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“En las sociedades democráticas, la biblioteca es uno de los templos del saber. Un templo, pero no una iglesia”

Sergio Pitol

Escritor

Huérfano desde los cuatro años, su vida se vio confinada a la cama desde pequeño ya que sufrió de paludismo, pero lo que le sacó adelante fue estar rodeado de las grandes plumas universales: Julio Verne, Charles Dickens, Robert Louis Stevenson, eran algunos de sus acompañantes en la inmensa selva de letras en la que se refugiaba.

Vivió al cuidado de su abuela en Veracruz, aunque nació el 18 de marzo de 1933 en Puebla. Se trasladó a Córdoba donde cursó la secundaria y preparatoria, ahí su sed por continuar curtiéndose en los libros siguió con las obras de Franz Kafka, Jorge Luis Borges, William Faulkner y Pablo Neruda.

Se acerca a Alfonso Reyes al llegar a la Ciudad de México en 1950, para tomar algunos de sus cursos mientras estaba en la carrera de Derecho en la UNAM y tres años después a sus 20, se lanzó a viajar, pasando por Cuba, y llegar a Venezuela, en Caracas se codea con los círculos de intelectuales, siendo presentado por Mariano Picón Salas.

A los 23 años ya se encontraba perfilándose en el mundo editorial, empezando como corrector de estilo en la Campaña General de Ediciones, ahí tomó el gusto por el idioma gracias a Aurelio Garzón del Camino, “que él convertía casi en una religión”, pronunció Pitol en su discurso al recibir el Premio Cervantes en 2005.

“Sergio Pitol ha escrito libros iluminadores, eso se sabe; son un testimonio del caos, de sus rituales, su limo, sus grandezas, abyecciones, horrores, excesos y formas de liberación. Son también la crónica de un mundo rocambolesco y lúdico, delirante y macabro”, así lo describía Carlos Monsiváis.

Sus restos serán velados en Xalapa, Veracruz, ciudad donde residía y en la cual pasó sus últimos años luchando contra la enfermedad neurodegenerativa afasia progresiva, la cual le fue arrancando el habla poco a poco.

El escritor además de haber recibido la máxima presea de la lengua castellana también fue galardonado con el premio Xavier Villaurrutia en 1981, el Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura en 1993, el Mazatlán de Literatura en 1997 y el Juan Rulfo en 1999, además de ser elegido miembro de la Academia Mexicana de la Lengua en 1997 y al año siguiente recibió el doctorado Honoris Causa por la UAM.

Vivir de las letras

A Sergio Pitol se le reconoce por haber sido traductor al inicio de su carrera. La realidad es que salió de México y primero emprendió una vida en la que sobrevivía en el extranjero gracias a su dominio del español.

En una entrevista con el lingüista alemán Karl Hölz en 1995, el mexicano precisó que salió del país en 1961 para irse a Europa por primera vez, donde recorrió Inglaterra, Francia, Italia y Suiza.

“Los primeros 11 años los viví en distintos países e hice muchos viajes por otros. En Roma, el primer lugar de estancia dentro de ese largo periplo, me gané la vida como pude, mi ideal era la vida ‘beatnik’; para comer fui mecanógrafo de la filósofa española María Zambrano, quien vivía exiliada en esa ciudad; eventualmente di clases de español a unos jóvenes estudiantes italianos, serví de intérprete algunas veces a los turistas mexicanos que viajaban por Italia”, recordó el escritor en la conversación con Hölz.

En Varsovia aprendió el polaco y tras dominarlo tradujo literatura al español para editoriales mexicanas, argentinas y españolas, después vendría su faceta como diplomático y consejero cultural.

Escribiendo desde el exterior

“Sergio animaba la vida cultural barcelonesa con su pasión literaria, su pasión por charlar de sus autores favoritos: recuerdo su adoración por Joseph Conrad (…) y así, tantos disfrutamos, aparte de su sentido del humor, a menudo inusitado y disparatado, de su profunda cultura. Sergio Pitol pertenece a esa raza de mexicanos que lo han leído todo, que nos dejaban apabullados”, escribió en el 2000 Jorge Herralde, su editor y amigo.

Después de años de redactar libros de cuentos, en 1972 al fin publica su primera novela “El tañido de una flauta”, precisamente en Barcelona, donde también lleva amistad con Félix de Azúa y colabora en la recién fundada Tusquets Editores en 1969.


“La palabra libro está muy cercana a la palabra libre; sólo la letra final las distancia: la o de libro y la e de libre”

Sergio Pitol

Escritor

“Toda mi obra narrativa (…) fue escrita durante los años en que mi condición fue la de extranjero en los varios países por los que fui transitando, y al mismo tiempo la de casi extranjero en mi propio país. Ese hecho real, mi extranjería, define de alguna manera mi estilo y mi temática”, argumentó Pitol en la entrevista.

Años de incertidumbre

Los últimos años de Pitol no fueron los mejores en su vida personal, la incertidumbre rodea lo que ocurrió, ya que el hombre estuvo viviendo bajo la tutela del Estado mexicano.

El DIF entregó el cuidado a sus familiares, Laura y Luis Deméneghi, sobrina y primo respectivamente, quienes restringieron los horarios de visita justificando que el interrumpir su rutina diaria le alteraba por completo.

De la medalla que Pitol recibió del Premio Cervantes, nadie sabe su paradero y su sobrina aseguró al diario El País en julio pasado que Pitol apenas podía pronunciar sí o no y que a ella le reconocía por que la veía a diario.

Desde el año 2016 según un artículo de El Financiero, la familiar aseguró que su tío ya no estaba en condiciones de la convivencia social o de asistir a eventos públicos.

En noviembre pasado apareció una misiva firmada por más de 160 escritores entre los que destacan Juan Villoro, Elena Poniatowska, Margo Glantz y más, donde especificaban que se exigía respeto a la imagen y trayectoria de Pitol, “así como del estado legal y de salud que interesa al escritor”.

Recitando de viva voz

La UNAM cuenta en su acervo con una descarga gratuita, la lectura del cuento “Nocturno de Bujara” leído por el mismo Pitol, las grabaciones se hicieron en 2003 y constan de cinco partes, las cuales pueden ser escuchadas en descargacultura.unam.mx, siendo parte de la colección Viva Voz de México de la Dirección de Literatura de la Máxima Casa de Estudios.

Las obras imprescindibles

No hay tal lugar (1967)

Nocturno de Bujara (1981)

El tañido de una flauta (1988)

Domar a la divina garza (1988)

El arte de la fuga (1996)

El viaje (2000)

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