportera de The Guardian lo siguiente: “Es la historia más increíble. Es tan rock’n’roll. Realmente es punk. Lo que hicieron fue tan impactante como lo que hizo Sex Pistols. A lo mejor más que eso porque fue en contra de un dictador. Es punk en contra de Putin”.

Punk, protesta y prisión

Estos son dos de los performance artísticos que han realizado las Pussy Riot. 

“Putin se meó”

Uno de los videos con más vistas en su cuenta de YouTube es en esta presentación en la Plaza Roja. Pussy Riot grita en la plaza más emblemática de Moscú por la revuelta: 

“Revuelta en Rusia – ¡Existimos! | Revuelta en Rusia – ¡Rebelión! ¡Rebelión! | Llévenlo a las calles, vivan en la Plaza Roja, liberen la ira, de la rabia civil”. 

“Virgen María, quita a Putin”

Dos semanas previo a la elección de marzo, en la que Putin recuperó la presidencia de Rusia, el colectivo irrumpió en la Catedral de Cristo Salvador de Moscú para gritar por espacio de 50 segundos lo que llamaron como una “oración punk”: 

“Virgen María, Madre de Dios, conviértete en feminista / Conviértete en feminista / Virgen María, Madre de Dios, quita a Putin”.

Tres semanas después, tres integrantes de Pussy Riot fueron arbitrariamente detenidas y hasta el día de hoy se encuentran enfrentando un juicio por “hooliganismo” que podría dejarlas con siete años de cárcel. Nadezhda Tolokonnikova (22), Maria Alekhina (24) y Yekaterina Samutsevich (29) pidieron disculpas pero no aceptan los cargos. 

En apoyo, la popular banda estadounidense de punk Anti-Flag, hizo un cover de esta canción y ha pedido la ayuda de sus fans para apoyar la defensa de las Pussy Riot que están encarceladas. 

Amnistía Internacional y otros organismos en defensa de los derechos humanos han condenado el caso, medios internacionales como The Guardian lo han etiquetado de “exagerado y absurdo”. 

El régimen de Putin es hoy cuestionado por la acción irreverente de un grupo de chicas que visten pasamontañas de colores, una afrenta vergonzosa para el poderoso líder. Con esto, Pussy Riot le da vida al punk, no solo con sus canciones, también con su filosofía que combina arte, feminismo, rebeldía y protesta. 

“Kropotkin-Vodka”

Las Pussy Riot irrumpieron en varias tiendas de renombre y restaurantes lujosos en Moscú para gritar: “Que se jodan los machistas, esos conformistas de mierda | Que se jodan los machistas, esos putinistas de mierda”. 

“Muerte a la prisión, Libertad a la protesta”

Después de las protestas por las elecciones de diciembre en 2011, unos 100 manifestantes fueron arrestados y encarcelados en el Centro de Detención No. 1 de Moscú. Pussy Riot llevó su colorida furia al techo de una de las estructuras de este centro para cantarle a los detenidos: “La ciencia alegre de ocupar las plazas de la ciudad | La voluntad de poder de todos, sin líderes malditos | Acción directa – ¡el futuro de la humanidad! | LGBT, feministas, ¡defiendan a la nación!”. 

Voina: arte y protesta

Desde 2006, un colectivo de arte callejero irrumpió mucho antes que lo hiciera Pussy Riot. Se hacen llamar Voina y llamaron la atención internacional al realizar actos artísticos de protesta, bastante provocadoras y explícitos. 

Dos de sus integrantes fueron detenidos después de realizar un acto de protesta en contra de la corrupción. El artista anónimo Banksy emprendió una campaña para juntar fondos y apoyar a los artistas que fueron liberados bajo fianza. 

El Ministerio de Cultura de Rusia le otorgó a Voina en abril de 2011 un reconocimiento de arte “Innovación 2011” por su contribución a las artes visuales modernas, un premio controversial ya que la comunidad artística rusa decidió reconocer a este grupo anti-gobierno. 

Amnistía Internacional, Reporte Rusia 2012

Hubo manifestaciones generalizadas y se detuvo a cientos de manifestantes pacíficos tras los controvertidos resultados electorales de diciembre. 

Durante el año fueron frecuentes las violaciones de la libertad de reunión en el contexto de protestas por motivos políticos, sociales, medioambientales y de otra índole. 

Los medios de comunicación siguieron funcionando en un entorno restrictivo. 

Miembros de minorías religiosas fueron perseguidos, y persistía la preocupación por el uso arbitrario de la legislación contra el extremismo. 

Continuaron las presiones sobre periodistas y defensores y defensoras de los derechos humanos, y no hubo progresos en la mayoría de las investigaciones sobre ataques perpetrados en el pasado. 

Se siguieron recibiendo denuncias de tortura generalizadas a pesar de las reformas superficiales en la policía.

Persistió la inestabilidad en el Cáucaso Septentrional y tanto los grupos armados como las fuerzas de seguridad cometieron graves abusos contra los derechos humanos.