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Prostitución masculina, un modo de vida

Fernanda Muñoz

A través de la serie Plan Corazón, de Netflix, que tiene a un gigoló como protagonista, sociólogos explican este fenómeno que generalmente es asociado con las mujeres


Feb 13, 2019
Lectura 5 min
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Elsa (Zita Hanrot) encontró a su príncipe azul al fin, después de tanto sufrir, esconderse y tartamudear cuando su expareja se presentaba frente a ella. Jules (Marc Ruchmann), quien llegó a su vida como por arte de magia, la llena de alegría y le demuestra que el amor sí existe, o eso es lo que la hace creer.

La prostitución masculina, un acto que regularmente está asociado con las mujeres, se presenta en televisión con la serie francesa Plan Corazón, de Netflix, que narra la historia de una chica a quien sus mejores amigas le contratan en secreto a un hombre para que olvide sus penas. Pero, ¿por qué esta actividad se asociada más al género femenino?

“Social y culturalmente, la prostitución se asocia inmediatamente a la mujer, porque es la que más notoriedad social tiene. Y aunque la masculina es tan antigua como la propia femenina, no tiene ese grado de notoriedad pública”

- Abel Pérez Ruiz ake

Sociólogo de la Facultad de Estudios Superiores Aragón

El catedrático explica que las diferencias y códigos de género que establece la propia sociedad patriarcal, como la nuestra, es la razón principal por la que hay una división evidente en una misma actividad que pueden realizar ambos sexos. “Se van perpetuando ciertos esquemas de creencias, de valores asociados a determinado género”.

Entonces, cuando la sociedad ya tiene delimitadas las actividades que cada rol debería ejercer, el académico asegura que hay muy poco margen para poder distanciarse o establecer algún tipo de modificación en las consciencias sobre lo que implica ser hombre o mujer.

Pérez Ruiz comenta que a pesar de que estamos en una etapa donde ha habido muchos cambios en el sentido del acceso a la información, seguimos manteniendo ciertos códigos tradicionales en cuanto a la forma en cómo apreciamos nuestra sexualidad, y eso, desde luego, restringe las posibilidades de manifestar abiertamente la orientación o preferencia sexual, a riesgo de ser subestimados o estigmatizados.

Para Ramsés Sánchez Zamorano, investigador de Ciencias Sociales de la Universidad La Salle, lo que está pasando es una irrupción entre lo masculino y lo femenino en términos no sólo de poder, de trabajo y de esfuerzo en el círculo social, sino también en aquello que perteneció únicamente a la cultura femenil.

“Lo que creo es que estamos viviendo en un tiempo donde estos límites clasificatorios han perdido fuerza (…) la prostitución masculina puede ser, incluso, la que esté llamando a poner atención a un lugar de empoderamiento, que era el de la mujer”

- Ramsés Sánchez Zamorano

Sociólogo

Las razones de ser gigoló

De acuerdo con la revista colombiana Tendencias & Retos, especializada en Ciencias Sociales, en su ensayo titulado “Prostitución masculina: manifestaciones y características”, la perspectiva de los hombres que ejercen esta actividad no está asociada con las categorías “explotación” y “expresión de poder”, sino que reconoce la decisión voluntaria de asumir este tipo de trabajos.

La publicación señala que la mayoría de los hombres que decidieron realizar esta actividad es por gusto, placer o por la búsqueda de una alternativa económica que supla alguna de sus necesidades

Conforme los episodios de Plan Corazón van avanzando y el espectador va conociendo las debilidades y fortalezas de cada personaje, se descubre que Jules comenzó a vender su cuerpo a mujeres, porque necesitaba el dinero para pagar sus deudas y, primero que nada, hacer que su madre tenga una mejor vida.

“Todo esto lo comenzaste por ella, ¿no te acuerdas?”, le dice Roman (Yvan Naubron) a Jules, su mejor amigo, mientras señala a su madre. Este comentario lo arroja cuando el protagonista descubre que se ha enamorado de Elsa y piensa en dejar de ser un gigoló de las calles de París.

Ramsés Sánchez Zamorano confiesa que una de la ventajas que se podrían rescatar de ser un trabajador sexual, es que quienes se prostituyen entran en estas prácticas en las que no es necesario tener un trabajo fijo, además de que permite cierta movilidad y liberación

Por su parte, el catedrático Abel Pérez indica que aunque la sociedad tiene un adjetivo calificativo para cada persona que ejerce la prostitución, “que generalmente no es muy agradable”, los hombres que la realizan no necesariamente le toman importancia.

El profesor coincide con la publicación colombiana y asegura que los denominados prostitutos o gigolós también realizan estas acciones por el simple hecho del placer, independientemente de su país.

“El uso del cuerpo para obtener un placer sexual es algo que se puede dar tanto aquí como en cualquier otro país del mundo. La satisfacción del placer, a través de un comercio sexual, es un componente indistinto en cualquier Estado, puede cambiar la connotación social o cultural de la forma en cómo ciertas personas recurren a este tipo de servicio, pero en esencia, el uso del cuerpo, la relación de intimidad, es algo independiente de los contextos de los que se habla”, detalla Pérez Ruiz.

Ambos académicos mexicanos sostienen que la prostitución masculina es un tema que necesariamente debe ser atendido por las implicaciones que tiene, no sólo en términos de la cuestión de las identidades de género o sexuales que implica, sino en materia de políticas públicas, pueses algo que se tiene que regular y observar para evitar riesgos de salud a futuro.

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